APARECEN LAS
ARMAS DE DESTRUCCIÓN MASIVA EN IRAK
A los
detractores del presidente Bush quien lo acusan falsamente de haber mentido
respecto de la presencia de armas químicas de destrucción masiva en Irak,
queremos decirles que son unos mentirosos o cuanto menos unos desinformados.
Las mismas acaban de ser descubiertas y, sea los marines norteamericanos como
los irakíes de la localidad de Falluja, son testimonios irrebatible de ello.
Ha manifestado al respecto Jeff Englehart,
ex marine y partícipe del asedio de Falluja del cual se acaba de cumplir el
primer aniversario. “En Falluja he visto cuerpos incinerados de mujeres y
niños. El fósforo blanco explota bajo la forma de una nube. Todo aquel que se
encuentre en un radio de 150 metros de extensión no tiene vía de escape” (Puede
verse en su página personal de internet www.ftssoldier.blogspot.com).
El empleo del fósforo blanco en Falluja
fue confirmado por el Pentágono el 27 de enero de 2005. Periodistas de
distintos medios vieron aquellas nubes blancas que, tal como relatara una
fotógrafa del New York Times, “hacían correr el riesgo de afectar a los
mismos marines”. “Sirven tan sólo para iluminar las posiciones enemigas”,
explicó con una mezcla de candidez y cinismo el ministro de Defensa tratando de
justificar su empleo. Sin embargo un proyectil de “withe phosphorus”
serviría para iluminar un kilómetro cuadrado durante dos minutos con una
potencia de ¡un millón de velas!. En contacto con la carne el Willy Pete
(tal es como se lo denomina en razón de sus iniciales) es literalmente
devastador: “Quema los cuerpos, nos cuenta el marine Jeff, los disuelve hasta
los mismos huesos, dejando intactas las vestimentas”. “Es un arma que en todo
caso puede ser usada en un campo de batalla, pero nunca en una ciudad habitada,
como en el caso de Falluja”.
Cuando se produjo el ataque
norteamericano, Falluja se encontraba sumamente poblada. No todos los civiles
cumplieron con la orden de evacuación que llegó prácticamente en vísperas del
bombardeo en razón de no querer avisar a los “terroristas”. Los
norteamericanos, al reportar las bajas, nunca hablaron de víctimas civiles,
sino de “1.600 combatientes enemigos muertos y de 51 soldados de USA”.
Organizaciones no gubernamentales en cambio han hablado de más de 800 muertos
tan sólo entre mujeres y niños. Ello es una prueba contundente de que Estados
Unidos ha usado el fósforo blanco no tan sólo para iluminar la ciudad, sino
para destruirla.
El biólogo Mohammed Tareq al Deraji,
director del Centro de Estudios para los derechos humanos de Falluja, denuncia
el uso del fósforo blanco al cual los técnicos yanquis bautizan
eufemísticamente como “arma incendiaria” y no como arma química como
realmente corresponde. Al Dareji es la misma persona que luego de la masacre de
Falluja difundió por el mundo entero videos y fotos de 400 cadáveres calcinados
como resultante de la “victoriosa” ofensiva.
Es de destacar que el fósforo
blanco fue probado también en contra de civiles de El Salvador en el año 1985.
Pero antes de ello el primer antecedente se lo tuvo en 1945 cuando cincuenta
mil habitantes de Hamburgo murieron calcinados por tal sustancia incolora que
tiene olor a ajo. De acuerdo a los pocos testimonios de sobrevivientes la misma
se deposita en la piel y no sale de ninguna manera. Los habitantes de Hamburgo
tras el bombardeo buscaron refugio en los lagos, pero cuando salieron del agua,
en contacto con el oxígeno el fósforo vuelve a quemar, a desintegrarlos. Aunque
Falluja carezca de lagos la pregunta que nos formulamos es ¿cuántos irakíes han
muerto de la misma manera víctimas de las armas de destrucción masiva
utilizadas por los Estados Unidos, muy similares en su intencionalidad a las
“bombas de la paz” o “de la democracia” utilizadas en Hiroshima y Nagasacki?
(Texto extractado del Corriere de
la Sera de Milán del 8-11-05)