A propósito de unas falsas
imputaciones dirigidas a Walter Beveraggi Allende
ACTUALIDAD Y VIGENCIA DEL PLAN
ANDINIA
Existen ciertos temas que, a pesar de ser
siempre actuales y vigentes, y en tanto los damos como supuestos en
nuestra vida cotidiana, debe ser nuestro enemigo el que nos los haga recordar
y, cuando nos vemos obligados a hacerlo, ello nos permite también refrescarlos
y actualizarlos.
Hace unos días nos enteramos por la
revista Noticias que el medio gráfico fundado y dirigido por el
delegado sudamericano del Centro Simon Wiesenthal, Página 12, a través
de un periodista especializado en temas nazis en la Argentina, de nombre Sergio
Kiernan, había publicado un libro en el cual sistematizaba una idea fija que
viene desarrollando desde hace años y a la que tuvimos que en algún momento
refutar debido a la impertinencia y frivolidad con la cual argumentaba en
nuestra contra desde el medio aludido. Su verdadera obsesión es que la
Argentina está llena de delirantes y paranoicos entre los que incluye
especialmente a los "nazis" que el aludido Centro persigue por el
planeta entero en un verdadero ejercicio de maccartismo por el cual todo aquel
que se preocupa o por el problema judío, o simplemente opina que existen
fuerzas que actúan detrás de los bastidores de la historia, es un nazi
peligrosísimo que debe sin más ser segregado de la comunidad en la que vive.
Del mismo modo en que hace 50 años el senador Mac Carty perseguía a los
sospechosos de comunismo en los EEUU, el Centro Wiesenthal vive obsesionado
buscando a nazis potenciales en el mundo entero, por supuesto que como ya se
les terminaron los "genocidas" de la gran guerra debido al tiempo transcurrido,
ahora le corresponde el turno a aquellos que presentan signos de poder llegar a
serlo en algún momento. Por supuesto que tal organización no dice nada del
nazismo aplicado por el Estado de Israel en contra del pueblo palestino, ni de
sus consuetudinarios asesinatos de "escudos humanos" y de niños
tiradores de piedras y, como es también de imaginar, ello tampoco es
preocupación específica del señor Kiernan.
El título de su obra resulta al
respecto sumamente sugestivo: "Delirios argentinos", seguido
de un subtítulo: Las ideas más extrañas de nuestra política e
integrando a su vez una colección de Editorial Marea que también sugestivamente
se titula: Pasado imperfecto. La obrita, escrita en letra grande y
espaciada en abundancia, pretende abarcar todo el espectro político argentino
de aquello que según el autor sería justamente lo "imperfecto",
"delirante", "paranoico", pretendiendo incluir en la
misma no solamente a las expresiones del peligrosísimo nazismo, entre
quienes por supuesto nos incluye, sino también a exponentes de la extrema
izquierda de las dos vertientes del partido Comunista, la rusófila y la
maoísta, hasta llegar incluso a poner en esta vastísima colección de
personas enfermizas (para él) a la mismísima Lilita Carrió por haber cometido
ella también el "delirio" de haber manifestado que las
multinacionales "vienen por nuestra agua, aire y subsuelo". Pero más
allá de la curiosidad que puede suscitarnos esta extraña lista, lo
realmente peligroso de esta obra son las eventuales soluciones que en el prólogo
de la misma se nos proponen para "normalizar" y sanear a la
Argentina. El prologuista (¿yanqui?) de la obra, Andrew Graham-Yooll, manifesta
que en países normales, lamentablemente el nuestro no lo sería, a
tales delirantes que siempre los hay se los mandaba a colonias de reeducación
para curarlos. Posiblemente haya sido normal la Unión Soviética con sus
clínicas psiquiátricas para "enfermos" que no podían comprender las
bondades del comunismo. Acá en cambio, en tanto nos encontramos con un país
subdesarrollado, nos deberíamos conformar con leer la obra de Kiernan y
"divertirnos un poco" a fin de tomar distancia y segregar a los
"delirantes". En realidad habría que decir que más allá de ciertas
cosas risueñas de las que nos enteramos en tal texto (especialmente las
referidas a la figura del trotskysta Posadas o del maoísta Vargas, o de los
nazis Franze y López Tapia), el conjunto de la obra, en razón de la
mala fe expresa en que incurre el autor, totalmente indocumentado en varios
puntos como veremos, da más ganas de llorar que de otra cosa.
Del vastísimo espectro de autores
pertenecientes a lo que él califica como los "delirantes" antisemitas
en los que se parte de Julián Martel y se termina con Norberto Ceresole, nos
dedicaremos en dos notas separadas a rebatir lo manifestado en relación al
suscripto en segundo término y a quien tuviéramos el sumo honor de conocer en
vida, Walter Beveraggi Allende. Asumimos la defensa de este último
porque, en razón de haber fallecido, no está en condiciones de
defenderse y varias falsedades que sobre el mismo se manifiestan deben ser sin
más refutadas.
Pero antes de comenzar con tal tarea
hagamos una breve referencia a lo que el autor comprende como "salud"
o "normalidad", como lo opuesto a los exponentes del
"delirio", la "locura" y otros epítetos simpáticos que
invita a combatir. Kiernan está convencido de que no existe un
"imperialismo" (posiblemente sea por ello que un yanqui lo prologa) u
otra institución enemiga de la Argentina que conspire en contra de su
progreso. Que el capital extranjero viene a traer bienestar, aunque por
supuesto se lleve también ganancia, lo cual es para él secundario. Que por lo
tanto el enemigo mayor de los argentinos no viene de afuera sino de algunos de
nuestros compatriotas, los ya mencionados "delirantes", es
decir de personas que niegan la realidad y que inventan como
sustituto otra ficticia. Al respecto habría que contestarle que lo que él llama
pomposamente "realidad" es tan sólo su punto de vista personal
que él de manera sumamente dogmática pretende imponer a todos como lo único
verdadero, reputando, en un auténtico acto de terrorismo
intelectual, a quienes niegan sus puntos vista como personas enfermas. En
esto consiste la contradicción principal que hallamos en su obra. Él critica a
los otros lo que realmente practica: sostener en forma totalitaria un punto de
vista y negarles cualquier valor positivo a quienes piensan diferente. Gracias
a Dios que el periodista aludido no integra ninguna cheka, pues de lo
contrario estaríamos obligados a "curarnos" de nuestra enfermedad y a
tener que llegar en forma obligada a compartir su concepto de salud.
Siempre en concordancia con su esquema,
digamos que para Kiernan, el eximio profesor de Economía Política de la
Universidad de Buenos Aires durante 25 años, cuya fundamental obra La
teoría cualitativa de la moneda, fuera traducida a diversos idiomas, don
Walter Beveraggi Allende, es un "mitómano" y enfermo por haber en
1969 difundido un folleto titulado El Plan Andinia, el que según
Kiernan, sería de su autoría, pues se trataría de una falsificación similar a
la efectuada con los Protocolos de los Sabios de Sión, pero referida
en este caso a la República Argentina. Digamos al respecto que atribuirle la
autoría de tal obra a Beveraggi Allende por el solo hecho de haber ayudado a
difundirla es nada más que una conjetura del autor no corroborada con ninguna
prueba al respecto. Nosotros tuvimos ocasión de debatir el tema con el mismo y
podemos atestiguar de acuerdo a sus dichos que tal obra le fue provista por
personas provenientes de la colectividad judía, lo cual también el aludido
menciona. Ahora bien Kiernan se asombra de que ello haya podido ser así. Sin
embargo le puedo asegurar que Beveraggi Allende tuvo como colaboradores
estrechos a muchos miembros de tal colectividad. Por ejemplo cuando la DAIA lo
querelló por difamación, él lo tuvo como abogado defensor al ciudadano de
origen judío Isaac Damski. Además mantuvo una muy estrecha vinculación con un
escritor judío radicado en Córdoba de quien difundió diferentes obras que
denunciaban el accionar del sionismo. Se trata de Zoilo Czysorik, un inmigrante
judío nacido en Polonia, autor de una famosa obra que se titulaba "El
imperio sionista en la Argentina". Por otra parte me consta que ha sido
una práctica de ciudadanos de origen judío denunciar a sus semejantes acudiendo
a publicaciones antisemitas debido a que suponían que las mismas le darían gran
cabida a sus denuncias. Podemos recordar al respecto que en 1984 la revista
Cabildo publicó en exclusividad una denuncia efectuada por personas de origen
judío en contra del rabino Marshall Meyer, integrante de la Conadep, por
corrupción de menores. Pero sin extendernos en este tema queremos regresar a la
cuestión del Plan Andinia. Con Beveraggi Allende comentamos lo relativo a la
autenticidad de dicho texto. Respecto del mismo nos pareció que acontecía algo
parecido a lo sucedido con los famosos Protocolos de los Sabios de
Sión. Era muy probable que se tratase de un plagio y que no fuera cierto
que se hubiese tratado de las actas de una reunión secreta de judíos. En el
caso de esta obra se ha demostrado que fueron una copia de otra editada
previamente en Francia bajo Napoleón III, realizada por un tal Maurice Joly.
Por lo cual es muy factible, como nos recuerda Kiernan, que sea cierto que
algunos integrantes de la policía secreta del zar hayan efectuado tal
falsificación. A este argumento podemos agregar el de René Guénon quien ha
hecho notar que en ningún caso una sociedad secreta lleva las actas de
sus reuniones.
En el caso específico del Plan Andinia
no se ha podido dar con un texto previo del cual se podría haber hecho el
plagio, y achacárselo a Beveraggi en su redacción como hace Kiernan es un acto
de verdadera audacia intelectual. Para nosotros el problema es de otro tipo.
Acá no estamos en el terreno de la literatura en donde se cobran los derechos
de autor. Sea los Protocolos como el Plan Andinia son simplemente planes
de operaciones. Lo que los mismos tienen en común es señalar que los
hechos que se suceden obedecen a directrices especiales y que la
historia no es el producto ni del azar ni de una ley fatal que obligue
a los acontecimientos a producirse de una determinada manera. No es cierto lo
que decía Marx que la revolución sea un hecho necesario, sino que la misma
es generada por la libre voluntad de los hombres. Podrían no haberse
producido ni la Revolución Francesa ni la Rusa. Tuvieron que existir
determinadas personas que la hicieron posible. Por lo tanto, en la medida que
aquí nos hallamos con un plan de combate y de conquista de un Estado carece
totalmente de importancia el llegar a determinar si el que piensa ejecutarlo se
haya copiado de otro para elaborar su plan. Lo importante es en cambio
determinar si el mismo se ha cumplido. Por ello Hugo Wast solía decir que
los Protocolos podrán ser un plagio, pero se han venido cumpliendo a la
perfección.
Vayamos al punto específico que señala
el Plan Andinia. El mismo formula en 1969, año éste clave en el proceso de la
decadencia argentina, pues será el comienzo de la terrible guerra civil que nos
desangró y condujo a las crisis que hemos venido padeciendo, que todos los
procesos de destrucción que iba a padecer nuestro país iban a ser
inducidos especialmente. Kiernan por ejemplo nos recuerda que allí se
decía que se iba a inflitrar por la izquierda al peronismo para producir la
reacción represora de los militares. Eso efectivamente es lo
que sucedió y fue dicho mucho antes de que aconteciera. El Plan Andinia
insistía en un programa de secesión de la Patagonia para a partir de allí
constituir un nuevo Estado teniendo en cuenta las ingentes riquezas que allí
existían. No se necesita ahondar demasiado en los hechos para constatar que lo
que allí se decía hace casi cuarenta años se ha venido cumpliendo con lujo de
detalles. Hoy en día gracias a la reforma constitucional de 1994 la Argentina
votó espontáneamente desprenderse de sus recursos naturales pertenecientes al
subsuelo. De este modo provincias con menos de 200.000 habitantes como Santa
Cruz o de 500.000 como Neuquén son hoy dueñas del 80% de nuestro gas y del 60%
de nuestro petróleo. Las mismas hoy negocian directamente con las empresas
petroleras extranjeras cobrando regalías que antes se las proveía el Estado
nacional. Días pasados el gobernador Sobish llegó a decir que la Argentina no
debería comparle gas a Bolivia sino a Neuquén. Justamente lo que el Plan
Andinia decía hace algunas décadas, nuestro país iba a terminar perdiendo sus
riquezas principales y ya no íbamos a tener más el petróleo para financiar
nuestra educación y salud. También de tales exacciones voluntariamente
efectuadas y con la indiferencia e ignorancia colectiva que ha contado con la
complicidad de nuestros políticos y de la "prensa seria" tales
provincias pueden tener gobernadores con fondos suficientes para financiar
costosísimas campañas presidenciales. A ello agreguemos también la venta
ilimiatada de tierras patagónicas a compañías y personas extranjeras,
habiéndose derogado la ley que ponía límites a tales compras e impedía a
extranjeros adquirir tierras en lugares limítrofes. Sumado a ello un
verdadero secreto de Estado respecto de la cantidad de hectáreas enajenadas
aprovechando el extranjero la devaluación de nuestra moneda, lo cual también
está señalado claramente en el Plan Andinia.
Con respecto a la responsabilidad de
los judíos en la ejecución de este Plan disolutorio de nuestra nación, allí
teníamos ciertas diferencias con Beveraggi. Si bien él discriminaba entre el
judío y el sionista y achacaba sólo a este último el afán de dominio universal,
nosotros en cambio discrepábamos aun en esta última interpretación. Nuestro
razonamiento era el siguiente. Sea los Protocolos como el Plan Andinia
mostraban el accionar de ciertas fuerzas en los bastidores de la historia y que
los acontecimientos no eran el producto ni de la casualidad ni de la fatalidad,
sino de una acción premeditada e inteligente. Pero si nosotros caíamos en
la actitud de atribuírselo todo a los judíos, aunque fuere tan sólo a un sector
de tal comunidad, sin darnos cuenta estábamos cayendo víctimas de una
sugestión. Terminábamos aceptando que la inteligencia de ellos era superior a
la nuestra y que por lo tanto habíamos perdido la partida. Por un camino en
apariencias antijudío se terminaba aceptando el dogma de ciertos sectores de
tal religión que manifiestan que se trata del pueblo elegido y superior a los
restantes. Justamente hoy en día notamos esta actitud en quienes le achacan
todo lo que pasa a tal colectividad aun aquellas acciones en apariencias en su
contra como los famosos atentados de la Amia y la embajada. Se convertirían así
como el Deus ex machina que lo hace absolutamente todo desde lo
bueno hasta lo que aun se le contrapone. Por lo tanto el valor de tales
textos debe ser reputado con independencia no sólo de que hayan sido un plagio,
sino principalmente en relación al sujeto que allí se delata, el judío.
Habría que referirlos en última instancia a una sociedad secreta con gran poder
político y económico, adherida a una determinada concepción del mundo que
intenta hacer triunfar sus objetivos contando entre sus ejecutores sea a
personas de origen judío como ario. Su valor es pues el de haber develado sea
en lo relativo al mundo, como a la república Argentina en particular la
existencia de una tercera dimensión en la historia. Además de los hechos y sus
ejecutores aparentes, existen fuerzas ocultas que influyen de manera decisiva
en los acontecimientos.
Son incalculables las mendacidades
proferidas por Kiernan relativas a Beveraggi como para enumerarlas a
todas. Pero vayamos a un par de ellas. Él lo acusa de haber ensalzado a las
diferentes dictaduras militares y en cambio haber centrado sus críticas a los
regímenes democráticos a los que reputa como los únicos corruptos. No es
cierto. Le recomendamos leer su folleto: Martínez de Hoz o como se destroza
una economía, escrito en pleno Proceso Militar y que le originara
distintas persecuciones, justamente en un mismo momento en que varios políticos
demócratas y distintos organismos multinacionales afines a nuestro periodista
ensalzaban a tal économísta titulándolo "el mago de Oz".
Él le imputa haber sido un colaborador
secreto de la ya desaparecida revista de Patricio Maguirre, Informaciones sobre
la Masonería, y de haber sido el redactor de todos los artículos
que allí aparecían con la firma de Profesor Z. Me consta que no es así. Si bien
no fui amigo de Maguirre recuerdo que la única vez que lo conocí le pregunté
justamente por la identidad de este misterioso Dr. (no profesor) Z que escribía
especialmente sobre temas esotéricos y relativos a la masonería (temas éstos
que por otro lado no eran de la especialidad de Beveraggi). Me contestó que él
tampoco lo conocía personalmente, que era alguien que le enviaba informes a su
casilla de correos y que suponía que se trataba de un masón arrepentido.
Habría
mucho más para decir pero como consideramos haber dicho suficiente suspendemos
esta nota, la que continuaremos en fecha próxima para contestar lo relativo al
suscripto.
Buenos Aires, 15-11-06
Marcos Ghio