En 1994, en pleno desarrollo de la sangrienta crisis del Medio
Oriente, territorio en el cual hoy en día de manera ostensible se desarrolla
una verdadera guerra de civilizaciones, aconteció el famoso atentado de la
AMIA. Luego de 12 años de idas y venidas, juicios anulados, testigos falsos,
denuncias y juicios políticos a jueces, el fiscal hoy a cargo de la causa acaba
de pedir el procesamiento de los integrantes del gobierno iraní de ese
entonces.
Al respecto digamos lo siguiente. Aun
aceptando que ello fuera cierto, la realidad es que lo más probable es que
incluso el fiscal sepa que tal pedido termine en la nada pues ni se encontrarán
las pruebas suficientes para condenar a los imputados, luego de tantos años de
acontecido el hecho sin que se haya podido dar con la famosa pista local, ni
tampoco se logrará extraditar o detener alguna autoridad imputada.
Por lo tanto habría que decir que tal
pedido efectuado ha tenido como única finalidad dar por sentado un hecho que a
todas luces es indubitable. Que ha debido ser un gobierno del Medio Oriente,
que puede ser Irán o Siria, la diferencia es secundaria, el que ha estado
detrás del atentado, puesto que, por lo que veremos, los mismos han tenido
razones de sobra para efectuarlo.
Arribados a este punto y antes de avanzar
en nuestro análisis tratemos de contestar a aquellos que durante todo este
tiempo han insistido hasta el hartazgo en la absurda hipótesis de que fueron
los mismos judíos los que se autoatentaron. Tal conjetura se basa en una serie
de argumentos endebles que trataremos de resumir aquí. El primero de ellos
consiste en considerar que el movimiento Hezbollah, al que se ha imputado
directamente la organización del hecho, no ha reconocido su autoría como en
cambio lo ha hecho en otros casos. Acá se soslaya el hecho notorio del vínculo
entre esta organización y el gobierno iraní, que son prácticamente una misma
cosa. Si ello hubiera sido cierto, es decir si tal organización hubiera hecho
el atentado en ningún momento lo habría reconocido públicamente por
tratarse de un conflicto entre Estados que no se encuentran en una situación
beligerante, tal como podría haber sucedido en cambio en el caso de atentar en
contra de Israel.
Más ridículo todavía es considerar que
fueron los mismos judíos los que realizaron el atentado. Quienes sostienen tal
hipótesis enfatizan en las diferencias que existen entre sectores de derecha y
progresistas en la sociedad israelí y toman como ejemplo el atentado que le
costara la vida al ministro Rabin. Ambos casos son totalmente diferentes. Si
bien pueda entenderse este último como una manera de sacar de circulación a un
político molesto para los propios fines, no se entiende cómo esa misma actitud
pueda haberse tomado en el exterior con personas pertenecientes a la misma
comunidad pero prácticamente ajenas al conflicto que se desencadena entre ambos
sectores. Por otro lado encontramos también otra contradicción: si al
rechazarse la hipótesis de Hezbollah se dice que ello es porque nunca ha
atentado en el exterior (como si no lo pudiera hacer alguna vez), ¿por qué no
se alega también que los grupos de derecha no han atentado nunca en el propio
país con sus compatriotas de la manera como lo han hecho en AMIA?
La hipótesis de los gobiernos del Medio
Oriente como autores del atentado se fortalece además con otra que no menciona
el fiscal. Es la hipótesis Menem. La misma brinda argumentos complementarios
para explicar las razones del atentado. Es de destacar que en 1989 el peronismo
logró volver al poder luego de haberlo perdido en 1976. El jefe de tal partido
en ese entonces gestor de tal importante triunfo electoral, el aludido Menem,
se mostró como un perfecto discípulo de su maestro Perón, aplicando a
rajatablas la doctrina de la doble verdad (aunque en algunos casos podría
hablarse de tercera y hasta de cuarta verdad)*. La misma consiste en decir una
cosa y luego hacer exactamente lo contrario. Por ejemplo Menem prometió
reconquistar las islas Malvinas a sangre y fuego, pero cuando accedió al
gobierno les regaló ositos peluches a sus usurpadores. Manifestó que se iba a
oponer al imperialismo norteamericano, pero una vez en el gobierno manifestó
querer tener “relaciones carnales” con el mismo y llevó a la práctica tal meta
enviando tropas militares a Irak en la invasión que hiciera EEUU a tal país. A
su vez, para crear esa imagen falsa de nacionalismo que le hubiera podido hacer
ganar las elecciones, se rodeó de varios incautos y funcionales militares
carapintadas del estilo de Rico y Seineldín a quienes sedujo con cargos que
luego nunca otorgó.
Se ha sabido de fuentes muy confiables
que, en razón de su discurso antisionista anterior a las elecciones (luego se
supo que su apellido originario era Menehem y que había tenido una nodriza
judía en su infancia), hubo un gobierno árabe que financió su campaña
electoral.
No resulta entonces descabellado pensar
que tales regímenes, para los cuales un traidor y un mentiroso es lo peor que
puede existir, hayan pensado en propinarle una represalia que además sirviera
para que en lo sucesivo la Argentina no se metiera más en una guerra en el
Medio Oriente del lado del opresor. Sería bueno en cambio tener un gobierno que
envíe voluntarios a luchar en contra de la ocupación norteamericana en Irak,
pero eso obviamente nunca sucederá con un régimen peronista. Al respecto es
dable pensar también que el atentado a la AMIA se enmarca en la muerte
misteriosa padecida por el hijo de Menem, tema en el cual ha insistido
notoriamente su ex mujer.
Nosotros consideramos que el atentado
de la AMIA fue un acto de guerra en contra de un país beligerante que obtuvo
como resultado que nunca más se inmiscuyera en contiendas punitivas junto a los
norteamericanos. Lamentamos enormemente que la guerra contemporánea no sea como
las que se desarrollaban en la antigüedad y aun en épocas no tan lejanas, en
campos de batalla y con ejércitos profesionales. Repudiamos que los ataques se
hagan contra civiles. Pero hay que destacar también que tal procedimiento no
solamente es aplicado por los regímenes fundamentalistas islámicos, sino
también y principalmente por los civilizados y “cristianos” gobiernos
occidentales, así como por sus “hermanos mayores” que han institucionalizado la
tortura.
Es por tales razones que en ningún
momento hemos hecho público repudio alguno por tal acontecimiento bélico.
Y queremos resaltar también que, a
pesar de no habérselo achacado a los judíos como han hecho algunos
autoproclamados y aun fanáticos antijudíos confesos, tan sólo nosotros hemos
sido procesados por el juez Urso ante una denuncia en nuestra contra por parte
del embajador de Israel en 1995.
·
Es dable resaltar aquí con ejemplos concretos la gran similitud
existente en la aplicación de tal doctrina entre Menem y Perón. Este último
cuando estaba en el exilio definió a los guerrilleros montoneros como “juventud
maravillosa” a la que le hubiera gustado imitar. Luego, una vez en el poder,
los calificó de “estúpidos e imberbes”. En conversaciones privadas explicó que
si hubiera dicho en su momento lo que pensaba de ellos hubiera perdido sus
votos en las elecciones. Lo cual es exactamente lo mismo de lo manifestado por
Menem cuando expresó que “si hubiera dicho lo que iba a hacer nadie me votaba”.
Es de resaltar que hace muy poco en Hungría, cuando un gobernante dijo lo
mismo, estalló una rebelión popular que duró semanas enteras, con muertos y
heridos. Ello ha sucedido porque se ha tratado de un país en donde rige la
ética aria por la que la mentira es peor que el asesinato. En cambio acá
estamos en la Argentina peronista en donde se celebra la viveza.
Marcos Ghio
Buenos Aires, 3-11-06