CONSIDERACIONES
METAFÍSICAS SOBRE EL ABORTO.
LA DOCTRINA DE LOS NIDANA
El tema del aborto ha adquirido en las
últimas fechas una inusual actualidad en España a raíz de que se haya
destapado el hecho de que en ciertas clínicas abortistas de Barcelona
se practicaban abortos con fetos de hasta ocho meses de vida.
La carnicería alcanza cifras alarmantes tanto por
lo que respecta a los casos de abortos no contemplados por la actual
legislación española como a los que sí están permitidos por la ley.
Nosotros no nos alarmamos únicamente porque se masacre
a un feto de 4 ó de 8 meses sino que también lo hacemos si se hace con un
embrión de un día o con otro de 12 semanas.
Sin duda no existen diferencias cualitativas
entre el ser de doce semanas menos un día y el de doce semanas (momento
a partir del cual son legales, en España, las prácticas abortivas).
Si está delinquiendo quien practica o se somete al aborto en el primer caso
también debería considerarse que delinque quien practica o se somete al aborto
en el segundo caso. Tenemos claro que en todos los casos nos hallamos ante
un crimen atroz, despiadado y cobarde. Crimen que cuando alcanza el número
-oficial...- de, anualmente, 100.000 en EEspaña, pasa a la categoría de
genocidio.
La ciencia habla de embrión hasta
transcurridas doce semanas desde el instante de la concepción y de feto a
partir de ese momento y hasta que tiene lugar el parto. La ley
española autoriza, pues, el sacrificio del llamado embrión y no
así el del feto. Pero no olvidemos que, por ejemplo, cuando termina el primer
mes ya ha comenzado el desarrollo de todos los órganos importantes. Así pues,
los ojos son perceptibles, los brazos y las piernas empiezan a
aparecer y late ya un corazón de cuatro cavidades (¿sería
descabellado no considerar como ´embrión´ a un ser que ya ha llegado a este
grado de desarrollo?). Y a este ser con ojos, corazón complejo, brazos y
piernas es lícito arrebatarle fría y despiadadamente la vida. ¡Paradojas
de una modernidad que se llena la boca hablando de un pacifismo de
corte pusilánime y clamando contra prácticas como la de la pena de muerte
y no manifiesta ningún remilgo, ningún escrúpulo, ni ninguna
compasión a la hora de legalizar y promover semejante genocidio!
No es, de todos modos, en estos terrenos físicos y
fisiológicos en los que pretendemos embarcarnos en el seno
de este escrito sino que nuestra intención es la de realizar algunas
consideraciones que conciernen a planos de la realidad que entran en el terreno
metafísico.
Sabido es que las doctrinas Sapienciales del Mundo
Tradicional han hablado siempre de la ´inmortalidad del Alma´ y de su
preexistencia con respecto al ser humano que será portador de ella.
El ´Alma´, con mayúscula, diferiría del ´alma´,
en minúscula, que no vendría a ser más que un equivalente de lo que conocemos
como mente o psique. Por contra el ´Alma´, en mayúscula, haría referencia al
Espíritu o, lo que sería lo mismo, al componente imperecedero,
incorruptible, eterno y Trascendente que se halla en el origen de todo el
mundo manifestado (Brahman) y que también
anida en el interior del ser humano (Atman). Nosotros, de todos modos utilizaremos el vocablo ´Espíritu´, y no el
de ´Alma´, cuando nos refiramos al Principio Supremo Indefinible,
incondicionado y Superior. De este modo intentaremos evitar confusiones entre
conceptos y realidades diferentes.
Así pues, si
el Espíritu preexiste al ser humano se podría formular la pregunta de en
qué momento se incorpora a este ser humano. La razón de dicha formulación se
hallaría en el aclarar si el embrión humano, que en tantas ocasiones es objeto
del aborto, es portador de Espíritu. Si la respuesta fuera afirmativa la enorme
gravedad de las prácticas abortivas sería, si cabe, todavía mayor.
Para ver luz
acerca de dicha cuestión resulta muy apropiado el echar mano del budismo,
pues el budismo originario, en sus textos en pali, nos explica una doctrina, la
de los nidana, que no deja, al respecto, lugar
a dudas. Una magnífica explicación de la misma la podemos encontrar en la obra
de Julius Evola “La
doctrina del despertar. Ensayo sobre ascesis budista” (1).
El
significado de nidana sería el de estados o
elementos condicionados y haría, básicamente, referencia a todos los pasos
seguidos, en su existir, por el ser humano que le van, progresivamente,
impregnando de la conciencia de ser tal ser –individuado-, condicionado y cada
vez más alejado de la posibilidad de apercibirse de que, en su interior, anida
el aletargado Principio Imperecedero; la semilla de lo Absoluto. Y cada
vez más alejado, por tanto, de la posibilidad de actualizar este Principio
Inmortal.
Pero, de un
total de doce, los tres primeros nidana aluden
a estados anteriores a la concepción del ser humano (anteriores a la formación
del embrión o zigoto) y no hacen, pues, estrictamente referencia al aludido
proceso condicionador de dicho ser humano sino que
atañen al proceso mediante el cual el Principio o Espíritu toma el camino que
le llevará a incorporarse al embrión que se acaba de formar. Un camino,
pues, que viene definido por una direccionalidad vertical de descenso
en contraste, pues, a la horizontal que adquirirá a partir del
momento de la generación del nuevo ser humano y, a partir de este
momento, a lo largo de la existencia terrenal de
éste. Horizontalidad, por tanto, que el Principio Inmutable ya no
transitará en solitario sino que lo hará junto al alma o mente y al cuerpo de
dicho ser humano.
Tal como ya
hemos señalado, los tres primeros nidana hacen alusión a estados del Espíritu anteriores a la concepción. Unos
nos explican cómo por culpa de la ignorancia o -en sánscrito-, avijja o avidja el Principio se olvida, en su camino descendente, de cuál es
su propia esencia. Otros, como el tercer nidana, nos
enseña cómo el Principio va adquiriendo
una conciencia autodistintiva que se halla en la base
de la conciencia individuada que irá, posterior y paulatinamente,
desarrollando el ser humano a partir del momento de su generación.
Es en
base a lo expuesto en la explicación de estos tres nidana que tenemos
la certeza de que en el momento de su concepción al embrión humano se le ha
incorporado el Espíritu o Atman; víctima de la ignorancia o avidja y sometido a
inercias individualizantes, pero Espíritu en
definitiva. Por lo cual la criminal infatuación que supone el aborto se comete
contra un ser humano con Espíritu y no contra un ser vivo que no posee más que
un componente físico con sus correspondientes funciones fisiológicas más o
menos desarrolladas. El principio Inmortal que anida en su seno no difiere lo
más mínimo del que se halla en el interior de un individuo adulto.
Tras la
concepción y durante las etapas embrionaria y fetal se suceden seis nidana o estados condicionados más: el quinto, el
sexto, el séptimo, el octavo, el noveno y el décimo. Con la irrupción de éstos
el ser se va, de forma in crescendo, individualizando, apegando,
condicionando y tomando conciencia de su especificidad. Es por esto por lo que
se asemeja cada vez más al ser humano en sus distintas fases vitales: infancia,
adolescencia, madurez y vejez.
Un somero
vistazo a estos seis nidana que acaecen durante las
etapas embrionaria y fetal nos muestra como:
-En el 5º nidana se asume el área en el que, por
contacto, se activarán (en el 8º nidana) los sentidos y las distintas imágenes que irán proyectándose en la
mente como reacción a los diversos estímulos que puedan recibirse.
-En el 6º
nidana pasa a ser posible el poder acumular
experiencia como consecuencia de lo aportado ante determinados estímulos.
-En el 7º
-nos dice textualmente Evola en “La doctrina del
despertar”- “irrumpen el sentir, el colorido emocional de las percepciones y
el sentimiento en general”.
-En el 8º se
pueden ya activar los sentidos y se generan las impresiones que siguen al
contacto de los sentidos con el objeto y/o receptor correspondiente. También se
desarrolla el deseo que viene provocado por la experiencia sensorial y el
consiguiente anhelo de volver a repetir dicha experiencia.
-En el 9º nidana aparece el apego provocado por la dependencia
establecida hacia el objeto de deseo descubierto y contactado por los sentidos.
Con todos
estos condicionantes acumulados hasta este nidana nace el sentido del yo o del individuo.
-En el 10º nidana no podíamos ya por menos que encontrarnos ya
con el ser individual y con las pautas
que pueden marcar su devenir y su existir (merece la pena
recordar, tal como nos dice Evola, el origen
etimológico de este término: ´ex-sistere´ o
el ´estar fuera de sí´ propio de una existencia condicionada, atada
a las contingencias y estímulos exteriores y que no conoce de lo Interior o
Centro; del Espíritu).
Por tanto
nos hallamos ante un ser individual -para ello, con el
necesario sentido del yo- que podría ser
víctima de las criminales prácticas abortivas. Que el tal ser lo sea ya
individual y con sentido del yo en el hipotético momento en el que el
aborto cercene su existencia sólo depende del momento embrionario o fetal en
que cada uno de estos seis nidana aparezca y
de los plazos legales para practicarlo que sean contemplados por las diferentes
legislaciones que sobre el aborto tienen vigor en los muchos países en los que
se permite.
Los nidana 11º y 12º no son de interés en el presente
escrito por cuanto se refieren a estados que acaecen a partir del parto o
nacimiento y se hallarían, pues, más allá del período en el cual se practican
los abortos legales y/o ilegales. Acontecen referidos al nacimiento (11º nidana) y a la declinación y muerte del individuo
(12º y último nidana).
En otro
diferente orden de cosas -que se sitúa al margen del tema del presente
escrito- cabría recordar que el generarse de cada uno de los doce nidana supone un progresivo obscurecimiento
del Principio y un obstáculo también mayor de cara a la acometida
de cualquier intento serio, por parte del individuo, de Despertar la
semilla de la Inmortalidad (y del Conocimiento de lo Superior e
Incondicionado) que se lleva dentro. Este difícil –a la vez que metódico
y riguroso- fin es el que siempre ha perseguido la Iniciación.
Seguramente
el lector atento se habrá percatado de que nos hemos saltado el 4º nidana. No hemos hecho
ninguna mención a él. Y lo hemos hecho así porque queremos mostrar cómo no tan
sólo, tal como ya hemos explicado párrafos más arriba, el ser acabado de
concebir es portador del Principio Inmortal –Espíritu-, sino que también
queremos mostrar cómo en este ser acabado de generar también hallamos ya el
alma. Con lo cual el grado de aberración que alcanza el aborto no tiene
límites.
El 4º nidana se conoce bajo la denominación de
´nombre-y-forma´ y hace referencia al estado en que acontece la formación, en
el ser acabado de engendrar, de los elementos materiales -´forma´- y de los
sutiles y mentales -´nombre´-. A estos últimos se unen, en este preciso
instante, los elementos de la herencia de la ´vía del devenir´ (esto es, la
herencia samsárica) y los correspondientes a los
aportados como herencia psíquica por los progenitores.
Para aclarar
a qué elementos de la herencia samsárica o de la ´vía
del devenir´ nos estamos refiriendo podríamos recordar unos contenidos que en
alguna ocasión anterior habíamos expuesto y que rezaban que:
“…tras la muerte
física son dos las vías que se le presentan al fallecido: una sería la ´vía de
los antepasados´ o pitra-yana y la otra sería la ´vía de los
dioses´ o deva-yana (términos de la tradición
hindú). La primera de ellas sería el destino de la mayoría de los individuos
cuya existencia no pasó nunca de ser la del hombre vulgar, esclavo del devenir
y que consistiría en la disolución de las fuerzas y energías sutiles que
hicieron posible la vida de dichos individuos (puesto que se hallan en el
origen del funcionamiento de su entramado psíquico-físico), su disolución,
apuntábamos, en la descendencia de su mismo clan, gens o sippe pasando a formar parte (dichas fuerzas
o energías) del genio, manes, tótem, doble sutil,”vida”
de esta vida, demon o daimon
que confiere la peculiaridad y el impulso particular que caracterizan al
mencionado clan. Esta vía, en realidad, no supone la inmortalidad del
individuo, pues éste (o, mejor dicho, ´sus´ fuerzas o energías sutiles) vuelve
a reintegrarse en la corriente del mundo manifestado, del mundo del devenir y
del continuo fluir.” (2)
Aclarado lo
cual podríamos afirmar que el alma del nuevo ser sería, de este modo, el
resultante de la unión del componente ´nombre´ del 4º nidana,
más la herencia samsárica y más el añadido de la
herencia proveniente por vía biológica (la de los padres).
Pero aún hay
más, ya que el atentado ejercido por medio del aborto no sólo destruye a un ser
compuesto por Espíritu, alma y cuerpo; no sólo afecta a un ser concreto
individual y/o individualizado, sino que, paralelamente, acarrea graves
repercusiones a otros niveles, pues altera dinámicas y equilibrios en el plano
cósmico e incluso en el supracósmico.
Es así
porque invierte esa inercia por la cual el Espíritu se había integrado en el
ser humano recién concebido. Una inercia, recordemos, que hallaba su
explicación en la individualización que había experimentado dicho Principio
Imperecedero a causa del avidja, u
olvido, que había padecido entorno a cuál es la “naturaleza” de su esencia.
Así, con la práctica del aborto, el Espíritu integrado en el ser concebido se
verá abocado a transitar por otros derroteros.
Algo similar
ocurre con los tres componentes que habían dado origen al alma del
embrión. De esta manera, por ejemplo, el genio, manes, tótem, doble sutil o daimon
que las dinámicas cósmicas habían encaminado hacia ese embrión (3) para
integrarlo en él en el mismo momento de su generación, deberá, a causa del aborto,
abandonar el camino que los flujos cósmicos habían establecido y retornar,
brusca e inesperadamente, a ese entramado sutil que vertebra, vivifica y
dinamiza al cosmos como si de su aliento vital, de sus nervios y de su aparato
circulatorio se tratase. Un brusco retornar que provoca desequilibrios,
desajustes y descompensaciones en el armónico entramado cósmico…
…………………………………………………………………………
(1) Existe, con este
mismo título, una edición en castellano realizada por la Editorial Heracles y
otra intitulada “La doctrina del despertar. El budismo y su finalidad práctica”
a cargo de la editorial Grijalbo.
(2) Originariamente
redactamos estas ideas en nuestro escrito titulado “José Antonio y Evola”. Más tarde creímos conveniente reproducirlas en “La
ilusión reencarnacionista”. De todos modos si se
desea profundizar en este orden de cosas recomendamos la lectura del capítulo
VIII (“Las dos vías de ultratumba”) de la parte primera del libro de Julius Evola “Rebelión contra el
mundo moderno”; título éste el de la traducción hecha al castellano por
Ediciones Heracles.
(3) Mayormente el
genio, manes, tótem, doble sutil o daimon se encamina a su integración en un embrión
determinado por pertenecer el nuevo ser engendrado al mismo linaje o clan (o a
los restos desorientados que de éste quedan en el mundo moderno) del que
proceden estas fuerzas sutiles –el genio,…- que acabarán confiriendo determinadas peculiaridades y
concretos impulsos comunes a los miembros de dicha estirpe.
EDUARD ALCÁNTARA
SEPTENTRIONIS LUX