ENTREVISTA CON BORIS SAID, DIRECTOR DEL ÚLTIMO DOCUMENTAL SOBRE LA MESETA DE GIZEH
Boris Said es un respetado productor de documentales y una de los escasas personas a las que el gobierno egipcio ha facilitado informes muy delicados relacionados con la esfinge de la llanura de Giza. Said estudió en la Universidad de Princeton y en 1991 participó en el Proyecto Fénix, dirigido por el egiptólogo heterodoxo John Anthony West. Durante dicha exploración, el doctor Thomas Dobecki descubrió, con la ayuda de instrumentos de investigación sísmica, una anomalía rectangular debajo de las patas de la Esfinge, probablemente creada por el hombre. La cavidad, situada a 11 metros por debajo de la superficie, mide aproximadamente 9x12 metros; Dobecki no quiere especular sobre su profundidad porque está parcialmente llena de escombros y de agua. Según nos explica Said, hasta la fecha no se ha hecho nada para explorar dicha cavidad. Actualmente, está intentando persuadir al gobierno egipcio para que permita excavar un agujero. A la pregunta: «¿Cree usted que se trata de una cámara?», Said responde convencido: «¡Sin ninguna duda!». Sin embargo, no todo el mundo piensa igual que él. Said tiene esperanzas de que le dejen descubrirlo por sí mismo.
Los recientes golpes asestados a la industria turística egipcia, tal vez incidan en que el gobierno se anime a facilitar la exploración.
dieron
cuenta de que habían caído sobre la tapa de un
sacórfago negro bruñido. A su derecha vieron un túnel
en dirección a la Esfinge que parecía contener más
sarcófagos. Temiendo haber irrumpido en un lugar de
reposo sagrado, limpiaron la suciedad de la tapa,
amontonaron cascotes en el túnel y salieron a toda prisa
a la superficie. El trabajo en el pozo se paralizó.
Cuando se construyó la presa de Asuán, el nivel del
agua subterránea bajo la llanura de Giza se elevó unos
9 metros, anegando la cámara en el fondo del conducto.
Cuando bajé al pozo por primera vez en 1992, sólo
había unos 2 metros entre el techo de la cámara
y el agua, que estaba cubierta de impurezas, aunque se
distinguía el fondo con toda claridad. Pude ver un
montón de piedras a mi derecha, pero no la tapa del
«sarcófago». Probablemente estaba enterrada en el
cieno, ya que el más pequeño movimiento levantaba nubes
de cieno a mi alrededor. Cuando regresé en 1996, el
nivel del agua había descendido por lo menos 3 metros y
medio. Enseguida encontramos la tapa del sarcófago. El
montón de piedras también era visible, recubierto por
años de arena, barro y cieno. Nuestro radar ha revelado
que debajo de la tapa no hay ningún sarcófago. Sin
embargo, existe una cavidad a una profundidad de dos
metros y medio. Esta «anomalía» tiene más de dos
metros de anchura y un techo abovedado. No hay ninguna
duda de que se trata de un túnel. Tiene un ángulo
descendente de 25 grados, en dirección hacia la esfinge,
y está ¡apenas a 300 metros de ella! Me contaron que
los sacerdotes egipcios habrían escondido un pasadizo o
cámara bajo la tapa de un sarcófago, porque en aquella
época no había ladrones de tumbas. BERNYCE BARLOW/Fate magazine