Como introducci�n a este breve apartado, se incluyen algunas de las ideas de Freud, en distintas �pocas de su vida, en relaci�n a la mujer. A los diecisiete a�os, Freud le escrib�a a Emil Fluss : "...�Cuan sabios son nuestros educadores en importunar tan poco al bello sexo con conocimientos de ciencias naturales! (Por lo que veo, en esto estamos todos de acuerdo: que las mujeres han venido al mundo para algo mejor que hacerse sabias). ...Entonces, que cada uno en su c�rculo se comprometa a mantener en la ignorancia -en particular, ignorancia de la naturaleza- a todas las damas conocidas o pr�ximas...Es de esperar que ellas acepten la propuesta sin vacilar...". En 1875, a los diecinueve a�os, le escrib�a a E. Silberstein aconsej�ndole en contra de su relaci�n con una joven de diecis�is a�os: "...Pues un hombre, pienso yo, puede probar mucho y degustar, puede da�arse y por per�odos hacerse infeliz, pero al final parece haberse da�ado menos que una mujer o una chica en casos parecidos. El hombre parece capacitado para elaborar pasiones, hundirse en sentimientos salvajes, aflojar los ladrillos de la moral, pues en �l mismo descansa el principio de sus acciones, la conciencia, de cu�ndo son buenas, cu�ndo malas, un hombre pensante es su propio dador de leyes, confesor y absolutor. Pero la mujer y a�n m�s la joven, no tiene la medida de la �tica en si misma, solo puede actuar correctamente, si guarda la frontera de la moral, aquello que la sociedad ha reconocido como correcto. Una transgresi�n contra esa moral nunca le es perdonada -quiz�s con raz�n todo su honor y valor descansa en general en un punto, mientras el hombre tambi�n puede reconstruir el honor perdido con el trabajo..." Cuando lleg� a los cincuenta a�os, consideraba que �l mismo no era un neur�tico y que no estaba perturbado. No dudaba de que �l hab�a sublimado sus instintos y estaba realizando un trabajo cultural del m�s alto rango.En 1907, durante una estad�a en Italia, le escribi� a Jung cont�ndole que se hab�a encontrado con un joven colega de �ste, quien parec�a "haber estado de nuevo con alguna hembra. Esa pr�ctica dificulta la teor�a", le dijo. Pero agreg�, pensando en si mismo: "Cuando haya vencido por completo mi libido (en el sentido m�s com�n de la palabra) iniciar� una "vida de Amor a la Humanidad"". En 1938, le escrib�a a Stefan Zweig: "El an�lisis es como una mujer que quiere ser conquistada, pero sabe que ser� poco valorada si no ofrece resistencia alguna". En una conferencia pronunciada en la B'nai B'rith en 1940 cuestion� la afirmaci�n de Paul Julius Moebius en cuanto a que las mujeres eran "fisiol�gicamente d�biles mentales". Freud admit�a que se podr�a demostrar una "atrofia intelectual" de ese tipo en las mujeres, pero en tal caso la culpa era de la sociedad, que les imped�a que ocuparan sus mentes con lo que m�s les interesaba: la sexualidad.