IGLESIA DE CRISTO

¿Qué Debo Hacer Para Ser Salvo?

Esta es una pregunta penetrante, demandante y aguda. Uno no puede sobre-enfatizar su importancia porque la respuesta correcta lleva a la vida pero la incorrecta a la muerte. No obstante, para uno que siente el impacto del alma escudriñadora, debe aceptar algunos hechos inevitables con respecto al hombre.

Estamos viviendo un mundo orientado a lo material en donde el hombre está relegado, a lo más, únicamente a especies de alto desarrollo animal con no más esperanza de la vida después de la muerte que un cochinillo. Por tanto, muchas personas son robadas de la verdadera esencia básica para un entendimiento de la consideración e importancia del hombre. Consideremos algunos de estos hechos.

 

Hechos Número 1:

El hombre es un ser inmortal.

El hombre es un ser físico-espiritual, en su relación terrenal (Gén. 1:27; 2:7; Ecles. 12:7; 1 Cor. 15:16-20; 2 Cor. 5:3-4). El cuerpo físico regresa al polvo y el espíritu regresa a Dios después de la muerte (Sant. 2:26). El hombre espiritual vivirá en alguna parte en el reino eterno después de la muerte (Mat. 25:46). El cuerpo mortal está en una "casa terrenal" y será disuelto, pero del Espíritu Dios es el responsable (2 Cor. 5:1,10; 1 Cor. 15:53-58). "Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio" (Heb. 9:27). Si y cuando uno llega a entender que uno es un ser inmortal, la vida después de la muerte se convierte en una realidad y toma prioridad sobre todas las posesiones físicas y perecederas — aun sobre mi propio cuerpo (Mat. 6:25; 10:28,37-39; 16:26).

Job preguntó, "Si el hombre muriere, ¿volverá a vivir?" (Job 14:14). Jesús contesta, "Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá" (Juan 11:25). El propósito de la palabra inspirada de Dios es dar esperanza y dirigirlo a uno en preparación para la vida después de la muerte (2 Cor. 5:1-10; 1 Tesal. 4:13-18; 1 Cor. 15:16-20). Hay —en realidad— una resurrección o no hay propósito para el evangelio de Cristo (1 Cor. 15:53-58).

 

Hecho Número 2:

El hombre es un agente de libre moral.

El hombre es una agente de libre moral, inteligente, responsable por su propia vida (Rom. 1:5-11; Rom. 6:16). Pablo escribió a los Gálatas, "No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará..." (Gál. 6:7-8). Uno tiene una elección para hacer, del mismo modo que Josué invocó sobre Israel, "...escogeos hoy a quién sirváis..." (Josué 24:15). Elías también imploró, "¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él" (1 Rey. 18:21). Moisés explicó a Israel, que Dios "puso delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida para que vivas tú y tu descendencia" (Deut. 30:9).

La libre voluntad es la capacidad y la responsabilidad de la auto-determinación, para considerar y escoger entre los motivos, para la vida que uno vive. En nuestro estudio, la elección es: el camino espacioso hacia la destrucción, o el camino estrecho y angosto que lleva a la vida (Mat. 7:13-14).

 

Hecho Número 3:

Uno debe ser consciente de que está perdido

y del por qué.

Uno debe ser consciente de que está perdido, debe estar interesado con el ser salvo. Si uno siente que está agradando a Dios, estará contento. Un falso sentimiento es muy engañoso (Rom. 7:7-13). Pero cuando uno se enfrenta cara a cara con el hecho de que está perdido, querrá saber, "¿por qué?"

¿Es el "por qué" importante? ¡Piénselo! Si uno cree que nace culpable del "pecado Adámico," que es depravado y malo a causa del pecado heredado al nacer, y que puede pensar o no el hacer bueno o malo el efecto de su propio destino eterno, dentro de su propio pensamiento él es una víctima de la Providencia Divina. Tal entendimiento destruirá toda onza de interés en él, "¿Qué debo hacer para ser salvo?"

Uno está perdido porque peca y es responsable de este (Rom. 3:10,23; 6:16; 1 Juan 3:7-8). "El alma que pecare, esa morirá." El hijo no heredará el pecado del padre, ni el padre heredará el pecado del hijo. Cada uno lleva la responsabilidad de su propia vida (Ezeq. 18:20).

El pecado es rebelión contra Dios, ya sea a través de la omisión o la comisión. "El pecado es desobediencia" (1 Juan 3:4). Cuando uno comete pecado a través de la lujuria o falla en obedecer las instrucciones de Dios, el tal es culpable (Sant. 1:13-15; 4:17). La culpa del pecado trae condenación (Mat. 7:23; 2 Tesal. 1:7-8). "Pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír" (Isa. 59:2). Desde que uno esté perdido a causa del pecado cometido a través de la lujuria, puede ser salvo a través de la fe por medio de volverse del pecado y obedeciendo la voluntad de Dios (Rom. 1:5; 16:26; Heb. 5:9).

 

Hecho Número 4:

Dios quiere que todos los hombres sean salvos.

"...Dios nuestro Salvador, ...quiere que todos los hombres sean salvos, y venga al conocimiento de la verdad" (1 Tim. 2:3-4). De esta manera Dios dio a Su Hijo Unigénito, en un sacrificio de muerte, para procurar el camino de la salvación — "...sin derramamiento de sangre no se hace remisión" (Juan 3:16-17; Rom. 5:8; Heb. 9:22). Jesús nació de una mujer, vivió una vida perfecta, y se concedió a sí mismo a la muerte para poder llevar a cabo la voluntad del Padre para la salvación del hombre, sin violar la Justicia Divina. Ciertamente, esto fue, "el justo por los injustos, para llevarnos a Dios..." (1 Ped. 3:18; Gál. 1:4). Esto culminó en la muerte, sepultura, resurrección, y ascensión de Cristo (Hch. 2:29-36; 1 Ped. 2:24-25). Pablo escribió, "La cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales...," y proclama estos hechos básicos del evangelio de Cristo (Efe. 1:20-23; 1 Cor. 15:1-4).

Jesús, el Hijo de Dios, tiene toda la autoridad y habla por Su Padre (Mat. 2:18; Heb. 1:1-2). El es el Salvador y único Mediador entre Dios y el hombre (Hch. 2:36; 1 Tim. 2:3-6; 4:10; Heb. 9.15; 12:24). En efecto, El es "toda la plenitud de la Deidad" (Col. 2:9).

En Cristo uno es reconciliado con Dios, un participante de la naturaleza divina, y tiene acceso a todas las bendiciones espirituales (Efe. 1:3,7; 2:13-16; 2 Cor. 5:17-21; 2 Ped. 1:3-4). Hoy, el hombre está invitado a disfrutar de todas estas bendiciones en Cristo, "...el cual quitó la muerte y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio..." (2 Tim. 1:8-11). El es verdaderamente, "el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29).

 

"¿Qué Debo Hacer Para Ser Salvo?"

Si uno honestamente busca la respuesta a esta pregunta, su problema más grande está solucionado. El, como el carcelero filipense, puede encontrar la respuesta. El evangelio de Cristo fue predicado y escrito para ese propósito (Marc. 16:16; Juan 20:30-31; 1 Juan 1-2:1-6).

La pregunta se compone de dos cláusulas principales: (1) "¿Qué debo hacer?" demandando la acción personal, la obediencia. (2) "Para que pudiera ser salvo" es pasivo con dos inquietudes: (a) ¿de qué? (b) ¿por quién? Estos dos principios fundamentales están implicados en la salvación de toda persona. Hay algo que uno "debe hacer para..." y como una consecuencia ... "será salvo."

Tanto como esto, muchos maestros de religión, cuando llegan a la palabra "hacer," la cubren con, "yo siento, pienso, sueño, experimento, etc." No obstante, el "hacer" está aún ahí y significa cualquier cosa que "hacer" signifique — "ejecutar (una acción, etc.); llevar a cabo, como hacer una acto" (Webster’s New World Dictionary). El propósito del carcelero al hacer su pregunta era la de aprender "que acto o hechos" debía ejecutar. Estaba buscando aprender lo "que tenía que hacer," Pablo le enseñó; y él y toda su casa fueron bautizados (Hch. 16:30-34).

"¿De qué debe un pecador no arrepentido (aún no hijo de Dios) ser salvo?" Hemos aprendido que el pecado nos separa de Dios. Por tanto, el hombre debe ser salvo de su culpa de los pecados pasados que cometió (Efe. 2:1-3; Rom. 6:17-18; Hch. 2:37-42).

"¿Por quién debe uno ser salvo?" Saulo de Tarso, fue un perseguidor de los Cristianos y el "primero de los pecadores," y encontró su respuesta en Cristo (Rom. 7:24; 8:1-4; 1 Tim. 1:15). Lucas nos dice, "Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido" (Luc. 19:10). Cristo es "el autor de eterna salvación para todos los que le obedecen" (Heb. 5:9). Jesús "tiene las palabras de vida eterna" (Juan 6:68-69). Si uno rehúsa ir a El, "¿A quién iremos?" (Heb. 6:4-6; Juan 5:22-29).

 

Hechos Número 5:

Uno debe escoger ser salvo.

"Ninguno puede servir a dos señores" (Mat. 6:24). El hombre debe escoger a cual Señor servirá — ¿Dios o Satanás? Si uno sigue los deseos de la carne para calmar la lujuria y sirve a Satanás, será un pecador. Si escoge vivir por la fe y servir a Dios será un Cristiano. Sí, mi amigo, usted tiene una elección para hacer y es responsable tanto de Dios como de su elección (2 Tesal. 1:7-9; 2 Cor. 5:10).

Uno no puede salvarse a sí mismo separado del Señor (Jer. 10:23; Prov. 14:12). No puede, aún por sí mismo saber ¿qué hacer? Esto es por lo que el carcelero preguntó, "¿Qué debo hacer?" (2 Cor. 3:4-5; 10:5). Ningún hombre puede merecer o heredar la salvación por hacer su propia cosa, obras jactanciosas y su propia justicia (Tito. 3:5; Efe. 2:9). Uno no puede aún demandar que Dios lo salve en una forma especial; Dios no hace acepción de personas (Hch. 10:34-35; Mat. 7.21). El hombre no puede ir a otros hombres para la salvación en vista de que ellos son humanos y tienen la misma necesidad que él tiene. Difieren en doctrina, formas, iglesias, y aún dioses, todo lo cual es vano ante los ojos de Dios (Mat. 15:8-9,14; Col. 2:8; 1 Ped. 2:1-3; Hch. 17:22-31). El hombre tiene una parte definida y decide sobre su propia salvación. Debe aceptar la gracia-provisiones provistas por Dios por medio de la fe (Hch. 2:40; Filip. 2:12). En esta forma, él puede ser salvo "por gracia por medio de la fe" (Efe. 2:8).

Jesús tiene la única respuesta positiva y precisa, con la prueba y seguridad firme a nuestra pregunta. Prometió: "Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo" (Juan 12:32). El está levantado e invita a todos: "Venid a mí, y yo os haré descansar" (1 Cor. 15:20; Mat. 11:28). Del mismo modo Jesús dio las condiciones sobre las cuales él se salvará. Dijo: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (Mat. 16:24). ¿Está usted deseando aceptar las condiciones de Jesús? Usted puede, si su fe es lo suficiente para confiar y obedecerle (Luc. 6:46).

 

¿Que Debe Hacer Uno?

El Nuevo Testamento contesta esta pregunta tan claramente que uno puede fácilmente enumerar los hechos que lo llevan a Jesús (Juan 1:12). Estas no son exactamente demandas formales y frías sino más bien provisiones, privilegios, y oportunidades proporcionadas por la gracia de Dios para la salvación del hombre. Examinemos estos actos o pasos uno por uno.

 

 

Paso Número 1: Uno debe

oír (llegar a un entendimiento) la palabra.

La palabra inspirada de la evidencia, substancia, y seguridad por medio de la cual la fe es producida y sustentada en Dios, en Cristo, en el Espíritu Santo, en las necesidades del hombre, también en la gracia de Dios y en las provisiones para la salvación del hombre (Heb. 11:1; Judas 3; 2 Tim. 3:16-17; 2 Ped. 1:3-4).

Cristo comisionó a los apóstoles a ir por todo el mundo y predicar, "El que creyere y fuere bautizado, será salvo" (Marc. 16:15-16). También, "Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días" (Mat. 28:20). Pablo declaró, "Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree..." (Rom. 1:16). "...el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación" (1 Cor. 1:21). De esta manera la exhortación, "recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas" (Sant. 1:21-25). Nótese la esencialidad de ser "hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos."

 

La Palabra Da las Razones Para Creer

"La fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios" (Rom. 10:17). El Espíritu reveló el camino y las provisiones de Dios para la salvación del hombre a través de hombres inspirados "para la obediencia a la fe" (Rom. 1:5; 16:26; 1 Cor. 2:10-13). Juan declara que este es el propósito de la palabra escrita, "Estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (Juan 20:30-31; Judas 3). La única cosa que lo guarda a uno de ser salvo es su falta de fe suficiente para moverlo a someterse a sí mismo en humilde obediencia al Señor (Heb. 4:2; Hch. 2:41; 8:12-13,35-38; 16:31-34).

 

Paso Número 2:

Uno debe creer que Jesús es el Hijo de Dios

La respuesta de Pablo al carcelero filipense fue, "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa" (Hch. 16:31). Esto no es la "fe sola." Es fe, la razón esencial y poder motivador, que lo mueve a uno a aceptar tanto al Señor y Cristo como a obedecerle (Juan 1:12; 1 Juan 5:4-5). "Pero sin fe es imposible agradar a Dios..." Jesús dijo, "Porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis" (Juan 8:24; Heb. 11:6). También dijo, "El que creyere y fuere bautizado, será salvo" (Marc. 16:15-16). Santiago plenamente declara, "Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma," y añade, "Vosotros véis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe" (Sant. 2:17,20,24). Ciertamente, esta es "la fe que obra por el amor" (Gál. 5:6). Si uno verdaderamente cree, buscará conocer, confiar, y obedecer a Jesús (Hch. 2:41-42; 18:8; Rom. 6:16-18). La fe salvadora no lo está salvando a uno mismo por sus propias obras de justicia, sino que mas bien está sometiéndolo completamente al Señor para hacer Su voluntad (Filip. 3:8-11; Gál. 2:20).

 

Paso Número 3:

Jesús manda a todos los hombres que se

arrepientan (Hechos 17.30; 2 Pedro 3:9).

El arrepentimiento es volverse de un punto, cambiar la mente de uno de sus propios pensamientos y caminos para aceptar el pensamiento y los caminos de Dios (Isa. 55:8-9). Uno debe tener la fe suficiente para convencerse de lo incorrecto y lo que es correcto. Esto produce "arrepentimiento para salvación," o nos lleva al arrepentimiento (2 Cor. 7:10). Jesús dijo, "No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento" (Luc. 5:32). El arrepentimiento es un acto de fe, el cambio de la mente o voluntad de lo incorrecto a lo correcto, de Satanás a Dios.

Jesús dijo una buena ilustración en la parábola del hombre que tenía dos hijos "y acercándose al primero, le dijo: Hijo, vé hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiere; pero después, arrepentido, fue" (Mat. 21:28-29). "Fue es una acción después del arrepentimiento. El arrepentimiento fue el cambio de mente, el resultado consistió en que "fue," con la idea de trabajar entendida. Pedro dijo: "Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados" (Hch. 3:19). El arrepentimiento, entonces, es lo que concluye, resuelve, establece en la mente de uno la verdadera convicción de cual es la vida correcta para vivir. El verdadero arrepentimiento encierra la determinación de vivir para Cristo.

 

Paso Número 4: Con la boca

se confiesa para salvación (Rom. 10:10).

La fe es un paso absolutamente esencial del camino hacia Jesús (Heb. 10:39). La confesión es un reconocimiento público de la fe de uno en Jesús sin restricción. Jesús dijo, "A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos" (Mat. 10.32). Esta es la buena confesión que Felipe pidió que el eunuco etíope hiciera para que pudiera ser bautizado en Jesucristo (Hch. 8:35-39).

 

Paso Número 5:

Uno debe ser bautizado en Cristo para el perdón de los pecados.

¿Por qué ser bautizado? (1) No porque el agua salve; (2) no porque pueda ser salvo a sí mismo sin el Señor; y (3) no porque él pueda hacer las suficientes buenas obras para adquirir salvación. No hay poder en el agua. Uno no puede ser salvo por sí mismo; ni aún el hombre sabe que hacer, mucho menos puede hacer lo suficiente para adquirir la salvación (2 Tim. 1:12-13). El dijo, "El que creyere y fuera bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado" (Marc. 16:16). Comisionó a Sus apóstoles a ir por todo el mundo y predicar el evangelio: "hacer discípulos..., bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días..." (Mat. 28:19-20).

Pedro predicó el primer sermón aún después de que la comisión fue dada. Aquellos cuyo corazón fue compungido preguntaron, "¿Qué haremos?" Pedro contestó, "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hch. 2:37-38). El arrepentimiento y el bautismo de ellos era para el mismo propósito, "para perdón de los pecados." Si el bautismo fuera a causa de la salvación, entonces el arrepentimiento también sería a causa de la salvación. Cada uno de ellos (el bautismo y el arrepentimiento) es un acto de fe para el perdón de los pecados. Estos son mandamientos para ser obedecidos. El resultado que es prometido es el perdón de los pecados.

¿Por qué ser bautizados? (1) Para obedecer la enseñanza de Cristo (Mat. 28.19-20; Marc. 16:16). Aquellos que rechazaron el bautismo de Juan rechazaron el designio de Dios (Luc. 7:30); mucho más, aquellos que rechazan el bautismo de Cristo rechazan el designio de Dios (Hch. 19:1-5). (2) Para seguir la enseñanza del Espíritu (1 Cor. 12:13), y (3) para obedecer la enseñanza de los apóstoles (Hch. 2:38; 10:48; 18:8; 19:1-5; Rom. 6:3-4; Gál. 3:27; 1 Ped. 3:21).

El propósito del Nuevo Testamento para el bautismo está explicado en las siguientes palabras: (1) Para "nacer de agua y del Espíritu" (Juan 3:5); (2) para ser "salvo" (Marcos 16:16); (3) "para perdón de los pecados" (Hch. 2:38); (4) para "lavar los pecados" (Hch. 22:16); (5) para estar "bautizados en Cristo" (Gá. 3:26-27; Rom. 6:4); (6) para el "lavamiento de la regeneración" (Tito 3:5); y Pedro plenamente declara, (7) "El bautismo que corresponde a esto ahora nos salva" (1 Ped. 3:21). El bautismo es enfatizado por la salvación de Noé del mundo antiguo al nuevo. El agua fue un medio que Dios usó para salvar a Noé y a su familia. El bautismo es un medio, un acto de fe en obediencia al mandamiento de Jesús y en aceptación de la promesa para salvación. Dijo, "El que creyere y fuere bautizado, será salvo." ¿Le cree usted a Cristo? (Luc. 6:46).

Si usted necesita más información, lea las historias relatando las conversiones: (1) Los Samaritanos y Simón el Mago. Ellos escucharon, creyeron, y fueron bautizados (Hch. 8:12-13); (2) El Eunuco Etíope (Hch. 8:30-39); (3) Cornelio y su casa (Hch. 10:34-35,47-48); (4) Saulo de Tarso (Hch. 9:6,18; 22:16); (5) Lidia y su casa y (6) el carcelero de Filipos y su casa. Ellos escucharon la palabra, la creyeron, y fueron bautizados (Hch. 16:14-15,25-34). ¿Qué más necesita uno para continuar sirviendo al Señor? Fe para continuar confiando y obedeciendo a Jesús nuestro Salvador y Señor (Heb. 5:8-9; 2 Tesal. 1:7-9). Jesús dijo, "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mat. 7:21,24-27). No hay otra forma. ¿Aceptará usted el camino del Señor?

Un aporte de Jaime Restrepo

volver


IGLESIA DE CRISTO

Madrid 950, SANTIAGO - CHILE

Hosted by www.Geocities.ws

1