IGLESIA DE CRISTO

Por Gracia Uno Es Salvo

"Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe" (Efesios 2:4-9).

En la expresión de la gracia, Dios nos ha hecho vivir, nos ha resucitado y nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús. En todo lo que Cristo ha hecho y es, nosotros participamos. De esta manera Dios, por todas las eras subsecuentes, demuestra las excelentes riquezas de Su gracia. Dios es rico en misericordia, caracterizado por el gran amor por el hombre. Cuando estábamos muertos en pecados encomendó Su amor para con nosotros al dar a Su Hijo (Rom. 5:8).

En el pecado estamos perdidos, eternamente separados de Dios (Rom. 3:23; 6:23). Sin la intervención de Dios, no tendríamos esperanza. Nada podríamos hacer o liberarnos. Con agradecimiento, Dios, movido por su amor, hizo una decisión en nuestro beneficio (Efe. 1:3-12). Sobre esta decisión, Dios expuso los medios de nuestra salvación, ejecutados en la persona de Jesús, y ha extendido Su gracia a todos los hombres (Tito 2:11-12).

 

La Gracia Extendida y Recibida

Todos reconocen que el hombre es salvo por gracia. Hay, no obstante, tres ideas en cuanto a cómo está gracia es extendida, eso es, cómo el hombre obtiene las bendiciones que Dios ofrece.

1) La gracia infundida (vaciada). Este concepto sostiene que Dios opera directamente sobre el corazón por el Espíritu Santo de manera que el hombre es vuelto justo sin su propia voluntad. Esta idea está basada en la doctrina de la depravación heredada, que describe al hombre como totalmente incapaz de creer, obedecer, o hacer alguna cosa buena cualquiera que sea. Unicamente aquellos que son incondicionalmente elegidos son los recipientes de la gracia de Dios la cual El infunde (vacía) por una operación directa del Espíritu Santo.

2) La gracia imputada. Este concepto supone que Dios cuenta a un hombre justo sin sus acciones justas, esto es, sin obtener el perdón y sin someterse a la voluntad de Dios en donde la justificación es revelada. Dios pone a su cuenta la justificación que pertenece a Jesucristo, mientras que él ciertamente es injusto.

3) La gracia obedecida. Este concepto reconoce que la gracia de Dios está extendida a todo la humanidad. Mientras uno reconoce que no hay nada que él pueda hacer para merecer las bendiciones de Dios de esta manera ofrecidas, la recepción de estas bendiciones es personal. Debe humillarse él mismo ante Dios y obedecer Su voluntad. Es perdonado de sus pecados y disfruta de la salvación que es en Cristo. Es justo a causa de la justificación; Dios lo ha perdonado y lo acepta en su compromiso de andar en la luz.

Debemos de una vez desechar los conceptos de la justificación infundida (vaciada) e imputada en vista de que las Escrituras claramente enfatizan el hecho de que la salvación es condicional. La salvación no es solamente dependiente de la voluntad de Dios para salvar. Si es así, entonces todos seremos salvos en que El "no está queriendo que nadie perezca," sino que "todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad" (2 Ped. 3:9; 1 Tim. 2:4).

 

La Salvación es Condicional

La gracia de Dios enseña que el hombre debe reunir ciertas condiciones, así estipuladas por Dios, si va a disfrutar de las bendiciones que El ofrece.

"Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente" (Tito 2:11-12).

Lo que uno hace es importante, como lo es con lo que uno cree. Nadie que no exprese su fe en Cristo será salvo. Esta fe debe ser expresada en la obediencia a la voluntad de Dios (Mat. 7:21). La salvación por tanto es condicional en la obediencia a Dios.

"Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo" (2 Cor. 5:10).

"No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación" (Juan 5:28-29).

"...En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia" (Hch. 10:34-35).

La gracia abarca más que la simple buena voluntad de Dios para salvar al hombre. Dentro de este favor son necesarias condiciones que Dios mismo tuvo que satisfacer antes de extender la salvación. Tuvo que haber una propiciación, por medio de la cual El pudiera ser justo mientras era el justificador de los hombres (1 Juan 2:2; Rom. 3:25-26). Tuvieron que haber medios de redención, reconciliación, justificación, etc., antes de que el hombre pudiera ser salvo. Jesús es este medio; tuvo que venir a esta tierra, vivir como hombre, y morir una muerte vicaria para llevar a cabo esto.

Desde el punto de vista del hombre hay mas envuelto que la mera disposición de Dios para salvar. Otras cosas están envueltas:

  1. Oir la palabra: 1 Cor. 15:1-2; 1:21-25.
  2. Fe, resultando del oir: Juan 6:47; Heb. 11:6; Marc. 16:16.
  3. Arrepentimiento: Hch. 11:18; Luc. 13:3; Hch. 2:37-38.
  4. Bautismo: 1 Ped. 3:21; Gál. 3:26-27.
  5. Entrando a una novedad de vida (Rom. 6:3-7), uno debe vivir por fe, eso es, en obediencia al evangelio de Cristo (Rom. 1:16 17; Filip. 1:27; 2:12).
  6. La obediencia está envuelta en la gracia de Dios. Cuando uno obedece, acepta la gracia de Dios, eso es, las bendiciones y favores que vienen por gracia.

 

La Gracia y las Obras

Uno podría levantar la pregunta, "¿Cómo puede la gracia envolver obediencia y no ser de obras? Pablo coloca las obras en desacuerdo contra la gracia." La respuesta al aparente problema está en el entendimiento del hecho de que hay tres clases de obras:

1) Las obras del hombre. Estas son cosas hechas acorde a la razón humana, hechos que supuestamente están agradando a Dios y harán al hombre aceptable. Israel, por ejemplo, había añadido a la palabra de Dios muchas tradiciones humanas, de las cuales Pablo dice: "Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios" (Rom. 10:3). Jesús dijo que la adoración, siguiendo tradiciones humanas, es vana (Mat. 15:9).

2) Las obras de la ley. La Ley no es un salvador; únicamente puede definir la conducta correcta y traer bajo condenación la conducta incorrecta. Unicamente por una obediencia perfecta uno podría ser justificado bajo la ley. En vista de que "todos han pecado," todos están bajo la ira de la ley (Rom. 3:23). La ley no puede justificar el pecador. "...porque si la ley pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley" (Gál. 3:21).

Sin embargo algunos de los primeros Cristianos estaban siendo cortejados a retornar a la ley, suponiendo que la justificación estaba bajo la ley. Buscar la justificación en la ley era un rechazo de Cristo. En respuesta, Pablo escribió, "No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo" (Gál. 2:21).

3) Las obras de Dios. Obedeciendo a Dios bajo las provisiones de la gracia en Cristo no es una contradicción de la gracia. La gracia de Dios enseña que uno está para responder a la voluntad de Dios para vivir sobria, justa y piadosamente (Tito. 2:11-12).

Si la gracia excluye toda obediencia, entonces la fe misma está excluida. La fe es una obra de Dios (Juan 6:28-29). No obstante "por gracia sois salvos por medio de la fe" (Efe. 2:8). La gracia por tanto no excluye la fe, no excluye las obras de Dios (Tito 3:4-7). Cuando uno obedece al evangelio de Cristo, está confiando en la gracia de Dios para salvarlo.

Abraham fue justificado por las obras, cuando su fe en Dios fue hecha perfecta a través de su obediencia a Dios. Fue dicho que él "creyó en Dios" cuando obedeció a Dios. "Vosotros véis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe" (Sant. 2:21-24). La obediencia a Dios, comenzando con la fe, está dentro de la gracia de Dios.

 

Ejemplos de la Gracia

Abraham es un ejemplo de siendo bendecido por medio de la gracia de Dios. Se convirtió en recipiente de las bendiciones y favor de Dios cuando completamente se sometió a Dios para hacer Su voluntad. Su obediencia no estaba en rechazo de la gracia de Dios, sino que mas bien estaba en reconocimiento de ésta (Rom. 4:16-22; Sant. 2:21-24).

Noé es un ejemplo de gracia. "Noé halló gracia ante los ojos de Jehová" (Gén. 6:8). La gracia no excluyó la fe (Heb. 11:7). Su fe lo movió a preparar el arca para la salvación de su casa. Creyó, construyó el arca. "Y lo hizo así Noé; hizo conforme a todo lo que Dios le mandó" (Gén. 6:22). No obstante fue salvo por la gracia de Dios.

Nuestra salvación del pecado es después el ejemplo de los Efesios. Pablo escribe que fueron salvos por gracia (Efe. 2:8). En el proceso ellos escucharon el evangelio y creyeron (Efe. 1:13). Su fe se expreso en el arrepentimiento (Hch. 20:21) y el bautismo (19:5). Su obediencia no negó la gracia de Dios. En consecuencia, cuando Pablo escribió que ellos fueron salvos por gracia por medio de la fe, y no de obras, para que ningún hombre se gloriara, no estaba excluyendo la obediencia a Dios (Efe. 2:8-9). Las obras de las cuales uno podría gloriarse serían las "obras del hombre" o "las obras de la ley." Cuando uno confía solamente en Dios para salvarle, y responde en fe a las condiciones de Dios, no tiene nada de lo cual gloriarse.

La obediencia a través de su vida, como lo enseña la gracia, no es mérito de salvación: después que todo es dicho y hecho, uno es aun un siervo inútil (Lucas 17:10).

 

La Gracia Puede Ser en Vano

Que la gracia es condicional, demostrando que la obediencia a Dios es en aceptación de Su gracia, es observado por el hecho de que uno podría recibir la gracia de Dios en vano. Una gracia irresistible nunca podría ser en vano, pero una gracia que enseña una respuesta obediente es en vano cuando el hombre deja de responder en obediencia. Pablo reconoció el hecho de que podía recibir la gracia en vano.

"Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo" (1 Cor. 15:10; comp. 1 Cor. 9:27).

Necesitamos continuar en la fe, como obradores conjuntamente con el, para que no recibamos la gracia de Dios en vano (2 Cor. 6:1).

Un aporte de Jaime Restrepo

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