IGLESIA DE CRISTO

Nuestra Herencia

"Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero" (1 Ped. 1:3-5).

Cada hijo fiel de Dios es un heredero de Dios y le ha sido prometida la vida eterna por nuestro Padre. "Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna...en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos...la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro" (1 Juan 2:25; Tito 1:2; Rom. 6:23). Nuestra herencia prometida, la cual está en el cielo en la presencia del Padre, Hijo y Espíritu Santo, y con los ángeles elegidos, y todos los redimidos de todos los tiempos, es incorruptible, pura, y no desaparece. Nuestra herencia en el cielo es imperecedera, permanece para siempre, nunca decae. Es pura. No la hemos obtenido por deshonestidad, ni por fraude; allí no será tal como el alma corrupta, o mezclada de extravagancia, sensualidad, y lujuria, como una rica herencia siempre lo hace aquí será tal que su gozo eterno nunca tenderá en alguna manera a manchar el corazón" (Albert Barnes). Será siempre nuevo y fresco, y todo su esplendor y brillantez original, luminosidad y belleza. Esta maravillosa herencia de los santos en luz, en la presencia del mismo Todopoderoso, en esa tierra de días que no se marchitan y en ese ciudad se nos revelará a nosotros cuando Jesús venga otra vez en el último día del tiempo (Col. 1:14; Apoc. 21:1-27; 22:1-20; 1 Tesal. 4:13-18; 2 Tesal. 1:3-10).

Nuestra entrada a tal herencia no está únicamente condicionada sobre nuestro venir a ser hijos de Dios a través de la fe, el arrepentimiento y la obediencia en el bautismo, sino también sobre nuestro venir a ser fieles a nuestro Señor y Salvador Jesucristo durante todo nuestro tiempo de vida. "Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para la plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas" (Heb. 6:11-12). El apóstol Pedro dijo, "Por lo cual hermanos, tanto más procurad haced firme vuestra vocación y elección, porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo" (2 Ped. 1:10-11). El hijo de Dios perezoso, negligente, indiferente, profano, infiel, no tiene esperanza y ninguna promesa de herencia eterna (Mat. 25:31-36). Esto está reservado para aquellos que están sufriendo voluntariamente con El y que están "guardados por el poder de Dios mediante la fe" (Rom. 8:17; 1 Ped. 1.5). En esta vida tenemos cientos de bendiciones de parte de Dios y en el mundo por venir la vida eterna (Marcos 10:28-30).

¿Eres tú hijo de Dios y heredero Suyo? ¿Estas preparado ahora para la vida eterna en el cielo? Hoy, ahora, es el día de salvación (Heb. 3:13,15; 4:7; 2 Cor. 6:2).

Un aporte de Jaime Restrepo

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