IGLESIA DE CRISTO
No Os Hagáis Esclavos de los Hombres
El apóstol Pablo en 1 Cor. 7:23 dijo, "Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres." Ciertas clases de libertad son deseables. Deseamos ser liberados de la opresión de los tiranos y del pecado. Pero también es verdad que todo hombre sirve a algún señor. Los libertinos están en la clase de esclavitud más baja — esclavos del pecado (Rom. 6:16-23; Juan 8:34). El deseo de ser absolutamente libre, sin la guía y restricción de Dios, es desastroso. El hombre no fue diseñado por el Creador para vivir de esa manera. Si él intenta hacerlo de esta manera, se vuelve semejante a un carro fugitivo sin conductor. Cristo vino para liberarnos del pecado (Juan 8:32), pero cuando nos libra del pecado, inmediatamente nos convertimos en Sus siervos (Rom. 6:5-7, 15-18). Siervo de justicia es lo mismo que siervo de Cristo. Pedro y Pablo se describieron a si mismos como siervos de Cristo (Rom. 1:1; 2 Ped. 1:1). Pedro dijo en 1 Ped. 2:15-16, "Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios."
El hombre que sirva a Dios debe servirle a El únicamente. No se atreva a intentar servirle a dos señores; esto es una imposibilidad (Mateo 6:24). Si somos siervos de Dios y de Cristo, no podemos al mismo tiempo ser siervos de los hombres. Pablo no estaba hablando de la esclavitud física, en vista de que algunos Cristianos de ese día eran esclavos y se les mandó a obedecer a sus señores. ¿Exactamente cómo podemos ser traídos bajo esclavitud espiritual a los hombres?
Algunos hermanos de los tiempos del Nuevo Testamento fueron traídos bajo esclavitud por señores Judaizantes (Gál. 2:4; 4:3; 4:9; 5:1). Cualquier ley de los hombres siendo enseñada hoy día son paralelas (Col. 2:20-23). Cuando permitimos que los falsos maestros nos engañen, ya sea en la moral o en religión, nos hemos convertido en sus siervos. Podrían prometernos libertad para poder atraparnos (2 Ped. 2:18-19; Efe. 4:14). Los Cristianos sinceros pueden ser "engañados" con "sutileza" (2 Cor. 11:3; Col. 2:4-8; 2:18).
Podemos convertirnos en siervos de los hombres por medio de dar lealtad a otras cabezas religiosas que no sea Cristo. Los Católicos Romanos con su Papa no son los únicos culpables de esto. Hay siempre algunos en la iglesia que aman la "preeminencia" (3 Juan 9). Estos podrían ser los predicadores, ancianos, editores, o presidentes de colegios. Podrían no tener alguna posición oficial. Pero no debemos seguir a ningún hombre, excepto mientras ese hombre que se sigue es Cristo (1 Cor. 11:1). Los ancianos nunca fueron destinados para ser dictadores de la iglesia o para usurpar algo de la autoridad de Cristo (1 Ped. 5:3). El Cristiano que sigue a un anciano dentro de la apostasía no puede esperar escapar de la responsabilidad.
Hay otra forma en que podemos convertirnos en siervos de los hombres. Esto es por desarrollar una actitud materialista, mundana. Esto podría ser dividido en dos partes: (1) un deseo por los bienes materiales, (2) un deseo por la aprobación de los hombres. Somos advertidos contra el amor al dinero y el deseo de las riquezas (1 Tim. 6:9-10). Esto puede llevar a una esclavitud no únicamente del dinero mismo, sino a los hombres que lo controlan, y finalmente al Diablo, en vista de que él controla los reinos de este mundo con sus riquezas. Aquellos que aman el dinero harán cualquier cosa para conseguirlo. Aquellos que controlan el dinero demandarán entonces que les sirvamos en lugar de a Cristo. Muchos Cristianos han perdido su alma de esta manera. Los hombres descuidan a sus esposas, hijos, y finalmente, al Señor por tratar de avanzar ellos mismos en un trabajo que demanda demasiado de su tiempo y energía. Esto es en adición al hecho de que muchos empleadores demandan que los hombres bajo ellos violen aun las leyes morales de Dios: que mientan, engañen, y aun roben.
A causa de este peligro debemos aprender a estar contentos con lo que tenemos (Heb. 13:5). No es un pecado en si mismo para el hombre el desear que su familia tenga una casa decente; un buen carro, etc. Pero esto se convierte en pecado cuando ese hombre pone estas metas por encima de hacer lo correcto y servirle a Dios.
El deseo por la aprobación de los hombres es igualmente peligroso. Romanos 12:2 nos dice, "No os conforméis a este siglo." Nos conformaremos si necesitamos la aprobación de los hombres. No haremos y diremos ciertas cosas por el temor de la ofensa; no resistiremos las costumbres pecaminosas tales como la bebida, la ropa inmodesta. Una mujer no puede siempre estar a la moda y ser modesta, a pesar de lo que algunos predicadores digan. El estilo, la moda, está admitidamente basado en los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida; esto puede aun ser encontrado en la Enciclopedia Británica (véase el artículo bajo "vestido"). El Cristiano que no se atreva a ser diferente está sentenciado a ser un esclavo de los hombres. Muchos han sido siervos de los hombres por años y ni aun lo saben, estando engañados ellos mismos.
Debemos hacer un compromiso de servir a Dios y seguir a Cristo, no permitiendo que los hombres nos aten o engañen. Como dijo Josué hace mucho tiempo, "Pero yo y mi casa serviremos a Jehová" (Josué 24:15). Hermanos, "no os hagáis esclavos de los hombres."
Un aporte de
Jaime RestrepoIGLESIA DE CRISTO
Madrid 950, SANTIAGO - CHILE