IGLESIA DE CRISTO

Las Diez Vírgenes

Para aquellos cuyo principal interés es ir al cielo cuando mueran, la parábola de las Diez Vírgenes provee una afectiva advertencia de que debemos estar preparados para el retorno del Señor. Para estar seguros, la verdad central enseñada por Jesús en esta parábola es una de vigilancia y disposición para ese gran día. Estoy confiado en que esto nos importara a todos para ser siempre sabedores del hecho que de "ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos" (Rom. 13:11).

Jesús dirige esta punzante historia de Sus seguidores, a aquellos que estarían previendo Su retorno. La parábola sigue las declaraciones de Cristo en Mateo 24 con respecto a Su retorno, vívidamente ilustrando Su conclusión: "Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis" (Mat. 24:44). Tal amonestación es enfáticamente apoyada por el Señor a la conclusión de esta parábola: "Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo de Hombre ha de venir" (Mat. 25:13).

La parábola encontrada en Mateo 25:1-13, dice de la historia de diez vírgenes que esperan que el esposo arribara de manera que pudieran acompañarle en su procesión a la fiesta nupcial. Todas esperan tener parte en esta gozosa ocasión, todas traen sus lámparas con ellas, todas esperan con anticipación el retorno del novio, y todas duermen mientras él se demora. Pero al arribo del novio cinco de las vírgenes no estaban preparadas, habiendo fallado en traer el aceite necesario para llenar sus lámparas claudicadoras. Incapaces de prestarles lo que ellas no trajeron, salen a comprar mas aceite y pierden su anticipada participación en las festividades nupciales.

En la parábola las sabias son contrastadas con las necias. Sin embargo, en este contraste únicamente una cosa se distingue de las dos: "Las prudentes tomaron aceite en sus vasijas, juntamente con sus lámparas" (v.4). En todos los otros respectos las diez vírgenes parecen idénticas. Y hasta el anunciamiento del novio, todas esperan reunirse con él y entrar a la fiesta nupcial.

Las vírgenes necias no estaban preparadas a causa de su propia negligencia y falta de perspicacia. Desafortunadamente, tal negligencia y miopía puede ser encontrada hoy entre el pueblo del Señor. Muchos se sienten salvos y seguros mientras esperan el regreso del Señor solamente porque han "obedecido al evangelio" y están asistiendo a la iglesia "correcta." Pedro advierte de tal miopía complaciente, implorando a los hermanos a "hacer firme vuestra vocación y elección" por añadir a su fe virtud, conocimiento, dominio propio, paciencia, piedad, afecto fraternal, y amor (véase 2 Ped. 1:5-11).

No hay indicación de que las vírgenes necias eran hipócritas; eran simplemente necias. Carecían en lo que era esencial para estar listas para el retorno del novio. Mas que esto, eran ignorantes de su deficiencia hasta que fue demasiado tarde. Consecuentemente, se sentaron confiadamente esperando por el arribo del novio, gastando todo el tiempo y oportunidad para prepararse para esto. Pablo advierte contra una vida de oportunidades derrochadas mientras escribe, "Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos" (Efe. 5:15-16).

Uno de los mas grandes retos que enfrenta el pueblo de Dios hoy día es el letargo y la apatía hacia la responsabilidad individual para la causa de Cristo. La obra del Señor es la mas grande obra de todas, y el hacer de esto afecta no solamente el crecimiento del cuerpo del Señor (véase Efe. 4:11-16), sino la salvación de nuestras propias almas (véase 1 Cor. 15:58). Unicamente por medio de hacer la voluntad de Dios heredaremos el reino de los cielos (Mat. 7:21). Por tanto, nuestro servicio a Dios no debe ser medido por lo menos que podamos hacer, sino por la más grande contribución que potencialmente podamos hacer al reino de Cristo. Recuerde, estas vírgenes sabias estaban preparadas porque trajeron bastante aceite, no simplemente el mínimo.

El rechazo de las cinco vírgenes necias es recordativo de aquellos de quienes se habla en Mateo 7:22-23 que llamaban a Jesús "Señor" y que hacían "muchos milagros" en Su nombre. Aunque ellos, también esperaban entrar, fueron rechazados. Debemos ser cuidadosos en no dejar que la esfera de nuestro discipulado sea limitado a alguna área de la obediencia. En lugar de esto, debemos obedecer al Señor sin parcialidad, intentando agradarle en todos los aspectos de la vida. Permanecer contra los errores del institucionalismo, la música instrumental, o el evangelio social — mientras fallamos en ser la clase de padres, maridos, o hermanos que Dios espera, o viviendo una vida de impiedad, es neciamente estar no preparado para el retorno del Señor.

El pueblo de Dios tiene la esperanza del cielo. Pero debemos cuidarnos de no confundir la "bendición asegurada" que acompaña una fe activa y viviente con el auto-engaño y falsa seguridad que tan a menudo acompaña la negligencia espiritual. Pueda Dios ayudarnos a todos a tener una fe creciente y vital — una fe que obre por medio del amor (Gál. 5:6), y a entender que una vez que la oportunidad por hacer la voluntad de Dios se pierde y nuestra luz por el Señor se va, es demasiado tarde para volver a encender la llama cuando el Señor regrese. "He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación" (2 Cor. 6:2).

Un aporte de Jaime Restrepo

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