IGLESIA DE CRISTO

El Uso de Nomos En El Nuevo Testamento

La palabra nomos que generalmente es traducida "ley" aparece un número de veces en el Nuevo Testamento. La más grande concentración de referencias a la ley aparecen en Romanos y Gálatas.

 

La Ley Antes de Moisés

Puesto que el pecado es infracción de la ley de Dios (1 Juan 3:4), donde no hay ley, no hay pecado (Rom. 4:15; 5:13). Sin ley divina, el pecado está muerto (Rom. 7:8). Si hubiera habido en algún momento un período durante el cual el hombre no tuvo ley de Dios, no se habría cometido pecado.

Consecuentemente, vemos que alguna ley de Dios existió desde la creación. Adán y Eva pecaron en el jardín. Otros fueron culpables de pecado antes de la entrega de la ley de Moisés. Por tanto, Pablo escribió: "Pues antes de la ley (de Moisés), había pecado en el mundo; pero donde no hay ley, no se inculpa de pecado" (Rom. 5:13).

Además, los Gentiles estaban bajo la ley de Dios, aunque no bajo la obligación de obedecer la ley de Moisés. El argumento de Pablo en Romanos 1 está designado para mostrar que los Gentiles rechazaron la revelación de Dios y giraron a una conducta licenciosa. En resumen de su argumento en el capítulo 3, Pablo declaró que había probado a "... judíos y gentiles, que todos están bajo pecado" (Rom. 3:9). Si los gentiles eran pecadores (lo cual eran), estaban bajo una ley de Dios de alguna clase.

Cualquier ley bajo la que el mundo en general estuvo antes de Dios revelar una ley especial a través de Moisés fue la ley bajo la que los Gentiles vivieron antes de la venida de Cristo. Eran culpables de pecado porque violaron esa ley.

 

El Pacto y la Ley

Algunas personas tienden a confundir el pacto de Dios con la Ley de Moisés. Recordemos que Dios estableció Su pacto con Abraham, prometiendo que a través de su simiente todas las familias de la tierra serían benditas (Gén. 12:3), cuatrocientos años antes de que la ley llegara.

En Gál. 3:15-18, Pablo afirmó que una vez que un pacto es hecho entre dos partes, no pueden ser añadidas nuevas condiciones.

"Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade. Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo. Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios para con Cristo, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa. Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa; pero Dios la concedió a Abraham mediante la promesa" (Gál. 3:15-18).

Por tanto, uno se convierte en heredero de Dios, no a través de la ley, sino a través del pacto. La salvación viene a través del pacto, con su perfecto perdón de pecados, no a través de simplemente guardar la ley, con una vida perfecta vacía de pecado. En Rom. 4:14, Pablo enfatizó este mismo punto; dijo: "Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa".

Entiendo esto, uno puede ver que el hombre nunca ha sido aceptable a Dios sobre la base de la perfecta guarda de la ley. Un sistema de ley de salvación nunca ha sido usado para justificación. Si hubiera sido usado para justificación, nadie podría haber sido salvo.

La ley de Moisés nunca fue tenida como de otro sino de origen divino. La ley vino de Dios; Moisés solamente repitió lo que Dios le reveló. "... fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador" (Gál. 3:19). En consecuencia, la ley de Moisés era la ley de Dios.

 

La Demanda de la Ley de Obediencia Perfecta

La más grande preocupación del libro de Gálatas es con referencia a la ley concebida como un sistema de justificación. Pablo contrasta la salvación por obras de obediencia a la ley, con la salvación por fe por medio de la gracia en ambos, en Romanos y Gálatas. Para entender el tema en estos libros, uno debe entender el contraste determinado por Pablo y su uso de la palabra ley.

La ley prometió salvación al hombre que obedeciera sus mandamientos. Pablo declaró:

"Porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados" (Rom. 2:13).

"Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas" (Rom. 10:5).

"Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas" (Gál. 3:10).

En consecuencia, la vida es prometida al hombre que obedezca las leyes de Dios mientras que la maldición de la ley cae sobre el desobediente.

La ley nunca fue destinada como un medio de justificación del hombre. Jamás nadie ha sido justificado por una vida sin tacha en la guarda de la ley. El argumento de Pablo en Romanos 4 es que jamás se esperó que nadie fuera justificado por la obediencia perfecta. El caso de Abraham, quien fue justificado por fe, fue citado para mostrar que Dios siempre ha justificado al hombre por fe y no a través de la obediencia perfecta a la ley Mosaica (o alguna otra ley para ese asunto). Por tanto, Pablo dijo: "Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe. Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa" (Rom. 4:13-14). Similarmente, añadió: "Mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó" (Rom. 9:31). En Gálatas, Pablo añadió lo siguiente:

"Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo para ser justificados por la fe de Jesucristo y no por las obras de la ley, por cuanto las obras de la ley nadie será justificado" (2:16).

"Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá" (3:10-11).

Lo que fue verdad de la ley Mosaica es verdad de cualquier ley. Nadie puede ser salvo por la obediencia perfecta a la ley puesto que ninguno de nosotros es perfecto guarda de la ley; todos hemos pecado, nos hemos convertido en transgresores de la ley, estamos reposando bajo la maldición de la ley, y estamos sentenciados a condenación. Si la ley pudiera justificar, no hubiera sido necesario algo mas que la ley de Moisés: "No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo" (Gál. 2:21).

Puesto que todos los hombres son culpables de pecado, la ley dejó al hombre en una condición de condenado y sentenciado. Producía ira (Rom. 4:15); muerte (Rom. 7:5); dejó al hombre en una condición miserable (Rom. 7:24); dejó al hombre bajo maldición (Gál. 3:10-11); dejó a todos los hombres bajo pecado (Gál. 3:22); dejó a todos los hombres encerrados en pecado (Gál. 3:23). Por tanto, era un yugo de esclavitud (Gál. 5:1). Pedro describió la ley como un "yugo" que "... ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar" (Hch. 15:10). La ley de mandamientos expresados en ordenanzas era enemistad (Efe. 2:15). La fuerza del pecado era la ley (1 Cor. 15:56). La ley era incapaz de librarnos de la esclavitud del pecado (Rom. 8:3). No podía justificar (Gál. 3:21); nada perfeccionó (Heb. 7:19). Aquellos bajo la ley necesitaban la redención (Gál. 4:5).

Nadie podía vivir una vida perfecta. Todos los hombres han pecado (Rom. 3:23). Sólo Jesús vivió una vida de obediencia perfecta a la ley. Vino a este mundo, se sujetó a la ley (Gál. 4:4). Aunque tentado en todos los puntos, nunca pecó (Heb. 4:15). Fue capaz de cumplir todas las demandas de la ley. Habiendo vivido una vida perfecta, fue calificado como un Cordero sin mancha (1 Ped. 1:19) para ser ofrecido por los pecados del mundo.

El sacrificio de Jesucristo era necesario para librar a la humanidad del pecado. Por tanto, Pablo predicó: "Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree" (Hch. 13:38-39). Nótese que la Ley no podía justificar al hombre (fuera la ley Mosaica o cualquier otra ley; porque ciertamente ninguna ley de origen humano podrá hacer lo que la Ley de Moisés no pudo hacer).

Las demandas de la ley no pueden ser cumplidas por medio de vivir una vida perfecta, por cuanto yo soy culpable de pecado. Sin embargo, las demandas de la ley pueden ser cumplidas por el derramamiento de la sangre de Cristo; por tanto: "Para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros ..." (Rom. 8:4), Cristo es el fin de la ley de justicia (Rom. 10:4).

Si la ley no podía justificar, ¿por qué fue dada?

¿Por Qué Fue Dada la Ley?

Hay varias declaraciones en el Nuevo Testamento que revelan el propósito de la ley. Pablo dijo, por ejemplo, que: "... por medio de la ley es el conocimiento del pecado" (Rom. 3:20). Necesitamos observar varias de estas declaraciones para ver el propósito de Dios en el envío de Su ley.

1. La ley reveló el pecado al hombre. La única forma en que el hombre pudo saber lo que es pecado fue a través de la revelación de Dios. Pablo dijo: "... yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás" (Rom. 7:7). "... porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado" (Rom. 3:20). En este sentido, la ley hizo que el pecado abundara (Rom. 5:20). La ley "... fue añadida a causa de las transgresiones ..." (Gál. 3:19).

Cuando observamos este aspecto de la ley, apreciamos el hecho de que Dios ha dado una ley a la humanidad. La única cosa que hace al asesinato, al hurto, a la violación, etc., pecado, es lo que Dios ha dicho: "No robaras". Sin una revelación de Dios, no entenderíamos que estas cosas son pecado porque "... donde no hay ley, tampoco hay transgresión" (Rom. 4:15). Por tanto, la existencia de la ley hace ciertas cosas pecado; la revelación de la ley manifiesta al hombre que cosas desagradan a Dios. La ley de Dios no es transmitida en la naturaleza física del hombre por concepción y nacimiento en algo más de lo que la culpa de pecado es transmitida de esta manera. La revelación divina especial es requerida para que el hombre conozca lo correcto de lo incorrecto. En consecuencia, la ley reveló al hombre lo que es pecado.

2. La ley reveló la forma de vida correcta para el hombre. Así como la ley reveló el pecado al hombre, también reveló la justicia al hombre. La "ley ... es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno" (Rom. 7:12). Fue ordenada para vida (Rom. 7:10); eso es, fue ordenada para revelar la forma de vida para el hombre.

Como Cristiano, observo la ley de Dios, no como un yugo de esclavitud que es pesado para ser llevado (aunque estábamos tratando de ser salvos por medio de la obediencia perfecta a la ley, probablemente así lo consideraría), sino como una revelación de como Dios quiere que viva. La ley me revela la clase de conducta que Dios aprueba y quiere que manifieste en mi vida.

Podemos ver, por tanto, un doble propósito de la ley. Fue dada para mantener al impío en chequeo (1 Tim. 1:8-10) y revela la conducta apropiada en la vida para el justo. Por esta razón, uno puede entender por qué Pablo enlistó la entrega de la ley de Moisés como uno de los benditos privilegios dados a la nación de Israel (Rom. 9:4).

3. La ley lo trae a uno a Cristo. La ley fue añadida a causa de las transgresiones (Gál. 3:19). Su naturaleza temporal fue vista en que era lo último hasta que viniera "la Simiente" (Cristo). Por tanto, la ley fue "nuestro (a los Judíos) ayo, para llevarnos a Cristo ..." (Gál. 3;24). Pablo dijo a Timoteo que las Sagradas Escrituras (el Antiguo Testamento) eran capaces de "... hacerlo sabio para salvación por la fe que es en Cristo Jesús" (2 Tim. 3:15).

4. La ley tipificaba la obra de Cristo. A través de los tipos y sombras, la ley Mosaica predijo y explicó la gran obra de Cristo en la redención de la humanidad. El libro de Hebreos demuestra este uso de la ley en detalle por medio de comparar a Cristo con el sacerdocio Levítico y el sacrificio en la adoración Levítica. Sin las ordenanzas de la ley, tendríamos problemas para entender cómo Jesús es "el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Juan 1:29).

 

Justificación Sin la Ley

¿Que una nueva doctrina estaba siendo enseñada cuando por primera vez, salvación sin obediencia a la ley de Moisés fue enseñado a los Judíos? No obstante, esto es exactamente el mensaje de Romanos. Pablo escribió:

"Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y los profetas" (Romanos 3:21).

"Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley" (Romanos 3:28).

Declaraciones como estas revelan el hecho de que las Escrituras del Nuevo Testamento liberan de la obligación de observar la ley de Moisés. Otros pasajes muestran la misma cosa.

Segunda de Corintios 3:6-18 contrastó la Ley de Moisés con el nuevo pacto como sigue:

Antiguo Pacto

Nuevo Pacto

1. Escrito con el Espíritu (v.3).

1. Escrito con tinta (v.3,8).

2. Escrito en tablas de carne del corazón (v.3).

2. Escrito en tablas de piedra (v.3).

3. Del Espíritu (v.6).

3. De la letra (v.6).

4. Vivifica (v.6).

4. Mataba (v.6).

5. Ministerio del espíritu (v.8).

5. Ministerio de muerte (v.7).

6. Abunda en gloria (v.9).

6. Fue con gloria (v.7)

7. Ministerio de justificación (v.9).

7. Ministerio de condenación (v.9).

8. La gloria permanece (v.11).

8. La gloria pereció (v.7)

Romanos 7:1-6 enseña que los Cristianos murieron a la ley con Cristo y, por tanto, no continúan obligados a obedecerla. "Pero ahora estamos libres de la ley..." (Rom. 7:6).

Efesios 2:14-17. La ley que era la pared intermedia de separación entre Judíos y Gentiles fue abolida habiendo sido clavada en la cruz.

Colosenses 2:14-17. El acta de los decretos que era nos era contraria fue clavada en la cruz y borrada. Por tanto, uno no tiene mas obligación de obedecer la ley Mosaica.

Hebreos. Puesto que Cristo, un descendiente de la tribu de Leví, es ahora el Sumo Sacerdote, un cambio de ley fue necesitado (Heb. 7:12). Por consiguiente, el primer pacto fue removido para establecer el segundo pacto (8:7-13). "...quita lo primero, para establecer esto último" (Heb. 10:9).

La liberación del hombre de la Antigua Ley no era contrario a la Antigua Ley. Mas bien, Pablo dijo: "Porque yo por la ley soy muerto para la ley, a fin de vivir para Dios" (Gál. 2:19). Por la ley él fue dejado espiritualmente muerto, condenado al Infierno a causa de su pecado. Además, la ley misma profetizó su propia cesación (Jer. 31:31-34). Los sacrificios de la Antigua Ley solamente prefiguraron el verdadero sacrificio por el pecado. Cuando Cristo dio su vida en rescate por el pecado, le dominio de la ley sobre el hombre terminó.

Por consiguiente, ¡la justificación del hombre está totalmente separada de la obediencia a la ley Mosaica! El no está bajo la ley, sino bajo la gracia (Rom. 6:14). "Pero venida la fe, ya no estamos bajo ayo" (Gál. 3:25). En Cristo, morimos a la ley (Rom. 7:1-6).

 

Reversión a la Ley

¿Qué sucede, cuando aquellos que han sido justificados por la fe en Cristo Jesús, deciden retornar a la sujeción de la Ley Mosaica? Esa es exactamente la controversia enfrentada por los primeros Cristianos en la discusión de la circuncisión. La circuncisión no era considerada como lo es ahora, una simple operación de limpieza y aseo con respecto a la salud de uno; era correctamente entendida en su relación a la ley Mosaica. Aquellos que demandaban que uno debía ser circuncidado para ser salvo (Hechos 15:1-2) estaban demandando que los Cristianos Gentiles se sometieran a la ley de Moisés para permanecer justificados ante los ojos de Dios.

El apóstol Pablo entendió correctamente la seriedad de la cuestión. Esto golpea el mismo corazón del evangelio de Cristo. Por consiguiente, declaró que la reversión a la ley de Moisés frustraba la gracia de Dios, "...si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo" (Gál. 2:21). Esto es, si una persona puede ser justificada por guardar la ley, entonces Cristo realmente no necesitó venir a este mundo a morir por los pecados de la humanidad; porque ya había un camino preparado para la salvación del hombre el cual no envolvía la muerte del Hijo de Dios. Por tanto, Su muerte habría sido en vano.

Por cuanto esto era contrario al mismo corazón del evangelio, Pablo correctamente instruyó que la reversión a la ley de Moisés era apostasía (Gál. 5:1-4). En ese argumento en Gálatas 5, Pablo declaró que la reversión a la ley hacia a la muerte de Cristo de ningún beneficio, obligándolo a uno a guardar toda la ley si uno guardaba tanto como una parte de ella, y daba como resultado el que cayera uno de la gracia (Gál. 5:1-4). Pedro, en el principio, había declarado que aquellos que enseñaban que uno tenía que ser circuncidado para ser salvo estaban trastornando las almas y perturbando a los hermanos (Hechos 15:24).

Por consiguiente, cuando Pablo comprendió que la salvación era por la fe en Cristo Jesús y no por la obediencia a la ley de Moisés, abandonó la ley como medio de justificación (Gál. 2:16). Las cosas que él había considerado importantes mientras servía a la ley, ahora las consideraba simples desechos, las dejó a un lado para que pudiese ser salvo por Jesucristo (Filip. 3:2-12).

 

La Actitud de los Judíos del Primer Siglo Hacia La Ley

Los libros de Hechos, Romanos, 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Colosenses, Filipenses, y Hebreos muestran que la primera iglesia tuvo conflicto a causa de que ciertos miembros de ella sentían que la Ley de Moisés aún era obligatoria sobre los Cristianos. Otros Cristianos estaban en desacuerdo; por lo tanto, sobrevino un conflicto.

La temprana iglesia manifestó al menos tres grupos diferentes: (1) Los Judaizantes. Estos Cristianos de veras creían que uno tenía que ser obediente a la Ley de Moisés para ser salvo (Hechos 15:1-2). (2) Los Cristianos Judíos que guardaban la Ley de Moisés como parte de su herencia. Lucas registra que muchos en la iglesia en Jerusalén aún guardaban la ley de Moisés, a pesar del hecho de que un documento oficial había sido enviado declarando que los Gentiles no tenían que obedecer la ley de Moisés para ser salvos. No obstante, Jacobo dijo a Pablo: "...Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley" (Hechos 21:20,24). En consecuencia, había un grupo que guardaba la ley de Moisés pero no para ser salvos. (3) Los Cristianos Gentiles. Estos hombres no guardaron la ley de Moisés por ninguna razón. Estos grupos entraron en conflicto los unos con los otros, durante el primer y segundo siglo.

Como este conflicto continuó a través del primer siglo, diferentes hombres manifestaron diferentes actitudes hacia la ley. Sin embargo, la verdad como la proclamó el Espíritu Santo a través de Pablo recibió la completa aprobación de los apóstoles en Jerusalén, y prevaleció. El declaró que se volvió en Judío para los Judíos y actuó como Gentil para los Gentiles. Escribió:

"Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número. Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que están sin ley. Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos" (1 Cor. 9:19-22).

Este pasaje revela que el estudio de Pablo condujo a presentarlo a él mismo como inofensivo para las personas con quienes estaba trabajando. Por consiguiente, cuando estuvo entre los Judíos, guardó la ley de Moisés (Hechos 21:26); cuando estuvo entre los Gentiles, se condujo a sí mismo como Gentil.

Sin embargo, no hay duda que la visión inspirada de Pablo era la opuesta en la era del Nuevo Testamento. Los Gentiles pensaron que él había hecho muchas concesiones a los Judíos; los Judíos pensaron que él había abandonado la ley de Moisés. No obstante, Pablo no hizo ni lo uno ni lo otro. Al vivir en obediencia a la ley de Cristo, trató de aceptar las diferentes culturas de ambos grupos.

 

Bajo la Ley Para Cristo

Aunque el Cristiano no vive bajo la ley Mosaica y no es justificado por la obediencia perfecta a alguna ley, está, no obstante, bajo ley. Pablo declaró que aunque no estaba bajo la ley Mosaica, "no estaba sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo" (1 Cor. 9:21). En el libro de Gálatas, uno de los más grandes tratados contra la justificación por la obediencia perfecta a la ley, declaró que uno debe cumplir la "ley de Cristo" (Gál. 6:2). Santiago también habló de "la perfecta ley, la de la libertad" (Sant. 1:25; 2:12). De estos pasajes, vemos una referencia a la ley bajo la que viven los Cristianos. Notemos los siguientes puntos de esta observación.

1. Si no hubiera ley, no habría transgresión. El punto que observamos con referencia a aquellos que vivieron antes de la entrega de la ley de Moisés necesita ser recordada con referencia a aquellos que están viviendo bajo la ley de Moisés que fue abrogada. Pecado es infracción de la ley (1 Juan 3:4). Donde no hay ley, no hay transgresión (Rom. 4:15; 5:13). Si una persona va a ser culpable de pecado hoy día, debe haber una ley en vigor. Aquellos que declaran que no hay ley en vigor hoy día han negado la necesidad de Cristo. Sin ley, no hay pecado; sin pecado, no hay culpa y castigo por el pecado, sin castigo por el pecado, no hay necesidad de Cristo. En consecuencia, negar que hay una ley hoy día para el pueblo, es negar la necesidad de Cristo.

2. La ley de Cristo provee remedio para los pecados de la humanidad. La ley Mosaica no tenía nada sino el derramamiento de la sangre de los toros y de los machos cabríos en expiación por el pecado; sin embargo, la sangre de los toros y de los machos cabríos no era suficiente para pagar la culpa por el pecado (Heb. 10:4). La persona que buscaba vivir bajo la ley de Moisés era dejada sin un método de justificación con excepción del de guardar perfectamente la ley de Moisés. Sin embargo, a través de Cristo uno puede obtener el perdón de los pecados. Aunque él está bajo la ley para Dios, no es esclavo del pecado a causa del perdón de los pecados que está disponible para él por medio de Cristo. Es liberado de su cuerpo de muerte a través de Jesucristo nuestro Señor (Rom. 7:24-25); por tanto, no hay condenación para aquellos que están en Cristo Jesús (Rom. 8:1).

Uno puede entender por qué Santiago pudo referirse a la ley bajo la que vivimos nosotros los Cristianos como una ley de libertad (Sant. 1:25; 2:12) en contraste a la ley de condenación que dejaba al hombre muerte en sus delitos y pecados. La ley de Cristo provee un medio de liberación de la culpa y castigo de sus pecados. La sangre de Cristo que ha sido derramada por los pecados de la humanidad redime al hombre de la maldición de la muerte.

3. Hay revelado un modelo de conducta por el que los hombres deben vivir. Sin ley, el hombre sería dejado libre para vivir como quisiera. Sin embargo, el Cristianismo no es una anarquía ética, una organización religiosa sin reglas, o alguna otra forma de subjetivismo religioso. Dios tiene hoy día una ley para los hombres que es variamente conocida como la "ley de la libertad" o "la ley de Cristo". Puesto que está es también derivada de Dios, también puede ser llamada ley de Dios. Esta ley particulariza un modelo de éticas, un modelo de adoración, y otros temas revelados al hombre por Dios.

Esta ley no es simplemente un código externo por el cual los hombres guardan la letra de la ley. Es una ley que penetra mucho más profundo que eso. El profeta Jeremías profetizó de esta nueva ley diciendo: "...pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré..." (así citado en Hebreos 8:10). El nuevo pacto bajo el que vivimos está escrito en tablas de carne del corazón (2 Cor. 3:3). Es una ministración del espíritu y de justificación (2 Cor. 3:8-9). El Salvador crucificado y resucitado está en el corazón del sistema del evangelio en todas sus partes. Y ese Salvador exaltado en el corazón del hombre es el secreto el único poder espiritual del evangelio. La palabra de Dios es espíritu y dador de vida, no una pesada carga (Juan 6:63; 1 Juan 5:1-4). Uno ciertamente puede ver de estas referencias que el hombre no es dejado sin un modelo de conducta divinamente revelado para esta dispensación.

 

Conclusión

De este estudio del uso de la ley en el Nuevo Testamento, inferimos las siguientes conclusiones:

(1) El hombre no puede ser salvo por la guarda perfecta de alguna ley.

(2) El hombre puede ser salvo sin vivir en obediencia a la ley de Moisés.

(3) El hombre es salvo condicionalmente sobre el fundamento de la sangre derramada de Jesús.

(4) El hombre está para vivir ya en obediencia a la ley de Cristo.

Un aporte de Jaime Restrepo

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