IGLESIA DE CRISTO
El Rico Necio: Por Ningún Medio Extinto
Un dia Jesús estaba discutiendo importantes asuntos espirituales cuando un hombre entró y demandó, "Maestro, dí a mi hermano que parta conmigo la herencia" (Luc. 12:13). Jesús rehusó intervenir en esta disputa puramente material. El mostró Su impaciencia con la pregunta por medio de responder, "Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor?" (v.14). Luego dijo a la multitud, "Mirad, y guardaos de la avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee" (v.15).
Para ilustrar la codicia, Jesús entonces habló una parábola acerca de un cierto hombre pudiente cuya heredad produjo una abundante cosecha. Tuvo un problema de almacenamiento, porque sus graneros estaban llenos. Como el hombre prudente que era se sentó a decidir que hacer. Puedo imaginar como disfruto luchando en el asunto. Finalmente la decisión llegó. "Derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes" (v.18).
Esta decisión por sí misma no era tan incriminadora. Pero, él continúa, "Y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate" (v.19. En estas palabras el hombre revela su verdadero carácter, un carácter que Jesús condena.
Dios llamó al hombre un "necio." La razón dada es que no viviría para disfrutar estas provisiones (v.20). Luego Jesús advirtió que cada uno que (1) hace para sí tesoro y (2) no es rico para con Dios es como el rico necio. Esto incluye a alguien semejante a cualquier edad.
Pudiera sonar extraño a nosotros que Jesús condenara a un hombre que estaba únicamente preguntando por su propia herencia. Hemos sido enseñados a insistir sobre nuestros derechos. Pero, Jesús reprende a este hombre porque, teniendo la oportunidad para las ricas bendiciones espirituales, únicamente podía pensar en su herencia.
A través de las épocas han habido algunos pecados que son mas "respetables" que otros. El asesinato es horrible, el adulterio es vergonzoso, la mentira es lamentable — pero, ¿la codicia? Esa no es tan mala. De cualquier modo, es vaga, inclasificable género de la cosa que nadie realmente comete excepto quizás el avaro. La codicia es cuando un misterioso hombre de edad se sienta malvadamente en su alcoba, chachareando y corriendo sus dedos a través de un cofre de monedas de oro. Nadie mas es realmente codicioso.
Pero, Jesús dice que deberíamos cuidarnos de toda codicia, y la clara implicación es que quien se preocupa demasiado acerca de su herencia es un codicioso.
El granjero rico cometió varios errores, las clases que el hombre moderno ni aun llamaría errores. Es imposible pasar por alto su codicia. Doce veces el usa la forma de la palabra "mis." Añada a eso otros cinco verbos en la segunda persona ("tu") que realmente se refiere a él mismo, y la palabra "alma" (la cual podría ser traducida "tu mismo"), y usted obtiene algunas dieciocho referencias a él mismo. De sí mismo era todo lo que estaba pensando.
Segundo, él no conocía los ingredientes de una vida exitosa. Pensó que la felicidad se encontraba en las cosas que poseía.
Tercero, su confianza no estaba en Dios como el proveedor diario de su comida. Había ganado esto él mismo y guardaba esto en sus graneros.
Cuarto, presumió que viviría una vida larga y saludable. Se prometió a sí mismo una secuencia perpetua de descanso, comida, bebida, regocijo. Supuso que estaría alrededor para disfrutar todos sus bienes acumulados. Dios tenía otros planes.
¿Supone usted que no tenemos en este siglo nada en común con el rico necio? Muchos dirán, "No." Y sin embargo, es una cosa muy común ver Cristianos con la idea de que, "Mi dinero, honestamente adquirido, es mío, y no tengo la responsabilidad de gastarlo en alguien mas sino en mí." Vemos a los jóvenes que planean sus vidas mucho como el hombre rico lo hizo. "Me instruiré en mi ramo. Trabajare duro y haré mi fortuna. Proveeré para mi mismo una generosa nidada de huevos. Después un retiro temprano, y gastaré muchos años haciendo todas las cosas que deseo hacer." Para el rico necio, eran los bienes en el granero. Para nosotros es la pensión, el certificado de depósito o algo más, todo lo cual está correcto si no perdemos nuestra vista en Dios como nuestro proveedor diario. Es necio asumir que tenemos una arriendo sobre la vida o que nuestras circunstancias personales permitirán que disfrutemos lo que tenemos en el banco. El problema no estaba en que era rico, sino en que era un necio. Sus riquezas le permitieron la independencia para razonar como un necio.
Necesitamos recordar (1) que somos administradores de la abundancia de Dios; (2) que las posesiones materiales en sí mismas no pueden proveer una vida feliz; (3) que Dios provee por nosotros todo los días aun si tenemos un largo retiro de ingresos; y (4) no debemos ignorar la posibilidad de una muerte temprana o los problemas de salud (y otros) que prohiben el gozo de esos ingresos. Debemos disfrutar la vida a plenitud pero recordemos ser agradecidos. Los "bienes" verdaderamente importantes son los que El nos envía un día a la vez.
Un aporte de
Jaime RestrepoIGLESIA DE CRISTO
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