IGLESIA DE CRISTO
EL PECADO IMPERDONABLE
"Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; más la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero"
(Mat. 12:31-32).Nótese lo peculiar en el texto. (1) Toda blasfemia será perdonada a los hombres, excepto la blasfemia contra el Espíritu Santo. (2) Cualquiera que hablare contra Cristo, le será perdonado, pero al que hable contra el Espíritu Santo no le será perdonado. (3) Esta blasfemia contra el Espíritu no será perdonada ni en este siglo ni en el venidero.
¿Por qué esta blasfemia contra el Espíritu es peor que las otras formas de blasfemia? ¿Cuál es la diferencia en blasfemar contra Jesús y en blasfemar contra el Espíritu Santo desde que ambos son Deidad? Estas preguntas, y otras, procuraremos contestar a medida que prosigamos en este estudio, pero antes inquirimos en esto, permítanos considerar diferentes interpretaciones que han sido ofrecidas.
Diferentes puntos de vista
(1) Atribuyendo los milagros de Jesús al poder del Diablo. Los Fariseos habían acusado a Jesús de arrojar demonios por el poder de Beelzebú (Mat. 12:24). La narración paralela en Marcos parece identificar el cargo, "Tiene espíritu inmundo," como la blasfemia contra el Espíritu Santo (Marcos 3:30).
R.C. Foster hace la observación en referencia a Marcos 3:30 de que esta es una declaración descontinuada. "Pero aquellos que insisten en que esta es la prueba positiva miran desde lo alto que ésta es una declaración descontinuada. ¿Cuál es la conexión en la estructura gramatical? ¿Para qué deberíamos relatar las palabras a causa de lo que ellos dijeron? ¿Indica esto que la discusión entera se levanta a causa de que ellos habían dicho que Jesús estaba en la posesión del demonio? o ¿esto afirma una absoluta identificación del pecado?" (The Middle Period, p. 67). Mi persuasión es que la declaración precipitó la discusión, más bien que ser ésta una identificación del pecado.
Este mismo cargo de Jesús teniendo un demonio fue hecho cerca de un año más tarde. Leamos, "Respondieron entonces los Judíos, y le dijeron: ¿No decimos bien nosotros, que tú eres samaritano, y que tienes demonio?" (Juan 8:48). En el v.52, los Judíos dijeron de nuevo, "Ahora conocemos que tienes demonio." Más tarde, los Judíos dijeron otra vez, "Demonio tiene, y está fuera de sí; ¿por qué le oís?" (Juan 10:20).
Aparentemente, estos mismos Judíos que habían acusado a Jesús con tener un demonio, fueron los que le crucificaron. Sin embargo, Jesús oró, "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Luc. 23:34). Esta oración fue contestada cuando multitudes de Judíos obedecieron al evangelio en Pentecostés (Hch. 2:22-41).
El atribuir los milagros de Jesús al poder del diablo no era, por tanto, el pecado imperdonable. Su pecado era de blasfemia contra Jesús antes que de blasfemia contra el Espíritu Santo del cual habló Jesús.
(2) Un acto específico. Si el pecado es un acto particular, ¿cuál es éste? Ciertamente Dios nos hubiera dicho si hay un pecado específico para el cual no hay perdón una vez haya sido cometido. No es el asesinato porque los Judíos en Pentecostés fueron perdonados por el asesinato del Hijo de Dios. No es la fornicación, la idolatría, la homosexualidad, etc., porque los Corintios fueron perdonados de estas cosas (1 Cor. 6:9-11).
Realmente, no hay pecado tan atroz o grave que Dios no lo perdonara si una persona quiere el perdón. Este es un asunto de reunir las condiciones de Dios y luego la sangre de Cristo nos limpiará de todos los pecados. Hay poder en la sangre.
(3) Rechazo de la invitación. Esta posición falla en considerar la palabra "blasfemia" y la expresión "hablar contra." Una persona que rechaza la invitación del evangelio no ha hablado contra, o injuriado o insultado al Espíritu Santo. El podría ser un creyente en Dios, Cristo, y el Espíritu Santo y considerar las Escrituras como la palabra de Dios, sin embargo rechazar la invitación por muchas razones. ¿Ha cometido él el pecado de blasfemar contra el Espíritu Santo del cual habló Jesús? ¡Ciertamente no!
Es concedido que sus pecados no son perdonados, y si se muriera, se perdería, pero esto no es acerca de lo cual Jesús estaba hablando. Hay aquellos que no son siempre conjuntamente persuadidos para venir al Señor que no dirán una palabra contra Cristo o el Espíritu Santo.
(4) Un repudio del testimonio del Espíritu en la dispensación Cristiana. Esta posición, a mi juicio, es la mas defendible a toda la descripción incluida en la enseñanza Bíblica, tanto contextual como por la mayor parte. Permítanos mirar la evidencia para justificar esta posición.
Repudio del Testimonio
Ahora estamos viviendo en la dispensación del Espíritu Santo. Jesús dijo, "Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador...él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho" (Juan 14:16,26). "Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio...él os guiará a toda la verdad..." (Juan 16:8,13).
Esta dispensación del Espíritu, la era Cristiana, es la última del hombre y el único medio de salvación. No hay nada que vaya a ser algo más. El que repudiare al Espíritu Santo (abandone, no reconozca, renuncie, hable contra, insulte al testimonio del Espíritu Santo) no tiene perdón en este siglo (dispensación Cristiana) o en el venidero (la eternidad). Los siglos son quizás usados por Jesús en Mateo 12:32 en la misma forma que Pablo los usa en Efesios 1:21 — ahora y en la eternidad. No habrá clemencia o mitigación de los dolores para aquellos que traten con desprecio y burla el testimonio del Espíritu.
Hablando contra el Espíritu Santo es hablar contra lo que él ha revelado. Esta es la metonimia del discurso, la cual es el empleo de un nombre o una palabra por otro. Aquí, el Espíritu Santo es usado cuando su testimonio es pretendido. Por ejemplo, Jesús dijo a los Judíos, "Porque si creyéseis a Moisés, me creeríais a mí" (Juan 5:46). Ellos nunca escucharon a Moisés personalmente, pero tenían sus escritos. De esta manera Moisés es colocado por su escritos. Lo mismo es verdad en Lucas 6:29. Otra vez, Pablo dijo, "Mas vosotros no habéis aprendido así a Cristo" (Efe. 4:20), refiriéndose a la enseñanza de Cristo. En consecuencia, la blasfemia contra el Espíritu Santo es blasfemar contra su enseñanza.
Ninguna Diferencia
Realmente, hoy no hay alguna diferencia en la blasfemia a Cristo y en la blasfemia al Espíritu Santo. La diferencia que Jesús hizo fue mientras estaba en la carne. Foy E. Wallace escribió: "Pudiera no haber razón por la que hablando contra Cristo debería ser menos fatal que el hablar contra el Espíritu Santo, o que el hablar contra el Espíritu Santo, debería ser más mortal que el hablar contra Jesucristo, a no ser por una cosa: el elemento del tiempo, o la dispensación, de la era Cristiana, y del testimonio del Espíritu Santo. El rechazo de Cristo durante su ministerio personal en la tierra no era final. Pero el repudio del Espíritu Santo en la dispensación de su testimonio era para ‘convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio’ (Juan 16:8), sería el acto final de rechazo. Jesús estaba hablando del presente con referencia a él mismo, y del futuro de este modo aplicado al Espíritu Santo. Podría no haber ahora diferencia en el rechazo del Espíritu Santo y en el rechazo de Jesucristo, y hay numerosos pasajes que apoyan esta afirmación" (Mission & Medium of the Holy Spirit, p. 110).
El que "blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno" (Marc. 3:29). Cuando Pablo predicó a Jesús en Antioquía de Pisidia, algunos Judíos llenos de celos, "rebatían lo que Pablo decía, contradiciendo y blasfemando. Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles" (Hch. 13:45-46). Estos Judíos blasfemaron contra Jesús, eso es, de su palabra, y se juzgaron a sí mismos indignos de la vida eterna. En lo que hicieron, también habían blasfemado contra el Espíritu Santo, y estaban en peligro de condenación eterna.
Pablo dijo, "Todos los que están bajo el yugo de esclavitud, tengan a sus amos por dignos de todo honor, para que no sea blasfemado el nombre de Dios y la doctrina" (1 Tim. 6:1). A Tito, el mismo apóstol le escribió de como deben conducirse las mujeres para que "la palabra de Dios no sea blasfemada" (Tito 2:5). En cada uno de estos pasajes, el mismo pecado del cual estamos escribiendo está implicado. Cuando la palabra de Dios es tratada con burla, ridiculización e insulto, el así llamado "pecado imperdonable" ha sido cometido. La última y única esperanza, ha sido repudiada.
Los Santos Pueden Cometerlo
Su atención está dirigida hacia el uso de Lucas de la blasfemia contra el Espíritu Santo. El escribió, "...pero al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no le será perdonado" (Luc. 12:10). Nótese el contexto. Esto es usado en conexión con los discípulos de Jesús confesando o negándole delante de los hombres. En consecuencia, esto tiene que ver con los discípulos blasfemando el evangelio cuando se indujo bajo la persecución. Pablo dijo de los santos, "Y muchas veces, castigándolos en todas las sinagogas, los forcé a blasfemar..." (Hch. 26:11). McGarvey y Pendleton escribieron, "En su hora de prueba un discípulo debía recordar la tierna compasión del Maestro contra quien es empujado a hablar, y el extremo peligros de pasar más allá de la línea de perdón en su blasfemia" (The Fourfold Gospel, p. 318).
De esta manera, del uso de Lucas de la blasfemia contra el Espíritu Santo, parece abundantemente claro que el pecado es darse uno mismo por encima de la injuria, el abuso, renunciando, o hablando contra el testimonio divino del Espíritu Santo.
Aparentemente, los apóstatas de la carta Hebrea serían culpables de la blasfemia contra el Espíritu Santo. Leemos, "¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?" (Heb. 10:29). Hacer afrenta al Espíritu de gracia es insultar al Espíritu.
El léxico de Thayer define "afrenta" como sigue: "Tratar con desprecio." La palabra "desprecio" significa, "Lenguaje o trato insolente o arrogante; altanería o atrevimiento lleno de desprecio" (Webster). En consecuencia, cuando los apóstatas renuncian al evangelio y hablan contra su poder y mérito, están blasfemando contra el Espíritu Santo. Compare también Heb. 6:1-6 en esta conexión.
En conclusión, enfaticemos que Dios no puede y no salvará a un hombre que repudie el gran sistema por medio del cual él puede ser salvo.
Un aporte de
Jaime RestrepoIGLESIA DE CRISTO
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