IGLESIA DE CRISTO
"El Libro de la Vida del Cordero"
El apóstol Pablo, escribiéndole a los hermanos Filipenses, hizo una apelación de ayuda para ciertas mujeres, y para otros colaboradores con él en el evangelio: "...cuyos nombres están en el libro de la vida" (Filip. 4:3). El apóstol Juan lo llama el "Libro de la vida del Cordero" en el Apocalipsis (Apoc. 13:8; 21:27).
Es evidente que la verdad nunca puede contradecir a la verdad. El fracaso del hombre en reconocer este hecho en el estudio de la Palabra de Dios ha llevado a muchas falsas teorías y doctrinas en la religión de nuestro Señor. De esta manera son culpables de torcer las escrituras para su propia destrucción (2 Ped. 3:15-16).
En el estudio y la enseñanza de la palabra de Dios (la verdad eterna) uno nunca debe interpretar algún pasaje o pasajes en una manera que los coloque en oposición (contradicción) a otros pasajes sobre el mismo tema. Esta es la primera regla de las verdades hermenéuticas. Ejemplo: "...en verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia" (Hch. 10:34-35). La antigua doctrina Calvinista de la predestinación de los individuos (la elección y la reprobación incondicional), enseñando que Dios de esta manera determinó esto desde antes de la creación del mundo, se coloca diametralmente opuesta a la declaración inspirada de arriba por el apóstol Pedro lo cual debería ser claro para uno y para todos.
Para que podamos entender más claramente la doctrina de la "reprobación y la elección incondicional," he tomado un parágrafo de un artículo escrito por el hermano James Adams y publicado en el Gospel Guardian recientemente: "La elección y la reprobación incondicional quiere decir que Dios por un acto de Su propio soberano propósito y voluntad desde el principio ha seleccionado cada persona que va a disfrutar la salvación eterna y ha rechazado a cada persona que se condenará eternamente, y que el número está de esta manera fijado y definido como para ser en algún momento aumentado o disminuido." (En la obra citada arriba, Juan Calvino, Bk. 3, cap. 21-24)."
La pregunta ante nosotros es simple: "¿Escribió Dios en Su libro de la vida los nombres de cada persona a ser salvas antes de crear al mundo, como algunos piensan o no? Creo que un estudio cuidadoso en el registro divino de lo que este revela acerca del libro de la vida del Cordero nos dará la respuesta a nuestra pregunta.
La palabra "libro", como usado por los escritores de la Biblia cuando se refieren al libro de la vida de Dios, quiere decir que Dios es sabedor de todos los que son Sus hijos obedientes, no que hay un registro físico guardado en el cielo. El Señor conoce a los Suyos. Tener su nombre escrito en el cielo quiere decir que Dios reconoce que usted es un sujeto que se ajusta para el cielo (Luc. 10:20; Heb. 12:23). También, uno debe siempre guardar en mente que su nombre puede ser borrado de este reconocimiento (Apoc. 3:5; Ex. 32:33). Por tanto, un hijo de Dios puede de esta manera pecar y no arrepentirse hacia Dios de manera que se pierde eternamente (Luc. 16:19-21).
En Exodo 32:33 Moisés hace una súplica muy apasionada a Jehová, pidiéndole que lo borre del libro que El había escrito, si no perdonaba el gran pecado de Israel. Moisés ofreció sacrificarse a sí mismo tanto en este mundo como en el porvenir por el pecado de Israel. Jehová le dijo en el versículo 33, "Al que pecare contra mi, a éste raeré yo de mi libro."
El profeta Malaquías lo llama un libro de memoria. En Malaquías 3:16 lo hace muy claro no solamente como que cuyos nombres están escritos en él sino de cuando son escritos en éste. (Véase Isaías 4:3). En el Salmo 69:28 encontramos una profecía relatando la venida del Mesías (Cristo), advirtiendo que todos los que lo rechacen serán borrados del libro de la vida. De esta manera concluimos que el libro de la vida, así usado en las Escrituras, siempre se refiere a los individuos dignos de la salvación eterna, dignos a causa de su obediencia a la palabra de Dios en su dispensación. Este es el libro de la vida del Cordero porque es Su sangre la que limpia a los hombres de sus pecados (Heb. 9:15, comp. Dan. 12:1-4). En una visión a Daniel le es permitido un vistazo del juicio final que ha de venir. Aquí nuevamente los escritos en el libro se refieren al redimido y a la recompensa de ellos por la fidelidad (Véase Apoc. 20:11-15).
Apocalipsis 13:8 "Y la adoraron (a Satanás) todos los moradores de la tierra cuyos nombres no estaban escritos en el libro de la vida del Cordero que fue inmolado desde el principio del mundo." Esto se refiere a todos los que no adoraron a Dios en Espíritu y en verdad (Juan 4:24). Esto es eso que Pablo habló en 2 Tesal. 1:7-9. Muchos yerran al hacer que la frase "desde el principio del mundo" se aplique a la palabra "escrita," en lugar de a la palabra "destinado." La predestinación de la muerte de Cristo fue de esta manera fijada en el orden de Dios para la salvación del hombre, eso podría ser referido como, "destinado desde antes de la fundación del mundo." En palabras claras era el "plan" y el "hombre" lo que fue predestinado en la gracia de Dios (Véase 1 Pedro 1:19-20). Pablo declara que este es el plan eterno de Dios, el cual propuso en Cristo Jesús nuestro Señor (Efe. 3:11). Fue el propósito eterno de Dios ofrecer a Su Hijo Unigénito como un sacrificio perfecto por los pecados del hombre (2 Cor. 5:21). Esto es lo que fue predestinado antes de la fundación del mundo, no nombres individuales escritos en el libro de la vida. Apoc. 17:8 enseña la misma cosa como 13:8; es simplemente una conversación un poco diferente.
Apocalipsis 21:27 coloca el registro en línea recta conforme a quien será salvo y quien no. En los versículos anteriores, Juan, a través de la visión, revela la majestuosa belleza de la Nueva Jerusalén y la gloria del Dios Todopoderoso en términos metafóricos, luego lo corona con el versículo 27, "No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero." Esto se refiere a todos lo que obedecen la voluntad de Dios (Mat. 7:21; Heb. 5:8-9).
Un aporte de
Jaime RestrepoIGLESIA DE CRISTO
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