IGLESIA DE CRISTO


CRISTO EN NOSOTROS


 Si bien es cierto, nosotros tenemos relativamente claro los atributos de la Deidad de Cristo, que es Dios, es Eterno, Inmutable, el Yo Soy, expresión que indica un presente perpetuo, inconscientemente tendemos a asociarlo en una misión circunscrita al periodo Novotestamentario, especialmente a los que nos relata los evangelios. Sentimos de igual forma, una gran alegría y regocijo al revelársenos a nosotros este "misterio" que se mantuvo oculto desde la eternidad, que Cristo, es además de ser nuestro redentor, es nuestra esperanza de gloria.

Podríamos pensar entonces que, todos aquellos creyentes que vivieron y murieron en la antigüedad no tuvieron esta dicha de conocerlo pero ¿es tan así?

resultan bien interesante, ver como nuestro Señor tuvo un rol tan activo en el periodo que comprendió el Antiguo Testamento como en el Nuevo, pero con la única salvedad, que su rol en la antigüedad era una sombra, un preámbulo, una figura de lo que realmente iba a acontecer en los postreros tiempos. Por Ejemplo, parece interesante lo relatado en :

(1 Cor.10:1-4) Remontándose al pasado, el autor no muestra un paralelo entre Israel y la iglesia, dice que "luego que son bautizados, el pueblo participa del Pan del Cielo y bebieron de la roca que los seguía, que era Cristo".

Existió esa comunión entre el pueblo y su Creador y el futuro Salvador, pero fue necesario que previamente cruzaran las aguas del Mar Rojo.

Pero no termina ahí la manifestación de nuestro Señor, veamos en:

(1 Ped.1:10-12) Los profetas deseaban conocer acerca del protagonista de esta profecía, pero lo maravilloso de todo esto es que Cristo mismo estaba dentro de ellos y fue él quien adelantándose a su tiempo, describe con lujo de detalles sus propios sufrimientos como algo consumado. Es el caso del profeta Isaias, quien en el Capitulo 53:13; y 54:1-12 detalla los sufrimientos del Cordero de Dios.

Esta capacidad de adelantarse a los acontecimientos futuros, su presciencia y omnisciencia, no dejan más que entrever la doble agonía de nuestro Señor al ver esos angustiantes momentos para tiempo después enfrentarse a ellos

"...comienzo a entristecerme y angustiarme en gran manera...mi alma está muy triste, hasta la muerte, quedáos aquí y velad conmigo...Padre mio, si es posible, pase de mí esta copa, pero no se haga como yo quiero, sino como tú" (Mt.26:37-39).

Angustia, tristeza y soledad, presentes en un momento decisivo de su propia existencia.

(Dan.12:8-13) "Pero yo oí, más no entendí y dije: Señor Mio ¿Cuál será el fin de estas cosas? él respondió, anda Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin...y tú irás hasta el fin, y reposarás y te levantarás para recibir tu heredad al fin de los días"

Jesús estuvo con los discípulos, enseñándoles,animándolos y exhortándoles, pero vemos como además de prometerles otro consolador, les dice que "no los dejaré huérfanos, yo vendré a vosotros" (Jn.14:15-20), "si alguno me ama, guardará mi palabra y mi Padre le amará, y nosotros iremos a él y haremos morada con él" (Jn.14:23).

El Padre y el Hijo del pueblo de Israel, ahora presente en medio de su pueblo espiritual, los cristianos. "Si alguno me ama", ese amor ser tal que debe se capaz de provocar un cambio, una total y absoluta transformación, uno debe de "crucificarse" (Gál.2:20) esa naturaleza vieja, para luego comenzar a vivir con Cristo.

En (Rom.8:9-10) la manifestación trina de la Deidad queda magistralmente plasmada en el Espíritu de Dios, el Espíritu de Cristo y Cristo mismo habitando en el cristiano. ¿De qué forma? nos preguntamos, "Cristo mora en nuestros corazones por la fe" (Efes.3:15-17), y pueden morar dentro de nosotros porque "Dios es Espíritu" (Jn4:24) y además "Porque Yo y el Padre uno somos" (Jn.10:30) .

Que importante resulta concluir que a través de la historia de la humanidad, Cristo a estado presente en cada una de sus etapas, por eso Cristo está sobre nosotros como nuestro Rey; está junto a nosotros como nuestro amigo; está en nosotros como un Espíritu vivificante (1 Cor.15:45).

 

Un aporte de Ricardo Rivadeneira

¡Que Dios les bendiga!


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