IGLESIA DE CRISTO

Conocimiento: Una Necesidad Para el Vivir Piadoso (1)

Cuando Pedro escribió acerca de las pruebas de la piedad o los frutos del Espíritu, urgió que el conocimiento fuera añadido a nuestras vidas. El conocimiento de la voluntad de Dios es y siempre ha sido una de las virtudes más vitales entre el pueblo de Dios. Jesús dijo: "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8:32). Hace largo tiempo Dios dijo: "Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos" (Oseas 4:6). Cuando Dios permitió que las diez tribus fueran llevadas cautivas a Asiria, fue a causa de la falta de conocimiento propiamente aplicado. Cuando el pueblo de Judá fue llevado a Babilonia, fue a causa de la falta de conocimiento. El pueblo rehusó escuchar a hombres como Jeremías. ¡Cuan vital es el conocimiento.

 

I. Lo Que Hace la Falta de Conocimiento

1. La falta de conocimiento nos guarda en esclavitud espiritual a Satanás. Cuando Jesús dijo, "Y conoceréis la verdad, y la verdad os habrá libres" (Juan 8:32), los Judíos respondieron, "Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie, ¿Cómo dices tú: Seréis libres. Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado" (v.33-34). Estaban en esclavitud espiritual a causa de la falta de conocimiento. Estoy seguro de que son miles sobre la tierra hoy día que no son Cristianos porque no quieren. Ellos, también, están en esclavitud a causa de la falta de conocimiento. Que una responsabilidad dinámica es colocada sobre el Cristiano para llevar las palabras de libertad a los perdidos de manera que puedan "ser salvos y venir al conocimiento de la verdad" (1 Tim. 2:4). Ciertamente la falta de conocimiento nos mantendrá esclavizados al diablo.

2. La falta de conocimiento hace que nos perdamos. En 2 Tesal. 2, Pablo habló del inicuo "a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida" (v.8). Este inicuo obra en completa armonía con Satanás (v.9). En las palabras de Pablo él usa "todo engaño de iniquidad para los que se pierden" (v.10). ¿Por qué serán engañados? ¿Por qué se perderán? "Por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos" (v.10). A causa de que no tuvieron amor por la verdad, "Dios les envía un poder engañoso para que crean la mentira" (v.11). El resultado de la creencia de ellos que es falsa es la condenación (v.12). ¿Cuál es la cura para esta condición? El amor por la verdad hará que busquemos esa verdad, la aprendamos y vivamos por ella porque esta es la solución.

3. La falta de conocimiento nos guarda como hijos sacudidos y llevados por los vientos y las olas. Una razón por la que Jesús dio dones a la iglesia - apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros - fuera para ayudarnos a llegar al "conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto" (Efe. 4:11-13). Como resultado de este conocimiento, dice él, "ya no seremos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error" (v.14). Por tanto, la falta de conocimiento nos dejará como a los niños. Nos coloca en la posición de ser zarandeados por las olas, y llevados de un lado a otro por la estratagema y artimañas de los hombres. Esto bien podría explicar porque "millones llaman ‘santo padre’ al papa." Bien podría explicar porque millones están felices en el denominacionalismo. Bien puede explicar porque miles de hermanos no tienen un concepto de la autoridad Bíblica y por tanto practican cosas que no están autorizadas. Son engañados por la falta de conocimiento.

4. La falta de conocimiento nos guarda de ser capaces de enseñarle a los demás. Esta fue precisamente la situación descrita por el escritor a los Hebreos en 5:12-14: "Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuales son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; pero el alimento sólido es para los que han alcanzado la madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal." Habiendo sido Cristianos por bastante tiempo debían ser capaces de enseñarle a los demás, pero su falta de conocimiento los dejó en la clase de los niños donde la leche tenía que ser usada mas bien que el alimento sólido. La iglesia es robada de maestros capacitados a causa de alguna falta de conocimiento que ellos deberían haber obtenido. Las almas podrían ser robadas de la salvación a causa de que alguien no les enseñó el camino de vida. Cuan trágico ciertamente es la falta de conocimiento cuando ese conocimiento pudo haber sido obtenido.

5. La falta de conocimiento hace que estemos avergonzados. A menudo citamos 2 Tim. 2:15: "Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad." Un descuido en el estudio significa que tendré una falta de conocimiento. Esto hará que me avergüence y no sea capaz de "dar una respuesta por la esperanza que hay en mi." Hará que me avergüence de no ser capaz de guiar a mis hijos correctamente. Hará que me avergüence de no ser capaz de ser una fuente de sabiduría espiritual para mis nietos. Mas de lo que cualquier cosa diga, hará que me avergüence cuando este delante del Señor en el día del juicio. ¡Oh, cuando necesito obtener el conocimiento del Señor y su camino!

 

II. Cómo Nos Llega el Conocimiento

1. Una persona no nace con conocimiento. No es un don que puede ser conferido en Navidad o como un regalo de cumpleaños. El Espíritu Santo no desciende y nos imparte conocimiento. El conocimiento es adquirido únicamente por el uso de nuestra mente en esa actividad llamada estudio. Nuestras mentes son capaz de mucho más, y sin embargo usamos tan poco. Los psicólogos nos dicen que usamos solo del 2 al 5 por ciento de nuestras capacidades mentales. Oliver Wendell Holmes dijo que las personas promedio van a su sepultura con su música aun en él. Estoy seguro de que esto es verdad en nuestras vidas espirituales. Podríamos aprender tanto acerca de Dios y de Su palabra y sin embargo no lo aplicamos a nosotros mismos. ¡Continuamos siendo enanos espirituales cuando podríamos convertirnos en gigantes espirituales! La única forma en que podemos conocer la palabra de Dios es por el estudio. No hay otra forma. Ese estudio podría ser en forma de nuestra propia lectura de la palabra de Dios y en la información acerca de esta o por medio de escucharla de otros y discutirla con ellos. Pero la verdad es auto-evidente: debemos estudiar para obtener conocimiento.

2. Dios nos manda que estudiemos su palabra para que podamos conocer su voluntad. Pedro nos dice que seamos "como niños recién nacidos" y "deseemos la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación" (1 Ped. 2:2). Además dijo: "creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo" (2 Ped. 3:18). La necesidad es evidente; la orden es clara: ¡debemos estudiar la palabra!

3. Somos inspirados por algunos nobles ejemplos del estudio de la Biblia. La actitud de Cornelio es un ejemplo hermoso de uno deseando conocer y aprender la verdad. El dijo: "Así que luego envié por ti; y tú has hecho bien en venir. Ahora, pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado" (Hch. 10:33). La inspiración alaba al pueblo de Berea como siendo "nobles" porque "recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así" (Hch. 17:11). Su búsqueda de conocimiento los llevó al esfuerzo diligente y necesario para llegar a conocer la voluntad de Dios.

4. Dios coloca sobre los padres algunas importantes responsabilidades a lo largo de esta línea. Al hablarle a los padres de Israel, dijo:

 

"Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas" (Deut. 6:4-9).

 

Los padres hoy día tienen una gran responsabilidad reposando sobre sus hombros. Son responsables por enseñarle a los hijos la honestidad, la pureza, la dedicación, y la fidelidad. Son responsables por guiar a los hijos en la pureza sexual. No podemos dejarle esto a la iglesia o a las escuelas. Muchos padres han abandonado su creencia sagrada. Debemos restaurar en los padres su lealtad a Dios y a sus hijos. ¡Cuan poderoso es llamar a los padres para que impartan conocimiento espiritual a los hijos!

Ciertamente, el conocimiento viene únicamente a través del proceso del aprendizaje. Esto es proyectado por nosotros en cuanto a lo mucho que aprendamos y sepamos.

 

III. Algunas Cosas Que Debemos Saber

1. Debemos conocer a Dios. En efecto, aquellos que no conocen a Dios están en el grupo de aquellos que serán desterrados de la presencia de Dios y de la gloria de su poder (2 Tesal. 1:7-9). La intención de Pablo en su presentación lógica en el aréopago fue la de producir precisamente el conocimiento de Dios para que muchos pudieran "buscar a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros" (Hch. 17:22-30). Es la falta de conocimiento de Dios la que produce la mayor parte de inmoralidad en el mundo. Pablo dice que no estamos para vivir en "pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios" (1 Tesal. 4:5). No solo podemos conocer a Dios a través de su revelación de si mismo en su palabra. Ciertamente, en la naturaleza podemos saber que hay un ser supremo, pero no podemos saber quien es él o cuales son sus características. Solamente por la revelación divina podemos conocer a Dios y esa revelación es la Biblia (1 Cor. 2:9-13). Para conocer a Dios, debemos estudiar su palabra. La prueba de nuestro conocimiento de Dios es visto cuando guardamos sus mandamientos. "Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él" (1 Juan 2:3-5).

2. Debemos conocer a Jesús. El deseo de Pablo era conocerle (a Jesús) y el poder de su resurrección (Filip. 3:10). Juan escribió, "Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre" (Juan 20:30-31). De esta manera, llegamos a conocer a Jesús exactamente como llegamos a conocer a Dios — a través de la revelación que es dada a nosotros en la Biblia. Es solo por el conocimiento de Jesús que podemos tener la salvación que es hecha posible por su muerte, sepultura y resurrección. Pablo nos dice del evangelio que predicaba "por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras" (1 Cor. 15:1-4). Debemos saber que Jesús nació de una virgen (Luc. 1:26-38), que hizo maravillas y señales entre el pueblo (Juan 20:30-31), que murió por mi, que fue resucitado para mi justificación (Rom. 4:25), que ascendió a los Cielos para sentarse a la diestra de Dios donde reina sobre su reino (Efe. 1:19-23; 1 Cor. 15:24-26) y siempre vive para hacer reconciliación por los pecados de su pueblo (Heb. 7:25). Cuando llegue a conocerle, solo le amaré y le serviré como el Rey de reyes y el Señor de señores (Apoc. 19:16).

3. Debemos conocer la verdad. Unicamente por nuestro conocimiento de la verdad podemos ser hechos libres del pecado (Juan 8:32). La razón por la que el "hombre de pecado" pudiera engañar a tantas personas es porque ellos "no recibieron el amor de la verdad para ser salvos" (2 Tesal. 2:10). La razón por la que muchos "se alejan y no perseveran en la doctrina de Cristo" (2 Juan 9) es porque a menudo ellos no conocen la verdad. Si amo la verdad, diligentemente la buscaré para conocerla de manera que pueda vivir por ella.

El escritor del majestuoso Salmo 119 es un ejemplo dinámico para nosotros del amor por la verdad de la palabra de Dios. Mientras él usa el alfabeto Hebreo para marcar cada sección, prácticamente en cada versículo usa un término que se refiere a la ley de Dios. Observe:

 

v.11: En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.

v.14: Me he gozado en el camino de tus testimonios más que de toda riqueza.

v.16: Me regocijaré en tus estatutos; no me olvidaré de tus palabras.

v.24: Pues tus testimonios son mis delicias y mis consejeros.

v.47: Y me regocijaré en tus mandamientos, los cuales he amado.

v.72: Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata.

v.97: ¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.

v.105: Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.

v.140: Sumamente pura es tu palabra, y la ama tu siervo.

 

Nuestra necesidad es la de desarrollar esta misma clase de amor por la verdad. Entonces busquémosla diligentemente.

4. Debemos conocer la verdad acerca de nuestra salvación. En lenguaje muy simple Jesús nos expone su plan de salvación en pasajes tales como Mat. 28:18-20; Marc. 16:15-16, y Lucas 24:47. Tendremos poco problema en entenderlos. Es trágico que estos demagogos de la teología religiosa hayan proyectado caminos de salvación que no están en el libro de Dios y engañan los corazones de los simples con tales enseñanzas como la "fe sola," "dale tu corazón a Dios mientras oramos," etc. Jesús enseña que debemos oír el evangelio, creerlo, arrepentirnos, y ser bautizados para ser salvos o recibir el perdón de los pecados. No sólo él expuso esto muy claramente, sino que lo vemos firmemente en acción en el libro de los Hechos. En el segundo capítulo Pedro dice a sus inquiridores oyentes "arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros... para perdón de los pecados" (v.38). En cada caso de conversión vemos el mismo plan en operación. Ahora, yo debo conocer esta verdad para ser salvo. No puedo ser Bíblicamente bautizado sin conocer el propósito de ese bautismo (Col. 2:12). Sabiendo y obedeciendo su verdad me hará libre del pecado.

5. Debemos saber como vivir. El propósito de la revelación divina es enseñarnos como vivir nuestras vidas en este mundo. Pablo le escribió a Timoteo para que los hombres pudieran saber como "conducirse en la casa de Dios" (1 Tim. 3:14-15). El mensaje del Señor nos enseña a "vivir sobria, justa y piadosamente en este siglo" (Tito. 2:11-12). Y "como extranjeros y peregrinos, a que nos abstengamos de los deseos carnales que batallan contra el alma" (1 Ped. 2:11-12). El carácter de Dios y de Jesús esta revelado en la Biblia. Mi meta es llegar a ser como Dios es. Por tanto, debo conocer como vivir y puedo hacer eso solamente mientras conozca su verdad.

6. Debemos conocer las promesas de Dios. Vivimos en un mundo donde hay tentación, desánimo, y numerosos obstáculos para el vivir piadoso. Necesitamos motivaciones para guardarnos en vivir como Dios desea. Algunas de las mas grandes motivaciones son las "preciosas y grandísimas promesas de Dios" (2 Ped. 1:4). Cuando la tentación llegue, cuando el desánimo se coloque pesadamente sobre nosotros, las promesas de Dios nos sostendrán. El ha dicho que nunca nos dejará (Heb. 13:5-6). Ha dicho que "a los que aman a Dios, todas las cosas les ayuda a bien" (Rom. 8:28). Ha dicho que tendremos un nuevo cuerpo glorioso en el Cielo (2 Cor. 5:1-2). Ha prometido la vida eterna (Tito 1:2). Cuando conocemos y creemos estas promesas, tenemos el incentivo para continuar. Tenemos la positiva seguridad de que nuestro trabajo no es en vano en el Señor (1 Cor. 15:58). Aprendamos y descansemos en la promesas de Dios.

 

IV. Nuestro Conocimiento Debe Estar Conectado Con el Hacer.

Nuestra razón para el aprendizaje de las verdades de la Biblia no es de que podamos ser una "enciclopedia ambulante." Aprendemos lo que podemos hacer. Jesús dijo que el hombre que escucha y no hace es semejante al hombre necio que edificó su casa sobre la arena (Mat. 7:24-28). Santiago nos da una descripción gráfica de uno que se mira en un espejo y luego se olvida de lo que vio y compara al oyente olvidadizo con tal necio (Sant. 1:22-25). Debemos ser hacedores de la palabra. Juan nos dice ciertamente cómo llegamos a conocer a Dios. Dice, "Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos" (1 Juan 2:3). Continúa diciendo que una persona que declara conocerle y no guarda sus mandamientos es un mentiroso (v.4). Todo nuestro propósito por obtener el conocimiento de Dios es para vivir como El quiere que vivamos (1 Ped. 1:16).

Una vez más miremos al Salmista mientras habla de aplicar la verdad a la vida en el Salmo 119.

 

v.33: Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos, y lo guardaré hasta el fin.

v.34: Dame entendimiento, y guardaré tu ley, y la cumpliré de todo corazón.

v.112: Mi corazón incline a cumplir tus estatutos de continuo, hasta el fin.

 

Como resultado de seguir el camino de Dios podemos decir como dijo el Salmista: "Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo" (v.165). Que podamos llegar a tener la clase de conocimiento en nuestros corazones que nos haga libres y nos guarde en la senda de justicia todos los días de nuestra vida.

Un aporte de Jaime Restrepo

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