IGLESIA DE CRISTO

Bienaventurados los de Limpio Corazón (Nº 3)

Obrando de acuerdo con un plan o grupo de reglas fijadas no hace así mismo al corazón limpio. Las afecciones deben ser cambiadas: apartándonos del mundo y fijándonos en las cosas de arriba. Col. 3:2 dice en esta forma, "Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra." Juan dice que "Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él," 1 Juan 2:15. Uno no puede amar al mundo y amar a Dios al mismo tiempo. Un cambio de las afecciones es necesario si uno está para servir a Dios; el corazón debe ser purificado.

Cuando uno quiere vivir como el mundo vive y anhela las cosas de la carne, es porque su corazón es mundano y carnal. No lo ha cambiado, o si lo ha cambiado, ¡no permaneció cambiado! Como prueba de si uno ha cambiado sus afecciones del mundo a Dios, uno necesita contestar esta pregunta: ¿Qué hay que yo pudiera haber hecho en el pasado, o que pudiera haber querido hacer, que apela a los deseos de la carne y a lo indecente en mí, que es carnal y mundano, sin embargo me refreno ahora porque para implicarme en esto tendría que comprometer mi amor por Dios, ejercitar un corazón impuro y convertirme en un rebelde ante los ojos de Dios? La pregunta no es de que me haya refrenado de hacerlo porque no tuve la oportunidad o el dinero, o de que no quise llevar sobre mi mismo el desprecio de una honorable sociedad y llevar el estigma de una mala reputación, sino de que me refrene de hacerlo porque es incorrecto y le agradaría a Dios. Una respuesta honesta a la pregunta muy ampliamente determinará si he cambiado mi corazón.

Observemos esto desde un lado positivo. ¿Qué estamos haciendo ahora, a pesar de lo que Dios dice, que nos agrada y el mundo, que apela a la predisposición de la carne, que es lascivo, sensual, lujurioso, que es exactamente lo que queremos hacer porque queremos hacerlo, indiferentes de lo que Dios dice acerca de esto? ¿Qué es lo que estamos haciendo que pudiera ser correcto dentro sí mismo pero interfiere con nuestro servicio a Dios e impide nuestro cumplimiento de las obligaciones como Cristianos? Si hay tales cosas siendo hechas por nosotros, entonces esa es la evidencia de que tenemos un corazón viejo, carnal e impuro. Una respuesta a estas preguntas determinará la condición de nuestros corazones. Eso que purifica el corazón destruye el amor al pecado y establece en nuestros corazones un amor por Dios el cual promoverá los frutos del Espíritu en nuestras vidas.

Sin el nuevo nacimiento, no puede haber entrada al Reino de Dios. Pero sin un cambio de corazón no puede haber nuevo nacimiento, consecuentemente ninguna entrada al Reino. Usted puede juzgar un árbol por los frutos que este lleva. Pareciera que algo se ha ido a través de la forma de la regeneración, pero tenemos el mismo sucio corazón.

Cuando uno sale de la sepultura en el agua, es supuesto que entro a una vida nueva. La inmersión no cambia el corazón o la vida. La fe y el arrepentimiento hacen eso. El bautismo cambia el estado o relación. Cuando la fe es generada, y el arrepentimiento genuino es efectuado, y uno es bautizado en la muerte de Cristo para morir a la culpa del pecado incurrido antes de la obediencia de uno, es resucitado a una vida nueva. Este fue el argumento de Pablo en Romano 6:1-14. En vista de que el viejo hombre fue crucificado y el cuerpo de pecado fue desechado, no podemos permitir que el pecado continúe en nuestros cuerpos, empleando nuestros miembros en la injusticia.

Tito 2:10 nos dice "...mostrándose fieles en todo, para que en todo adornen la doctrina de Dios nuestro Salvador." La palabra "adornar" aquí es de una palabra Griega que significa "decorar, aderezar, ataviar." Tenemos una palabra en Español que se origina en esta palabra Griega. Es la palabra "cosmético." Ahora sabemos para que son usados los cosméticos. No estamos para "adornar" la doctrina de Dios en el sentido de cambiarla, porque no puede ser hecho. Estamos para adornarla en el sentido de permitirle que vista nuestras vidas y por tanto demostrar su noble carácter y de lo que es capaz de hacer por nosotros. ¿Tiene usted su vida adornada de la doctrina de Dios? ¿La tiene "adornada" en el vestido, en el habla, en la conducta, en el pensamiento? La idea de aquellos que reconocen las prácticas lujuriosas y llaman la atención de ellas por medio de oponerse son personas con mentes sucias. La lujuria y la indecencia pueden ganar el aplauso del populacho, pero la actitud de Dios hacia esto es exactamente lo que siempre ha sido.

Las "obras de la carne" mencionadas en Gál. 5:19-21 no pueden ser categorizadas dentro de diferentes grados y clases, las cuales podrían ser practicadas por los Cristianos en algún grado. Será notado que Pablo no dijo que aquellos que hacen "estas" cosas no entraran en el reino, sino aquellos que practican "tales" cosas. Cualquier cosa que caiga dentro de esta clasificación general es llamada "obras de la carne." Nos es dicho en Romanos 12:1-2 - "...no os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento..." Esto es como igual a decir, "Renueve su corazón, cambie su mente de eso que es como el mundo a eso que es acorde a Dios." ¿Hemos hecho eso?

Clamemos con el Salmista: "Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí," Sal. 51:10. Después de describir el fin de todas las cosas, incluyendo la quema de la tierra y las obras que en ella hay, 2 Ped. 3:11 hace una pregunta pertinente: "Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir!" Recuerde, "Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios."

Un aporte de Jaime Restrepo

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