IGLESIA DE CRISTO

". . . A Tu Semejanza"

"En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza" (Sal. 17:15). Cuando David pronunció estas palabras ahí estaban aquellos que le buscaban para devorarlo, "...de los hombres mundanos, cuya porción la tienen en esta vida..." (Sal. 17:13-14). Eran hombres que atesoraban conocimientos y placeres terrenales acerca de todas las otras cosas. Su ambición y aspiraciones eran para sobresalir en poder y fama. Su posición estaba completamente confinada a este mundo y a lo que el había de ofrecerles.

La naturaleza del hombre no ha cambiado a través de los siglos. Muchos, aún de entre aquellos que declaran ser religiosos, aún están buscando poder (político, judicial y eclesiástico), junto con los placeres y la fama del mundo. Son enemigos de todo lo que es bueno y puro. "Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aún ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal" (Filip. 3:18-19).

En contraste a aquellos que buscaban destruir a David dijo, "En cuanto a mi, veré tu rostro en justicia" (Sal. 17:15). Su "delicia está en la ley de Jehová" (Sal. 1:2). Dijo, "En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti" (Sal. 119:11). Estas cosas son características de los siervos fieles de Dios hoy. Debemos vivir una vida justa para ser aceptables ante Dios. De la manera en que estudiemos lo revelado por Dios "veremos su rostro en justicia" (Sal. 17:15).

Estas cosas terrenales y materiales no satisfacían a David, y tampoco satisfacen a los siervos fieles de Dios hoy día. El dijo: "Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza" (Sal. 17:15). Nadie sino Dios puede suplir y recompensar el deseo del espíritu inmortal del hombre. Entre tanto que el hombre pueda venir a ser como El por medio de la lectura y meditación continua de Su palabra, el tal debe practicar la justicia en la existencia de todos sus días. Y como es sugerido por el apóstol Pablo, "Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor" (2 Cor. 3:18). David quizás, estaba mirando más allá del velo del tormento al tiempo de la redención. Esto debería ser nuestra meta hoy. "Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en la cosas de arriba, no en las de la tierra" (Col. 3:1-2). Los Cristianos no deberían venir a estar tan apegados a este mundo por siempre. Debemos reconocer el hecho de que este mundo no es nuestro hogar. Nuestra actitud debería ser como la de Abraham y Sara del mismo modo en que ellos viajaban en la "tierra de la promesa," porque ellos ". . . confesaron que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra" (Heb. 11:13). Los placeres y regocijos y nuestras posesiones en esta tierra son pasajeras, por lo que nosotros con el apóstol Pablo podemos decir, "No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas" (2 Cor. 4:18).

Deberíamos continuar por el tiempo cuando "despertemos" con la "semejanza" de Dios y Su Hijo Jesucristo, "el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que seamos semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas" (Filip. 3:21). "Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando El se manifieste, seremos semejantes a El, porque lo veremos tal como El es" (1 Juan 3:2). Querido amigo, ¿cuál es su meta en su vida religiosa? ¿Puede usted confiadamente decir, "Estaré satisfecho (únicamente) cuando despierte a tu semejanza"?

Un aporte de Jaime Restrepo

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