Al cabalgar antes del tiempo sobre la colina,
ves sobre ti abrirse el mar,
y encima de éste, flotando, Myddar.
¿Qué es esto? ¡Si no tiene nicotina!
Sus ríos de plata rugen aún más que las olas;
escuchas su luz sin oírla,
y en el resplandor, Myddar se halla escrita.
¡Pero si la mezclé! No la bebí sola.
Sus torres se clavan en el viejo y hondo cielo,
y aún puedes palpar su frío cieno,
y al escarbar éste, encuentras Myddar.
No creí que fuera tan fuerte, sólo probar...
Sus nubes se agolpan en la entrada de puertas abiertas,
y has de respirar su ozono,
y en tu alma se forma un cáncer llamado Myddar.
Ya quiero salir, ¿cuánto más dura?
Su luz te penetra, su grito te llama al fin,
y ella será tu carne y tu sangre,
y con tu último suspiro, Myddar te poseerá.
Hielo, y ése era el ritual... seiscientas veintitres estrellas, y sólo tres brillan en la oscuridad más profunda que cualquier dios pueda imaginar en la espesura de su neblinosa conciencia; sí, veinticinco, sólo veinticinco segundos son necesarios para observar el salto en su totalidad: primero los pies, luego... Luego se despertó, vió el amanecer y lloró, y así eran todos los cuentos que me contaron, todos grises, azules, teñidos en blanco, y la nieve sobre los tejados ponía en peligro la vida de los que abajo se encontraban; los de arriba, y los de abajo... ¿abajo de qué? Ya iba a terminar el programa de concursos, sólo dos más y ganaría, como sonríe el incienso cuando lo quema un monje budista ebrio... ¡Aarrrghhh!, el grito de Tarzán cuando Chita le brinca encima y lo llena de pelos, aunque a decir verdad, ya se había cansado de su bigote cuando ella decidió cortárselo junto con el resto de la cara... La invocación de todos los sacerdotes adoradores del cocuyo:
Cientos, no, miles de agujas, hojillas, de cortaplumas, de lenguas agudas aran en mi pellejo, y siembran su semilla de realidad, y el dolor siempre tiene la misma intensidad, siempre la misma forma, con un horrible tedio, tan horrible que siempre me obliga a hacer lo mismo... abro los ojos busco mi cartera, saco mi identificación, miro mi nombre: Pedro Midar...
1986
