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Educación y responsabilidad social: la contribución del escultismo católico

Baldur Hermans

 

No sé qué pasos siguen ustedes a la hora de preparar un discurso, una presentación oral de relevancia o la introducción de una conferencia. Por lo que a mí respecta, otorgo una gran importancia a la fase preparatoria, en la que me dedico a reflexionar sin anotar ni leer una sola palabra. Después, cuando el tiempo ya se me echa encima y no tengo más remedio que ponerme manos a la obra, pongo por escrito algunas ideas. El siguiente paso consiste en acudir a la biblioteca, donde me enfrento de nuevo a los mismos dilemas de siempre: ¿Qué es lo más importante? ¿Qué autores hay al respecto? ¿A quién debo citar para no dar la impresión de saber más y mejor que el resto de los mortales? 

Me vinieron a las manos docenas de libros: clásicos de la literatura sobre escultismo, biografías, obras de sociología cristiana, los documentos sobre el concilio vaticano II, las encíclicas sociales de los papas Pablo VI y Juan Pablo II... Tras ojearlos y extraer de ellos algunas reflexiones, me quedé un tanto apabullado ante la ingente cantidad de obras de primer orden que permitirían escribir un nuevo libro. En todo momento quise evitar tal tentación. 

Espero ser capaz de poderme bastar con mis propias experiencias y vivencias personales a la hora de redactar una introducción y un texto de partida para nuestro tema de trabajo, "La educación y la responsabilidad social: la contribución del escultismo católico". Permítanme ante todo plantearles una simple reflexión, tal vez un tanto irrespetuosa, pero que sin duda dará qué pensar: ¿No es cierto que en los últimos tiempos se han escuchado (con merecido detenimiento) demasiados buenos propósitos, y que nosotros mismos hemos formulado nobles llamamientos que, por desgracia, apenas han incidido en la metodología de trabajo en el seno de nuestras asociaciones. Así pues, evitaré hablar como si nos encontrásemos ante un informe que hubiera de ser aprobado por alguna autoridad eclesiástica de Roma. 

  1. El escultismo: un movimiento educativo para y con los jóvenes

    ¿Qué se pude decir hoy al respecto?

    La Conferencia Mundial del Escultismo que tendrá lugar aquí, en Durban, una vez acabe esta Conferencia Católica, tiene por objeto, entre otras cosas, establecer las bases de un Mission Statement de cara al tercer milenio, de forma que todos los responsables del movimiento en cada uno de los continentes tomen consciencia de que el escultismo debe partir o, mejor aún, ir al encuentro de las realidades particulares en que viven los jóvenes para, de ese modo, serles de utilidad en el desarrollo de sus competencias individuales y sociales. No cabe duda de que algo falla cuando la mayoría de las asociaciones scouts tienen manifiestos problemas a la hora de mantener a los jóvenes entre sus filas y acompañarlos durante el período de pubertad. Ante esta situación, uno podría preguntarse si el escultismo ha logrado convertirse, dentro del contexto social y cultural de cada país, en un movimiento educativo con los jóvenes. Que se trata de un movimiento para los jóvenes nunca se ha puesto en duda, pero desde el momento en que pretende ser con los jóvenes se sobreentiende que ellos mismos deben poder implicarse en el análisis y la reflexión sobre su lugar en la vida. Es preciso que se sientan interpelados por el " Look at the boy (girl) ", tanto en lo que se refiere a su bienestar personal como a sus relaciones sociales. Al hacerlo, serán capaces de expresar sin tapujos lo que echan en falta en el escultismo o, por el contrario, lo que más valoran de él. Rochus Spieker, un teólogo alemán que contribuyó de forma decisiva a la consolidación del movimiento en Alemania, afirmó en una ocasión: "El escultismo es, por naturaleza, dinámico. Es un método de conquista del mundo así como de autorrealización, la cual cobra sentido cuando se concibe al servicio de la comunidad". Podríamos encontrar otras muchas expresiones para "conquista del mundo" y "autorrealización". Así, "conquista del mundo" significa también encontrar un lugar en la sociedad, ser consciente de la responsabilidad que se tiene en ella y, por consiguiente, llevar a cabo una vida coherente con los postulados scouts. Asimismo, "autorrealización" (concepto que no hay que confundir con sobrevaloración de uno mismo) significa la propia condición de persona con y para el prójimo. Insistimos una vez más que el escultismo es un movimiento educativo para y con los jóvenes.

  2. La educación scout: una educación integral

    Me temo que las personas ajenas al escultismo católico no acaban de entender el hecho de que este movimiento pretenda integrar la dimensión religiosa del hombre en una concepción integral de la educación. Una incomprensión que, en muchos casos, se debe a la propia vivencia personal de la Iglesia y la práctica religiosa, tradicionalmente alejadas de la realidad más cotidiana. En ese sentido, el mundo profesional, las actividades de ocio, las experiencias culturales y, por tanto, las mismas actividades scouts aparecen ante sus ojos como algo ajeno a la práctica religiosa, en lo que sin duda constituye una acepción bastante limitada de la misma. De hecho, uno tiene la impresión de que la práctica religiosa es como si fuera una estación de servicio donde poder repostar una buena dosis de moral y buenos propósitos para, de ese modo, como por arte de magia, poder proseguir el camino por otros lindes con más o menos garantías. Lo curioso del caso es que nadie se refiere a esta idea al hablar del concepto de "ciudadanía", concepto que ningún sistema educativo, tanto escolar como scout, debería ignorar. No creo que haga falta mencionar a los Padres de la Iglesia o las encíclicas papales más recientes sobre la educación para demostrar que se trata de una imagen totalmente desvirtuada de educación integral. Ciertamente, Baden-Powell no es ningún Padre de la Iglesia, pero no cabe duda de que ejerce una notable autoridad moral en el campo del pensamiento cristiano que no podemos pasar por alto en este caso. En 1940 comentó: "Nosotros (el movimiento scout) pretendemos dotar a nuestras vidas y acciones cotidianas de un contenido cristiano", una idea que expresaría en términos muy similares a lo largo de toda su vida. Evidentemente, nosotros, en tanto que católicos, no podemos remitirnos a Baden-Powell para llenar de contenido nociones tales como educación religiosa, pastoral o evangelización.

    Permítanme referirme a un aspecto concreto que, a buen seguro, nos permitirá aclarar sin lugar a dudas por qué la dimensión religiosa ha de formar parte de la educación integral defendida por el movimiento scout. Es del todo impensable concebir una educación comprometida con los valores y el compromiso social que carezca de una base religiosa. ¿Por qué me tengo que decantar por tal o cual opción? ¿Por qué soy responsable de esto o lo otro? Precisamente, la esencia de nuestra educación se basa en la necesidad de tomar partido y asumir las responsabilidades que este compromiso conlleva. Si nos referimos a la religión, nos estamos refiriendo al cristianismo, a nuestra fe cristiana, que es la que nos remite a Aquél que nos permite dar sentido a esas nociones de compromiso y responsabilidad para con el prójimo: Dios, nuestro Padre, a cuyo Hijo envió entre los hombres y cuyo Espíritu nos ha concedido el don de comprometernos y actuar en consecuencia.

    Para poder hablar de un escultismo entre los cristianos, por los cristianos y para los cristianos, se requiere una estimulación tanto mental como física, una educación musical y artística, conocimientos prácticos, un cultivo del espíritu crítico, un compromiso con la comunidad, la sociedad y el Estado, una adquisición de competencias sociales y espirituales, así como una educación de contenido religioso, que engloba todos los aspectos de la educación gracias a su dimensión integradora. En este sentido, me permito puntualizar que para los cristianos la educación espiritual, tan importante en el movimiento scout, no puede sino inscribirse dentro de una educación religiosa, íntimamente ligada a su vez a la comunidad religiosa. De hecho, es precisamente esta experiencia de la comunidad religiosa la que permite en el movimiento scout dar sentido a esa educación religiosa, pues de lo contrario se convertiría en algo opcional y, por tanto, superficial. No cabe duda de que dotar a la educación integral de este contenido religioso exige de los responsables del movimiento una involucración absoluta. La educación es un ofrecimiento personal que hacemos a los jóvenes, y sólo aquellas personas que estén totalmente convencidas de aquello que sienten podrán convencer a su vez. Sólo así cobran sentido las palabras de Jacques Sevin, cofundador de la CICE, cuando se refería a una "vocación para el escultismo".

  3. La educación scout: orientación hacia la realidad

    Los padres de hoy en día son plenamente conscientes de que no prepararían a sus hijos para el futuro si los educaran en un mundo ideal donde reinara la felicidad, ya que éste no se correspondería en nada con la realidad social. Nadie pondrá en cuestión el enorme poder que ejercen los medios de comunicación en los adolescentes actualmente, algo igualmente válido en otros campos de nuestra sociedad y que no conviene olvidar. Si uno considera el escultismo a escala mundial, es evidente que las circunstancias en que se mueven los chicos y las chicas que integran nuestras asociaciones scouts varían notablemente de un país a otro e, incluso, de una región a otra. Al igual que los medios de comunicación, el contexto social y las condiciones de vida forman parte también de la realidad y, por consiguiente, debemos abordarlas de forma realista. No en vano, no es concebible una educación responsable que no esté orientada hacia la realidad. Si consideramos las tradiciones, los métodos y las posibilidades de enriquecimiento interior que ofrece, el escultismo aparece sin duda alguna como un juego extraordinario que es al mismo tiempo una escuela que, lejos de adoptar un enfoque ideal, prepara para la vida y la realidad más inmediata. Es precisamente ese aquí y ahora el que nos permite, tanto a nosotros como a la misma sociedad, dotar de sentido a esa escuela de la vida. Permítanme que les cite al Padre M. D. Forestier, consejero nacional del movimiento en la Francia de los años cincuenta y gran promotor de la CICE, quien alertó sobre el peligro que representaba relegar el escultismo a un medio burgués en vez de dirigirlo hacia las capas de la sociedad compuestas de gente sencilla y trabajadora. En ese sentido, afirmó: "Si los rutas se acercan a la gente para vivir de cerca la realidad social en la que viven y sacan a partir de ésta unas conclusiones de orden práctico, entonces se trata de un trabajo de formación tan activo como concreto."

  4. La educación scout: orientación hacia la práctica

    Scouting is doing. Este principio fundamental del escultismo, legado de nuestro fundador, se puede decir que forma parte ya de la cultura universal, más allá incluso del propio movimiento scout. Learning by doing, idea sobre la que descansa el proceso formativo de cualquier aprendiz, constituye igualmente la clave sobre la que gira un gran número de cursos y seminarios carísimos dirigidos a directivos de todo tipo. A través de esta frase hemos dado al mundo un principio educativo que con demasiada frecuencia se había pasado por alto. No es necesario que discuta a fondo esta principio con los responsables del trabajo scout, pero de todos modos sí que me gustaría recalcar que esta orientación hacia lo práctico se puede dotar también de contenido social. Para inculcar una actitud marcada por la atención y la responsabilidad para con la sociedad y las clases más desfavorecidas y oprimidas, es imprescindible orientar hacia la práctica las actividades del movimiento scout. Así pues, nuestros proyectos, nuestros compromisos y nuestras acciones no pueden desentenderse de la realidad social. De igual modo que la única manera de fraguar nuestra responsabilidad con las personas discapacitadas es estando con ellas, otro tanto ocurre en el caso de los analfabetos, los enfermos, los pobres o los que pasan hambre. Asimismo, esta implicación activa es la única manera de llevar a cabo con éxito una educación orientada hacia la interculturalidad, la paz, la defensa del medio ambiente…

    Muchos de los ideales en los que baso mi vida se los debo al movimiento scout. Todavía hoy en día me asombro ante la ingente cantidad de personalidades políticas, culturales y científicas de primer orden totalmente comprometidas en labores humanitarias que han fraguado sus principios dentro del movimiento. Pensemos, por ejemplo, en el Abbé Pierre, figura de reconocido prestigio mundial profundamente marcada por el escultismo, y que en su testamento (1994) apeló a profundizar en la "labor universal" del movimiento. O en el conde Folke Bernadotte, representante de las Naciones Unidas y mediador en el conflicto áraboisraelí, asesinado en 1948 en Jerusalén, poco antes de la fundación del estado de Israel. Presidente durante largo tiempo del movimiento scout en Suecia, cristiano practicante y miembro del comité mundial del movimiento, Folke Bernadotte, "el Caballero contra la miseria", tal como lo definiera uno de sus biógrafos por su denodada apuesta por el compromiso social, simboliza la conciliación, la lucha por la paz así como la educación para la paz. Y como ellos, podríamos citar a otras muchas personalidades cuyas vidas y obras ejemplifican una vivencia tan práctica como cristiana del escultismo.

    La exhortación de Baden-Powell de dejar (o, al menos, intentarlo) el mundo un poco mejor que el encontrado ha dotado de sentido a las vidas de muchos que han vivido la experiencia del escultismo. El altruismo y el compromiso existencial constituyen dos rasgos que han presidido las vidas de muchísimos cristianos y fieles de otras confesiones, como Madeleine Delbrêl (1904-1964, trabajadora social francesa del apostolado laico), Médicos Sin Fronteras, profesores, sacerdotes y religiosos, así como gran número de personalidades del mundo político con una enorme conciencia de su responsabilidad social, además de los ya mencionados Abbé Pierre y Folke Bernadotte.

     

  5. Los principios scouts (duty to self, duty to others, duty to God) bajo la concepción cristiana del hombre y la sociedad

    Estos principios de responsabilidad, conceptualizados a partir de las reflexiones y vivencias de Baden-Powell, van más allá de su mero carácter de principios para erigirse en pautas de actuación e indispensables puntos de referencia para la reflexión. Estos principios no son sino una emanación del mandamiento cristiano del amor. Así, dado que el amor al prójimo es inconcebible sin amar a Dios, sin este último dichos principios correrían el riesgo de perder su carácter altruista y punto básico de referencia, de modo que podrían utilizarse para tomar posesión del prójimo o, cuando menos, manipularlo. Por otro lado, el mandamiento de amar al prójimo implica que aquella persona que no se acepte a sí misma no está capacitada para amar a los demás. Dicho con otras palabras, quien carece de la autoestima suficiente no es útil a sus hermanos y hermanas. En definitiva, las palabras Duty to self, duty to others, duty to God encarnan el mandamiento del amor al prójimo de la fe cristiana. Por todo ello, y sin pretender anticipar los principios sociales y éticos de la acción cristiana, podemos afirmar que los principios scouts reflejan la concepción cristiana del hombre y la sociedad. Es a través del prójimo que uno logra conocerse a sí mismo. Nadie puede vivir solo, sino que es gracias a nuestra existencia dentro de una colectividad que nos realizamos como personas, de ahí que todos tengamos la misma dignidad y los mismos derechos existenciales. De todo ello se desprende una imagen de la sociedad en la que cada persona desempeña en ella una serie de responsabilidades. En ese sentido, la acción social permite asumir dichas responsabilidades para con la sociedad al tiempo que se convierte en un deber para con Dios. Me gustaría traer a colación una vez más a Madeleine Debrêl, a quien debemos las siguientes palabras: "En el cristianismo, todos somos miembros de una misma familia y comunidad fraternal. En el fondo, se trata de unirse con Cristo, ¡el único que puede cambiar el mundo!

  6. Consecuencias del compromiso educativo y social del escultismo católico

    Remitámonos al discurso social de la Iglesia, en especial a los documentos del segundo concilio vaticano, que no han sido objeto del estudio que se merecen (Lumen Gentium, sobre la constitución dogmática de la Iglesia; el decreto sobre el apostolado de los laicos y, sobre todo, la constitución pastoral La Iglesia en el mundo de hoy/Gaudium et spes), así como las extraordinarias encíclicas sociales de los papas Pablo VI y Juan Pablo II. Considerando que esta doctrina social exhorta a los cristianos a percibir las necesidades de la realidad social, a encontrar en el orden social del mundo la voluntad de Dios así como a actuar en consonancia con ella y mejorar dicho orden, se desprende entonces una doctrina perfectamente válida para todas las comunidades cristianas, incluidas por tanto las agrupaciones y federaciones scouts católicas. Una doctrina, pues, que nos invita a actuar, con las consecuencias políticas que se puedan derivar de dicha implicación, aunque, claro está, sin tomar nunca partido por un bando u otro político. Y es que todo aquel que se rebele contra la miseria y el sufrimiento debe hacer público su rechazo.

    La miseria y el sufrimiento no existen simplemente para que podamos hacer el bien, sino que debamos combatirlos hasta su total erradicación ya que son contrarios a los designios divinos. No en vano, en el orden previsto por Dios no tienen cabida nociones tales como la pobreza, la injusticia o el sufrimiento. De ahí las palabras del Abbé Pierre: "Por lo que a mí respecta, escribo, hablo e intervengo. Ahora, les pido a todos ustedes que se involucren y participen en esta lucha bienhechora contra la miseria y la injusticia." Una vez más, me tomo la libertad de citarles otro documento del segundo concilio vaticano, en concreto la constitución pastoral Gaudium el spes antes mencionada. En el capítulo 24, leemos: "Desde el momento en que todos los seres humanos poseen un alma espiritual y son hechos a la imagen y semejanza de Dios; desde el momento en que tienen la misma naturaleza y el mismo origen (…), es necesario promover el reconocimiento de la igualdad fundamental de todos los hombres." Y prosigue diciendo: "Y dado que todos tienen la misma dignidad, es preciso que contribuyamos a crear condiciones de vida más humanas y más justas."

    No pequemos de soberbia y pretendamos cargar el mundo sobre nuestros hombros, como hiciera Atlas en la mitología griega. De todos modos, el lugar que haya de ocupar una federación scout en el seno de la sociedad dista mucho de ser una utopía. Podemos unir todos nuestros esfuerzos para ayudar a los discapacitados, a los jóvenes en paro, a los enfermos; podemos realizar una modesta contribución al desarrollo, a mejorar los servicios asistenciales y a trabajar de forma activa en pos de la paz; podemos denunciar públicamente la injusticia, proteger el medio ambiente e intentar restablecer el orden con los humildes recursos de que disponemos. Permítanme remitirme de nuevo a las siempre fecundas palabras del Abbé Pierre: "La tierra no nos pertenece; una verdad fundamental que nos han tenido que recordar los ecologistas." Es ésta una advertencia que nos obliga a reconocer que no hemos logrado asumir con éxito nuestras responsabilidades o, mejor dicho, que no hemos hecho lo suficiente como para tenerlas presentes.

    Tal vez tengan la impresión de que este seminario de la CICE tiene por objeto revolucionar el escultismo quitándole actividades tales como las excursiones por el campo, las canciones, los juegos… En absoluto se trata de eso. De hecho, es preciso mantener todas estas actividades ya que el escultismo debe saber entretener a nuestros chicos y chicas. No olvidemos que el objetivo es llevar a cabo una educación global. Pero, como ya se ha comentado anteriormente, se trata también de dotar a dicha educación de cierto contenido religioso, así como de fomentar el compromiso social y la asunción de toda una serie de responsabilidades para con la sociedad. Valores, estos últimos, imposibles de pasar por alto ya que forman parte de la esencia misma de una educación de contenido religioso: no en vano, es inconcebible hablar de religión cristiana si no hay una consciencia clara de compromiso social hacia los demás. Es precisamente este tipo de iniciativas el que debe fomentar en la medida de lo posible el escultismo católico en el seno del movimiento scout a nivel mundial. En realidad, esto se lleva haciendo desde hace mucho tiempo, pero no nos podemos confiar y caer en la tentación de quedarnos de brazos cruzados en un momento en el que todavía queda tanto camino por recorrer y tantos aspectos por mejorar. Es evidente que los países ricos y pobres tienen que hacer frente a unos problemas y unos retos muy diferentes entre sí. Pero de lo que tampoco cabe duda es que, desde la óptica cristiana, el ser humano, en tanto que individuo y colectividad, está sujeto en todos ellos a amenazas de muy variada índole. Es responsabilidad nuestra saber reconocer el signo de los tiempos, percibir e interpretar la realidad, y actuar en consecuencia.

  7. Principios sociales y éticos, y pautas del escultismo católico. Algunas indicaciones de tipo práctico

Éste sería un buen momento para celebrar un seminario sobre enseñanza cívica cristiana, que a poco serio que fuese debería llevarnos como mínimo unos cuantos días. La experiencia nos ha demostrado que la enseñanza cívica cristiana logra captar la atención de la gente en la medida en que aborda los problemas reales de una sociedad o un país, ya sean sociales, económicos o medioambientales. Dada la imposibilidad de tratar aquí y ahora todos estos temas, les ruego que relacionen con todo lo dicho anteriormente los principios sociales y éticos, así como las pautas en favor de un escultismo católico que se señalarán a continuación, y que lo apliquen a la situación particular de cada uno de ustedes. En este caso, nos vemos obligados a dar simplemente unas cuantas explicaciones e indicaciones.

 

  1. Personalidad

El punto de partida de toda reflexión sobre la enseñanza cívica cristiana es la personalidad del ser humano. ¿Qué queremos afirmar con esto? La simple idea de que pudiera existir en alguna parte un segundo "yo" o réplica de nosotros mismos no deja de parecernos de lo más inquietante, tal como se ha puesto de manifiesto recientemente a raíz del debate planteado por la posibilidad de clonar el ser humano. Ningún ser sobre la tierra alcanza el nivel de complejidad que caracteriza al hombre. Así pues, la personalidad es la puerta de entrada que nos permite abordar la naturaleza social del ser humano.

 

Ahora bien, ¿qué entendemos por personalidad? En primer lugar, que el hombre es capaz de reconocer y amar a su creador, y entender que este último le ha otorgado el privilegio de reinar sobre el resto de seres vivos. La personalidad implica también ser consciente de la propia unicidad de cada persona, derecho que, lejos de ser privativo de una sola, es extensible a todo ser humano. Asimismo, la personalidad incluye también la noción de libertad: sin el libre albedrío personal, no sería posible hablar de responsabilidad moral. En ese sentido, engloba igualmente la noción de responsabilidad, de forma que nadie puede traspasar a otra persona la responsabilidad de uno mismo, sino que cada uno es responsable ante Dios de sus actos así como de las criaturas que este último le ha confiado. Así pues, la personalidad comprende también la noción de consciencia: es precisamente a través de su responsabilidad final ante Dios que el ser humano cobra consciencia de su personalidad. Además de la libertad, la responsabilidad y la consciencia, conceptos que definen al ser humano como individuo, la personalidad incluye una última noción: la necesidad que experimenta el hombre de vivir en comunidad con Dios. En ese sentido, el mantenimiento y la profundización de esta relación con Dios es una misión personal que le ha sido confiada a cada cristiano.

 

  1. Sociabilidad

Esto nos lleva a un segundo concepto, la sociabilidad o, lo que es lo mismo, la naturaleza social del hombre. Este último es responsable del prójimo en la medida en que ambos comparten las mismas características existenciales, pero a un mismo tiempo depende de él en los ámbitos físico, material, intelectual, cultural y social. Debemos en todo momento considerar esta naturaleza social del ser humano como una riqueza: creada a imagen y semejanza de Dios, el objetivo de toda persona es contribuir al desarrollo espiritual de la comunidad. Este nexo de unión, que encarna el poder creador de la dimensión social del hombre, no es más que el amor al prójimo.

 

  1. Solidaridad

Este concepto, básico en la doctrina social del cristianismo, tiene para muchos una connotación más bien negativa al haber sido –y ser todavía- el caballo de batalla de los postulados comunistas. Dado que el ser humano posee una personalidad propia y está íntimamente ligado a la comunidad, la solidaridad aparece como una de las piedras angulares de la sociedad humana. No cabe duda que la relación que existe entre el individuo y la comunidad plantea continuamente tensiones y conflictos. Todo ser humano tiene la obligación moral de hacer cuanto esté en sus manos para contribuir al desarrollo de la dignidad de cada individuo, incluido él mismo, y, por tanto, tiene la responsabilidad de involucrarse en el bien de la comunidad, que bien podría considerarse como un organismo vivo compuesto de innumerables partículas, todas ellas indispensables para su supervivencia. Nos estamos refiriendo a un bien común (bonum comune) del que cada uno de nosotros somos responsables, pero del que curiosamente muy pocos quieren asumir tal responsabilidad. Una comunidad solidaria, lejos de abandonar a su suerte al débil, es consciente de que la riqueza comporta ciertas obligaciones para con la sociedad (de índole educativo, laboral, de capacidades propias) y nos exhorta a reducir, mejor dicho, a eliminar del todo las injusticias de orden social y económico. La pregunta es, ¿cómo llevar a la práctica todos estos buenos propósitos?

 

  1. Subsidiariedad

La enseñanza cívica cristiana pretende mediante este principio que tanto el individuo como las colectividades, de la más pequeña a la más grande, sean conscientes de las carencias sociales y se impliquen allá hasta donde sean capaces de llegar. En definitiva, lo que pretende este principio es evitar que se relegue la responsabilidad a un nivel superior de manera que nos ahorremos el esfuerzo de emplearnos a fondo para actuar allí donde haga falta. Este principio está tan indisolublemente unido a la esencia y la metodología del escultismo que no creo que sea preciso ahondar en él. Por otro lado, la subsidiariedad es un mecanismo que ha demostrado ser muy útil a la hora de denunciar la explotación y manipulación por parte de las jerarquías superiores. No en vano, no es simple casualidad que allí donde no rige este principio los abusos de carácter político estén al orden del día. Es precisamente a través de la subsidiariedad que debemos educar a nuestros jóvenes y enseñarles a asumir responsabilidades. Asimismo, este principio nos permite poner a disposición de la comunidad nuestros talentos y virtudes, al tiempo que se erige como garantía de las tradiciones y la cultura.

 

e)Perseverancia

He aquí un principio, el de la perseverancia, injustamente relegado a un segundo plano hasta hace bien poco. Han sido concretamente los ecologistas los que han recuperado este valor al señalar con gran acierto que muchos de los males que aquejan al medio ambiente hoy en día se deben a haber abordado los objetivos previamente fijados sin la perseverancia, fidelidad y rigor necesarios, algo que por desgracia cada día que pasa no hace sino corroborarse. Por supuesto, esta crítica es perfectamente aplicable a los ámbitos del compromiso social y la educación.

 

La noción de solidaridad a la que antes he hecho referencia no se refiere únicamente a la generación presente, sino que afecta también a las generaciones futuras. No podemos basar nuestra economía a costa de agotar los recursos naturales de nuestros hijos y nietos, ni minando el margen de maniobra de la economía, así como tampoco endeudándonos o destruyendo el medio ambiente. Las generaciones venideras tienen el mismo derecho que nosotros a vivir en un medio ambiente intacto así como a poder aprovecharse de sus recursos. ¿No ha de ser, pues, la solidaridad una de las prioridades dentro del compromiso social del escultismo?

 

Conclusión

 

Queridos amigos, me gustaría concluir mi intervención con la siguiente reflexión. Si conseguimos concretar nuestros objetivos y planes de actuación para el año que viene, estaremos contribuyendo a llevar adelante el Mission Statement del movimiento scout. En mi opinión, no hemos abordado con suficiente detenimiento todos estos aspectos en la carta de la CICE. Si de lo que se trata es de "evangelizar" a través, entre otros, de "programas, actividades y un compromiso para con la sociedad", ciertamente hemos avanzado poco a la hora de lograr una mayor motivación.

 

Por otro lado, estoy convencido de que la mejor contribución que podemos hacer al desarrollo de los jóvenes es asumir como propia una responsabilidad social basada en la ética cristiana de forma que puedan desarrollar sus "fuerzas físicas, intelectuales, sociales y espirituales en tanto que individuos, así como en tanto que ciudadanos responsables y miembros de las comunidades locales, nacionales e internacionales" (Purpose of the Scout Mouvement/Fundamental Principles).

 

Muchas gracias por su atención.

 

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