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El síndrome de Otaku

Búho Terco

 

            Posterior a la caída del muro, el siglo XXI comienza a configurarse generando nuevos padecimientos y nuevos síntomas articulados con una sociedad en la que el fracaso de la transmisión de los ideales que permiten constituir el lazo social golpea a niños y jóvenes de la manera más cruda, provocando en algunos casos el encierro en un mundo virtual deshumanizado y en otros, la adhesión a grupos con ideales más endebles que se constituyen en función de un hobby, un gusto determinado, o en algo que los permita ubicarse dentro de una “clase” particular. 

            Dentro de las nuevas historias urbanas podemos encontrar la de aquel chico que luego de chatear durante horas encuentra a una chica con la que establece un “diálogo” que luego de un tiempo deriva en una cita en la que la preparación del encuentro pasa a ocupar un espacio importante para quien llamaremos “juanqui”. Consigue el departamento de un amigo, compra pizzas en el mejor lugar de la ciudad combinándola con un buen vino espumante… todo está preparado. Luego de esperar un tiempo llega ella, se saludan, se ubican en la mesa y la mirada de la chica se deposita sobre la PC. “¿tenés banda ancha?” pregunta. “Sí” – responde juanqui… Ella se levanta, se conecta y durante horas prosigue chateando, contestando mails mientras juanqui terminaba de comer la pizza y beber el vino. Unas horas después, la chica se levanta de la PC… “me tengo que ir… un gusto che”… se retira sin ni siquiera notar que la posibilidad de encuentro con alguien de carne y hueso ha sido eludida. 

            La proliferación de la imagen y de los fenómenos imaginarios en nuestra cultura, unido a la caída de los ideales reguladores provoca entre otras cuestiones la desorientación respecto del otro, sumiendo a la persona en un mundo imaginario muy particular que un grupo de sociólogos japoneses denominó como “síndrome Otaku”. Pero… ¿qué es un Otaku?... los miembros de este grupo particular se definen como aquellos que gustan de una determinada forma de uso del ocio articulándose sobre las producciones del manga y el animee, como así de otro tipo de producciones de la “cultura Otaku” como los juegos de rol, videojuegos, etc. Dicho grupo cultural en su mayoría está constituido por estudiantes y desempleados que se encuentran en un estado de inaccesibilidad respecto de sus deseos y que han creado una cultura particular que permite establecer un vínculo con otros. El síndrome Otaku se refiere a aquellas personas que participando de esta cultura particular (o no) pasan literalmente su vida frente a su computadora… o se les pasa la vida en ellas; el único pseudolazo que establecen es por medio de la PC, quieren estar solos y no ser molestados en su vinculación imaginaria con los otros. Un Otaku es esta chica que elude el acercamiento con el otro a partir de la banda ancha, el chico que en la casa todo el día está conectado a internet o jugando sin tener amigos de carne y hueso, pero también existen Otakus adultos que en su trabajo o en su casa no puede dejar de evadirse del lazo social con los que trabajan que son gente de carne y hueso conectándose en internet para participar en listas, foros, acciones internéticas y demás cuestiones que son dehumanizantes en tanto y en cuando eluden el acercamiento al otro real, insertándose en un mundo imaginario en el que se sueña héroe de la propia novela que se inventa… para la red son solo palabras escritas… nada más… palabras vacías que eluden su encuentro real con el otro real, su acción real con el otro real, y que denuncia uno de los nuevos síntomas de la sociedad hipermoderna. 

            Comienzan a escucharse las distintas acciones que los padres intentan para evitar la sobredosis de PC, a veces preocupados pero no ocupados en ello evalúan que lo mejor es sabotear el disco duro, cortar la luz, poner clave a la PC o cualquier otro tipo de maniobra que podría frenar este exceso particular de los jóvenes Otakus. Pero esto no los detiene ya que al retirarse del hogar quizás más temprano que de costumbre no se dirigen a charlar en la esquina o a jugar un picado con los amigos de carne y hueso… se dirigen al ciber para conectarse virtualmente, aislarse de nuevo, a que nadie los moleste… porque la presencia del otro es molesta más cuando se tienen dificultades para establecer un verdadero lazo Social. 

            Nuestra sociedad actual nos provee de nuevos padecimientos y nuevos síntomas ligados muchas veces a las más variadas formas del consumo y producción de goces singulares que brindan una cobertura imaginaria insuficiente para el vacío, ya que las mismas no se articulan con un Otro formador del Ideal como regulador del lazo social; y la posibilidad de ser sujeto no es sin un pasaje por el Otro por ello la importancia de los grupos articulados a un Ideal  como puede ser la propuesta del movimiento Scout. Ahora… el riesgo es que este Otro sea presentado con el mismo exceso que el Otaku, que más que permitir establecer el lazo social y de esta forma que el sujeto hipermoderno se pueda constituir en relación a la regulación, el Otro se presente tan voraz como la pantalla de la PC, con un mandato que no tiene límites y arrastra al sujeto a una especie de fórmula de todo o nada como aquella famosa frase de San Martín que dice “Serás lo que debas ser o no serás nada”, abandonando al universo de la nada a aquellos que no cumplan perfectamente con el ideal planteado; generando supuesto sujetos que dicen Ser lo que Deben ser, primer paso para la constitución de un universo totalitario, enfermo y excluyente. 

            El Movimiento Scout a diferencia de algunos movimientos relacionados a la constitución de los ideales, brindaría una posibilidad No Totalitaria para que niños y jóvenes puedan re-establecer el lazo social y re - situarse en relación a los otros a partir de los distintos elementos que conforman el Método, siempre y cuando los ideales no se conviertan en imperativos categóricos y los niños puedan disfrutar del Gran Juego, sin convertirse en los soldaditos o “cuadros” de los adultos… siempre y cuando no nos extraviemos en otros discursos hipermodernos y sin darnos cuenta dejemos de hacer escultismo…

 

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