Los mitos, creaciones populares en base de esta literatura infantil

Jesualdo

Extraído de "La Literatura infantil", Ed Losada, 1973

 

Si algo caracteriza tan profunda como sustantivamente a esta literatura infantil, es el rasgo mitológico que sirve a la iniciación de su goce estético, que se aleja de su órbita de conocimiento en la adolescencia, pero que volverá en la etapa adulta a predominar en lo más íntimo de su experiencia como formas permanentes que le suministran poder. Antes que nada ¿qué sería de nosotros, no ya del niño, se pregunta Ortega y Gasset, qué sería del hombre más sabio de la tierra si de pronto se aventaran de su alma todos los mitos tan eficaces para la acción? “El mito, la noble imagen fantástica, es una función interna sin a cual la vida psíquica se detendría paralítica. Ciertamente que nos proporcionan una adaptación intelectual a la realidad. El mito no encuentra en el mundo externo su objeto adecuado. Pero en cambio suscita en nosotros las corrientes indirectas de los sentimientos que nutren el pulso vital, mantienen a flote nuestro afán de vivir y aumentan la tensión de los más profundos resortes biológicos. El mito es la hormona psíquica” (Ortega y Gasset) 

            Como vimos en capítulos anteriores, el hombre primitivo antes de ninguna civilizaciión, es un imaginario puro, como dice Ribot “La imaginación señala el apogeo de su desarrollo intelectual, no la excede”, y no sólo porque para él los datos de los sentidos y las imágenes superan a sus concepciones racionales, sino además, por la simplicidad del medio que contornea su imaginación. Por esto, porque vive con una imaginación espontánea y libre, y porque el hombre primitivo no tiene ningún conocimiento de la naturaleza y de las leyes que la gobiernan, no vacila en crear, mediante observaciones, mitad suposiciones, las mas aventuradas teorías para explicar el cosmos y sus fenómenos. El mundo no es para él un conjunto de fenómenos sometidos a regla; nada le limita, ninguna cosa le pone traba; ¿qué otra cosa podría surgir de estas creaciones que no fuera el mito? El mito nace así de este trabajo de imaginación pura “entregada a sí misma y no adulterado por la intromisión y la tiranía de los elementos racionales”; es “obra anónima impersonal e inconciente, que en tanto dura su reinado, todo lo sustituye y lo encierra todo: religión, poesía, ciencia, historia, legislación y filosofía” (Ribot), aunque partiendo desde el principio de las sensaciones exteriores. 

            Algo muy parecido pasa con el niño, como vimos. Por eso nuestra antigua división en cuanto a la evolución de su inteligencia en “antes y después o en vías del conocimiento”, nos parecía resumir la vastedad del problema planteado. Porque antes de saber, el niño es como el primitivo: un imaginativo puro y como éste tiene su apogeo experimental en la cúspide imaginativa. El conocimiento y explicación que plantea de las cosas y fenómenos que le rodean, no están sujetos a leyes físicas o biológicas. Sus imágenes superan la realidad que lo contorna y desde luego a toda concepción racional. Cada explicación que pretende sobre las cosas, tiene el carácter de un mito primitivo, como muy bien lo viéramos a través del estadio de su representación del mundo. Quienes bien lo han estudiado nos proporcionan afirmaciones concluyentes partiendo del hecho del propio pensamiento del niño, siempre un producto de las cosas mismas “en la medida que está asimilado a la voz”, como dice Piaget, de las cosas materiales y participa del mundo exterior, no existiendo nunca fronteras muy claras entre el yo y el mundo, base de su realismo, como estudiamos. 

            Es el mito primitivo, de este modo esencia de realidades experientes de una  época de la humanidad en que la cultura no existía y que, sólo y gracias a nuestro mundo sensible, podíamos explicar nuestras reacciones naturales ante los diversos fenómenos que sacudían el alma primitiva, o de otra manera, usando la palabra de Ribot en su síntesis de la teoría antropológica que trata de explicar este fenómeno cultural. “El mito es la objetivación psicológica de todos los fenómenos que les es dado percibir”, es una “humanización de la naturaleza según los procedimientos congénitos de la naturaleza”. Nada hay en los mitos, de acuerdo con esta teoría, que esté fuera de la propia objetividad de la vida, la materia de los mitos, dice por eso el psicólogo francés, la suministra el espectáculo de los fenómenos naturales y comprende todos los acontecimientos humanos; es, en su creación, la imaginación humana. La creación de estos mitos supone dos momentos: primero la animación de todas las cosas, tal como vimos sucede en la vida del niño, y luego la calificación. Si para la primera etapa, el pensamiento por analogía es el que realiza esta función animatriz, es el que crea, psicológicamente hablando, el mito, en el segundo momento, el de la invención novelesca, ya las entidades toman cuerpo, aparecen con una historia en que traducen sus aventuras y transforman en asunto de novel, etapa esta última que los pueblos de imaginación pobre no alcanzan a vivirla. El mito no es, sin embargo, solamente patrimonio de los pueblos antiguos y civilizados. El sigue existiendo en todas las épocas, es la imaginación popular, traducido en leyendas: “La leyenda es al mito lo que la ilusión a la alucinación” 

            Para quienes explican el origen del mito en base a una teoría distinta a la antropológica, la historia de la cultura primitiva ha silenciado, además, un fenómeno muy importante en su creación: la función de los procesos de trabajo y el conjunto de los fenómenos sociales de la colectividad antigua. No sólo es el asombro del hombre ante las fuerzas naturales de la tierra, como se percibe desde las leyendas de los Vedas – de las más antiguas pero que se han repetido igualmente en los demás pueblos de alguna imaginación- , en las que se exalta al fuego, al viento, a la tempestad, y se rinde culto a estas formas sobrehumanas que avasallan al hombre, lo que traducen los mitos. Es indudable que en el desenvolvimiento de este asombro, el trabajo del hombre ya aparece más que como una creación, como una carga. Está presente, antes que nada, en el modo de defenderse y atacar estos elementos naturales, en la lucha. De ahí que esta expresión mitológica sea, en gran parte, transcripciones tan humanas y vivas en las que, por momento parece sentirse “el eco del trabajo realizado para domesticar los animales, el eco de descubrimientos de hierbas medicinales y de la invención de instrumentos de trabajo”, como dice Gorki. Desde la más remota antigüedad los hombres soñaban con la posibilidad de volar por los aires. Las leyendas de Faetón, de Dédalo y de su hijo ICARO, lo mismo que la fábula de  “la alfombra voladora” nos lo testimonian. Soñaban con la posibilidad de moverse rápidamente sobre la tierra (la fábula de las botas de las siete leguas), domesticaron el caballo. El deseo de nadar más rápidamente que la corriente de un río consiguió la invención de los remos y de las velas; el deseo de matar al enemigo y a las bestias feroces desde lejos ha sido la razón del invento de la honda, del arco y de la flecha. Soñaban con la posibilidad de hilar y tejer en una sola noche una enorme cantidad de paño, eso fue lo que dio nacimiento a la rueca, uno de los útiles de trabajo más antiguos, el trabajo primitivo de tejer, y crearon la fábula de Basilisa la prudente. Se puede citar todavía decenas de testimonios sobre el espíritu juicioso de las fábulas y mitos antiguos, decenas de testimonios de la perspicacia del pensamiento imaginado, hipotético, pero ya tecnológico, de los hombres primitivos, que se elevaban a hipótesis que nos son contemporáneas como por ejemplo la utilización de las fuerzas de rotación de la tierra sobre su eje o la destrucción de los hielos polares. Todos los mitos y cuentos de la antigüedad parecen coronarse con el mito de Tántalo: Tántalo está hundido hasta el cuello en el agua, la sed lo atormenta y no puede aplacarla. Es el hombre antiguo en medio de los fenómenos del mundo exterior que no ha aprendido a conocer (M. Gorki). 

            No son pues las fábulas productos del azar, disparatadas interpretaciones de la naturaleza, cada vez que se les interpreta por medio de teorías racionales. Sino que están sostenidas por un “cuidadoso espíritu juicioso”. Ahora bien ¿cuál es en verdad, el exacto sentido que quisieron traducir estos mitos? Quizás su verdadero sentido resida “en la aspiración de los trabajadores de la antigüedad a aliviar su trabajo, a intensificar su productividad, a armarse contra los enemigos cuadrúpedos y bípedos; y también a obrar por conjuraciones, por exorcismos, sobre los elementos de la naturaleza hostiles a los hombres”, como sucede en el caso de las leyendas bélicas. No escapará a nadie la importancia de estos hechos que demuestran, por otra fuerza y en el verbo (una nueva semejanza con el niño que destacamos, en este mismo capítulo), y esa fe se explica por la utilidad evidente y perfectamente real de la palabra que organiza las relaciones sociales y los procesos de trabajo de los hombres. ¿No era tener, acaso, demasiada confianza en la palabra, el hecho de que se esforzaran por obrar contra los dioses por medio de sus exorcismos?. No olvidemos que la génesis de los mitos, por mucho tiempo, fue explicada mediante la teoría filosófica de Max Muller. Los mitos provendrían para éste de una “enfermedad del lenguaje”; las palabras se habrían convertido en cosas con atributos y leyendas propias... pero es bien natural que esto sucediera porque, como afirma Gorki, los dioses de la antigüedad vivían en la tierra, eran semejantes a los hombres y se conducían como ellos: benévolos con los sumisos, hostiles con los desobedientes. Como los hombres, los dioses también eran orgullosos, envidiosos, vengativos... es permitido pensar que lo que sirvió de materia prima a la fabricación de los dioses fue la “aristocracia” de la antigüedad, Hércules, “héroe del trabajo”, “Maestro de todas las artes”, finalmente, fue elevado al rango de Dios y tomó su sitio entre ellos en el Olimpo “Dios en el pensamiento de los hombres primitivos no era así una concepción abstracta, un amo fantástico, sino un personaje perfectamente real, armado de tal o cual instrumento de trabajo; Dios era maestro en tal o cual oficio, era el maestro y colaborador de los hombres” (Gorki). 

            ¿Qué carácter debían tener, entonces, estos mitos, aceptando que procedieran de tal origen?. No otro que un carácter realista. Y eso se comprueba fácilmente analizando la imaginación de las antiguas leyendas y mitos, porque en ellos siempre encontramos como una especie de deseo de los hombres de aliviar sus tareas, como acabamos de decir. Y ese deseo no iba a ser, como es de suponerse, a causa de un trabajo imaginario, sino del trabajo físico que debían realizar. Resumiendo; los mitos son producto de sana y sabia creación popular. Sintetizan la experiencia en el trabajo de las sociedades primitivas, o traducen su incomprensión o su terror frente a las causas físicas que les eran desconocidas. Tienen un sentido de universalidad en su anonimato y su carácter realista en su concepción, y, finalmente, son útiles a nuestra función interna psíquica, porque obran como reactivos para aumentar la tensión de nuestros mas profundos resortes; obran como hormonas psíquicas, según el preciso término de Ortega y Gasset.

 

Volver

Hosted by www.Geocities.ws

1