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Hacia una Pedagogía Scout de los Valores Lic. Horacio Wild |
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El presente texto es una continuación de textos anteriores; en lo particular creo importante releerlos para poder ubicarlo dentro de una serie. En la misma podríamos señalar los siguientes puntos:
En “Volver
a BP”
se planteaba el cómo los niños, más allá de las especulaciones de los
adultos ordenan su
juego a partir de la fantasía
. A la vez se indicaba el cómo algunas teorías educativas, basadas en
fantasías adultas de cómo sería la infancia y cómo les gustaría que
funcionen los grupos, influyen y orientan la labor pedagógica de
programas educativos. Si se establece que la experiencia educativa es la
de la racionalidad de la máquina, queda por fuera la experiencia del
mundo de la fantasía; de ésta forma re-ubicaríamos a la educación en
los Valores ( y al escultismo ) más cerca del arte y la poesía dada su
vinculación con el Ser:
éste se constituye por el proceso de identificación
a
los Valores que el movimiento propone (de allí la formulación de la
Ley Scout tiene la siguiente constitución gramatical: “El scout es...”).
Definimos también a la experiencia mística como “aquellas
experiencias simbólicas, indecibles, que permiten que la individualidad
se subsuma en una vivencia de Unidad con Dios o
con los Ideales que sustentan el Ser; que sumergen a la persona en
un “alto voltaje” produciendo un crecimiento por Identificación
al amparo de los Ideales”,
trazando un estrecho puente entre el proceso identificatorio y las
experiencias que surgen del mismo.
En “Las
organizaciones... ¿inteligentes?”
se retoma a partir del “argumento de la habitación china” de Searle
la cuestión de la subjetividad, en oposición con la “conciencia
objetiva” proveniente de la racionalidad de la máquina. Las acciones no
son condición necesaria y suficiente para decir que los niños y jóvenes
han logrado una relación de “SER” respecto de los ideales, meta de
nuestra tarea educativa.
En “Pedagogía
Nueva y Renovación Pedagógica. Una lectura crítica”
se pone en cuestión la influencia de la “Escuela Nueva” en la
conformación del programa educativo de Scouts de Argentina, la relación
de dicha corriente con cuestiones ideológicas y los problemas que la
aplicación de la misma ha generado en la Educación, especialmente en los
sectores más desfavorecidos.
En “El
vuelo de la paloma”
se hace una revisión de algunas teorías o metáforas de los grupos,
ubicando la posibilidad de entender los fenómenos grupales desde
distintos marcos teóricos, pero afirmando que lo que permite el
desarrollo de los grupos tiene que ver con distintos fantasmas (fantasías)
que sostienen la posibilidad de que un grupo exista y produzca. De hecho
definíamos como Primer Organizador grupal a la “resonancia fantasmática”
(fantasía común), como Segundo Organizador Grupal a la Imago del Jefe; y
como Tercer organizador Grupal a distintos elementos que van desde el
relato, el ejemplo adulto, los banderines, etc.
Cabe destacar que no están puestas en duda
las acciones concretas (compromiso personal, ciudadano, etc) que deben
desprenderse de la asunción y vivencia de los valores propuestos por el
movimiento. Lo que está puesto en juego es la manera de entender el
proceso de formación de ideales, que desde la perspectiva a tomar en éste
texto, poco tiene que ver con la fragmentación
de “objetivos” a cumplir que en el Macpro se encuentran desperdigados en
cantidades, llegando a genera confusión tanto en los beneficiarios como
en los adultos que deben llevar adelante la propuesta del Programa,
insertando muchas veces una especie de “pensamiento mágico” basado en
que “si hago estas actividades obtengo estos saberes”. Esta
perspectiva no es incorrecta desde el punto de vista de la adquisición de
conocimientos, pero es dudosa desde el punto de vista de las actitudes (lo
que se denomina saber
ser).
Se trataría, según el criterio que se expresará en éste escrito, de
poder trabajar sobre el núcleo
que permitiría generar los procesos de identificación, y sólo a partir
de allí es posible pensar la diversidad de actitudes; sería algo así
como el punto de capitonado (o nudo del “colchonero”,
que permite que el resto de la costura pueda realizarse dado que a
partir de éste se sostiene el resto) esencial para que las acciones no
sean momentáneas sino duraderas. Sobre
el proceso de formación de los Ideales: La
formación de los ideales en el ser humano es un proceso que comienza
desde el nacimiento y culmina hacia el final de la juventud. Dentro de
este proceso, y hasta los 8 años de edad (aproximadamente) tiene vital
importancia todo lo que los niños vivencian y reciben en su hogar. A
partir de allí, será el grupo y la presencia de adultos extrafamiliares
que serán tomados como “modelos”, los que contribuyan a la
complejización creciente del Ideal (lo que el sujeto apunta a ser).
El presente escrito está basado en el cruce
de dos grandes grupos teóricos: La teoría de la inteligencia de Jean
Piaget (constructivismo) y el Psicoanálisis (desde sus diversas
orientaciones o “escuelas”). Dicho cruce fue realizado por el
Psicoanalista Argentino David Maldavsky, y lo que haremos aquí es poner
en juego sus conceptualizaciones, teñidas con aportes de otros autores, y
con la práctica de la
psicoterapia en el campo Grupal. Cabe destacar que es sorprendente el
grado de coincidencias respecto del proceso de construcción de los
Ideales, con la Propuesta que históricamente ha realizado el movimiento
scout, y que corre el riesgo de diluirse en las teorías educativas de
moda. Estas
serán las dos variables que deberemos tener en cuenta para poder hacer
accesibles los valores al mundo de niños y jóvenes:
Existirá una estrecha relación entre la
Representación grupo (lo que llamábamos “resonancia fantasmática”)
y la presencia del Adulto (que pondrá en juego la Imago del jefe), de
hecho dicha representación – grupo determinará la posición que debe
ocupar el Educador respecto del fenómeno grupal.
Como aclaración, las distintas representaciones-grupo son distintas
complejizaciones en la que se monta una sobre otra a la manera de una
sobreimpresión...
–una manera de entenderlo gráficamente sería pensar una cebolla con
distintas capas- por lo tanto
en mayor o menor medida, mientras se produce el proceso evolutivo casi
siempre se encuentran todas activas siendo una de ellas la que
prepondera sobre las demás. Si bien lo vamos a desarrollar desde
una perspectiva evolutiva, debemos tener en cuenta que en determinados
contextos dicho proceso se encuentra obturado o bloqueado; cambiando la
representación grupo y por lo tanto la posición del adulto. ¿Qué
es el Ideal del Yo? Desde la perspectiva psicoanalítica el Ideal del Yo es un vínculo de SER, aquello a lo que el Sujeto aspira y con lo qué se mide... dicho ideal está en constante tensión ya que orienta las acciones del sujeto. Su conformación esencial se hace en la primera infancia, pero ingresando el niño al proceso de socialización recibirá el aporte de los distintos adultos extrafamiliares, los que servirán para ir dándole forma. Cómo Universal el Ideal del Yo al que aspira el Mov. Scout está expresado en la Ley Scout, por eso la misma asume la forma gramatical de “El Scout es..” de manera general, asumiendo distintas particularidades en la singularidad de las personas. Infancia
Media – Infancia Tardía ( 7-8; 9-10 años) Ideal
del Yo Totémico El
Tótem fue el primer sistema penal en la historia de la humanidad, dado
que del mismo se desprende todo un sistema de prohibiciones. De la misma
manera fue el primer sistema clasificatorio que permitía pensar la
hermandad y el linaje. Decir que en la edad del lobato la conformación
del Ideal se articula en forma totémica es una metáfora que permite
pensar de que forma el tipo de agrupamiento acorde a determinadas características
de la Psicología evolutiva permite a los niños comenzar a incorporar los
valores del movimiento. En
primer lugar el Tótem es una presencia, que de acuerdo a la
vivencia de doble - temporalidad propia de
la edad, dividirá el espacio en dos: Un espacio
“sagrado”, y uno “Profano”, lo que implicará una doble
espacialidad. El espacio que marca el Tótem es el de la
selva, y es a partir de allí que lo que ocurre en el “espacio
profano” adquiere nuevos sentidos. El cuento y el juego, pasan a
ser dos elementos indispensables en la transmisión de los valores. Sobre
el cuento en ésta misma revista hay un excelente artículo de la Lic. Mónica
Sánchez... y sobre el juego habría que pensar el mismo como una
actividad que más allá del “jugar” en sí, provee un argumento
que desde ésta lectura pasa a ser muy importante, ya que en el mismo se proponen
los valores a ser vividos. No
basta tomar un libro de juegos y que los dirigentes digan “hagamos éste”;
es muy importante la creatividad para desarrollar una trama que
permita articular lo Imaginario del juego con lo simbólico de la Ley;
pueden servir muy bien las indicaciones para
el cuento –en el artículo que hacíamos referencia- para el
armado de la historia o motivación –imaginaria- del juego. En caso de
los juegos deportivos, un espacio que se hace indispensable es el “después
de juego” donde se permita
analizar el cómo se juega a partir de los valores propuestos. La presencia
del adulto es la que brinda cohesión al grupo, ya
que su lugar es la de una especie de “garante de la Ley”, por lo que su
palabra, en éste caso, es de gran importancia.
El espacio de la selva es un escenario
particular que tiene sus reglas. Los niños y los adultos
tienen distintos papeles, sostenidos por distintos personajes
que tienen características particulares: los lobatos, las seisenas, los
dirigentes. A su vez las distintas Insignias como el Tótem, los nombres
de la seisena, el uniforme o vestimenta, los progresos, los cubiles, etc... todo aquello que tiene que ver con la escenificación
, va a actuar de soporte simbólico y facilitador del proceso
identificatorio. Todo ello brinda el marco místico (en el sentido que lo
he definido en artículos anteriores, como posibilidad de experiencia
valoral) para que el proceso de desarrollo grupal se ponga
en marcha.
En la selva, los lobatos no se encuentra
solos: Los distintos personajes que encarnan sus dirigentes, actúan como
modelos (mezcla de animal y humano), y son los que les van enseñando las
“pistas” a seguir en ésta etapa que les toca vivir. El tiempo en ésta
edad es circular, a la manera de las estaciones del año, o
del rito religioso (en el rito cristiano todos los años se marcan por
distintos tiempos litúrgicos, éste sería un ejemplo de tiempo
circular); por ello no existen inconvenientes en el escuchar una y otra
vez a lo largo de su paso por
la manada las historias de Mowli, sobre la selva y su Ley. Algunas
apreciaciones respecto al Programa propuesto en SdeA: 1.
Desde ésta perspectiva el Tótem no es accesorio,
sino fundamental en tanto la organización del espacio de la fantasía. 2.
Los “nombres de selva” de los dirigentes, son importantes dado
que en el “espacio sagrado” generado en la manada los distintos
dirigentes encarnan dichos personajes. Obviamente que los niños y niñas
saben que los dirigentes son personas normales con nombre y apellido, pero
esto no justifica la utilización de los nombres “normales”; podría
decirse que son una herramienta importante en la conformación del
“espacio de la selva”. 3.
La ambientación de los lugares de las celebraciones, como la de
los lugares de reunión, pasan a ocupar un lugar importante en la creación
del ambiente propicio para la Pedagogía Scout de los Valores. 4.
En los grupos homogéneos católicos, la Figura de San Francisco de
Asís, presenta una importante riqueza a trabajar ya que es posible
articularla con las distintas situaciones en el “espacio de la selva” Prepubertad
- Pubertad (11 - 12 ; 12 - 14 años) Ideal
del Yo Mítico En
ésta etapa el sujeto se siente inserto en un grupo más amplio que el
anterior, con una concepción mítica. Este grupo más
abarcativo reúne en sí a un conjunto de grupos –patrullas en nuestro
caso- (cada una con su vida propia), que se relacionan entre sí en
un vínculo de camaradería. La figura del héroe o fundador
es la de un líder con rasgos humanos aunque separado del resto de
la comunidad ya no en términos espaciales sino temporales. Se
puede prescindir del vínculo sensorial constituido por el Tótem; la
imagen del héroe mítico sustituye a la percepción del tótem. Aparece
un ritual conmemorativo de la gesta heroica, con lo cual la
comunidad que se ha creado a partir de ella reconoce su
origen y a su fundador. En reemplazo de la doble espacialidad,
aparece una doble temporalidad: la de los
acontecimientos cotidianos y la mítica, en la medida en que se
mantiene su eficacia en el presente (como la frase “Gardel cada día
canta mejor”). La dimensión temporal de la gesta se conjuga con lo que
se conoce con el nombre de “presente épico”, que alude
a un acto que no cesa de ocurrir: ej. la jura de la bandera, la derrota de
los invasores; que al ser repetida en las generaciones sucesivas produce
este vínculo social conocido como camaradería, que incluye la dimensión
laboral, en nuestro caso el proyecto. Esta
temporalidad es la de la inmortalidad, la cual es sostenida por la memoria
(por el espíritu) del pueblo originado gracias al héroe. Las diferencia
entre el ideal del yo y el yo es menos insuperable, porque los requisitos
para acceder a la categoría de héroe implican ya un esfuerzo
personal y un reconocimiento social difícilmente alcanzable. Nos
encontramos ante una increíble coincidencia respecto de la manera que
trabaja una tropa o comunidad y la etapa correspondiente de formación de
ideales. He
aquí algunas puntualizaciones:
Algunas apreciaciones respecto al Programa
propuesto por SdeA: 1)
La
definición del símbolo expresada en la cartilla es la siguiente: “Un
símbolo es una imagen o figura que posee una característica que le
permite representar una realidad o un concepto. De ahí que en todo símbolo
hay un significante y un significado.”
Observamos una reducción del símbolo al Signo y esto no es sin
consecuencias en el resto del desarrollo de la cartilla, dado que al
reducirlo a un significante en relación estrecha con un significado, se
pierde la riqueza simbólica señalada en otros textos como “Volver
a BP”, en la que se
diferencia el signo del símbolo porque este último designa “la cosa”
por exceso (lo que es
lo mismo que decir que un símbolo tiene múltiples significaciones).
Parece tonto, pero esto marcará una diferencia importante a la hora de
pensar la riqueza de la vivencia
personal respecto de lo
simbólico en las distintas ramas o secciones. De allí en más la cascada
conceptual que genera la
estrechez de dicha lectura: falta de ambigüedad en lo simbólico,
significante en relación con las necesidades de la edad, etc. 2)
Llama la atención la poca importancia que se le brinda a la figura
de BP, creador del movimiento y de la comunidad que formamos parte, haciéndose
más hincapié en la figura de distintos “exploradores”. Desde la
perspectiva de éste trabajo, podría pensarse que la cuestión es al revés...
a partir de la figura de BP y del mito original fundador del Movimiento
Scout es que se pueden incorporar otras figuras de exploradores, en lo
posible del propio país a los efectos de no generar un descentramiento
cultural. 3)
Si
bien es cierto que no hay un momento específico para formular la Promesa
Scout, desde la perspectiva de la Pedagogía Scout de los Valores, la
Promesa Scout es la que crea el vínculo con la comunidad, vínculo de
camaradería que liga a una persona con una comunidad determinada.
4)
En
el caso de los grupos homogéneos católicos, la figura de “San Jorge”
y los ideales de la caballería, también son elementos a tener muy en
cuenta en cuanto al ofrecimiento
respecto de los valores a identificarse. La gesta del Héroe revela el
“presente épico” y los valores expresados por la caballería que no
pierden vigencia y que se ajustan perfectamente a la fantasía
organizadora del juego en ésta edad. Adolescencia
(15 - 17 Años) Ideal
del Yo Religioso – Ideal del Yo de las Cosmovisiones
La
representación grupo de ésta etapa (con dos momentos diferenciados) es
la de la comunidad. En
un primer momento
(Ideal del Yo religioso) la representación grupo se centra ante
una Divinidad de carácter abstracto. la temporalidad de la
Divinidad es la de lo eterno, y la espacialidad la de lo infinito. El
grupo engendrado por ella reúne en su interior a todos los seres humanos,
aunque el término no abarca a ciertos grupos despojados de éste carácter
por “ser distintos”. Lo común a éstos grupos es la falta de
fidelidad, aunque entre ellos puedan ser rescatados para la comunidad y
otros quedar condenados como “irredentos”. Dentro de la témporo
- espacialidad terrena, contrapuesta a la divina, aparecen
dos rasgos: el carácter mortal y la limitación espacial. Una
combinación con el pensar mítico permite distribuir la tierra en
santuarios, lugares sagrados, a los que los fieles dirigen sus pasos con
el fin de expresar su devoción religiosa.
El
segundo momento
(Ideal del Yo de las cosmovisiones), si la Divinidad es compleja y
elaborada, no difiere mucho del anterior. La representación grupo a
partir de la cosmovisión es la humanidad en su universalidad.
Tal vez la diferencia respecto del momento anterior consiste en que la
cosmovisión introduce la posibilidad del conflicto, de la lucha
en el seno de la sociedad, aunque dicho conflicto se resuelva teleológicamente,
con el avizoramiento de una futura reunión de los contrarios. A
diferencia de la eternidad de una divinidad, surge la
intemporalildad y la espacialidad de una idea, inclusive de aquella que se
presenta en términos dialécticos.
Uno de los primeros aspectos, y quizás el más importante, es
poder poner en juego el sentido de la comunidad con la
perspectiva de la cosmovisión. Podríamos decir que en ésta
edad los jóvenes se agrupan en comunidad aunado en una visión del mundo
no-fragmentada, visto como una totalidad. Dentro de ésta
totalidad se constituyen grupos a los que deben “salvarse” dado que
están por fuera de dicha visión del mundo pero existe la posibilidad de
sumarlos, en éste sentido el viejo lema del raiderismo era muy adecuado a
las características de la representación-grupo que prepondera en ésta
edad.
El grupo se articulará a partir de tres grandes preguntas (cuestión
que abordaremos en un próximo trabajo) que orientarán la tarea, y cuyo
nombre técnico es el de “iniciadores de la adolescencia”; dicho
nombre indica algo que inicia un proceso (no porque antes no haya
existido) que en épocas anteriores tenían que ver con los Rituales de
Pasaje, y que ayudan a ubicar al joven en tres ejes fundamentales: El
Iniciador laboral (que en ésta etapa asume la forma del proyecto), El
iniciador de la sexualidad (que en ésta etapa tiene que ver con la asunción
del género, sea masculino o femenino, y de las insignias o emblemas del
mismo), y el Iniciador de la muerte (que es el iniciador que hace
referencia a cualquier tipo de pérdidas).
Al articularse en torno a una Cosmovisión tiene
vital importancia el trabajo con la cultura de aquellas personalidades o
grupos humanos que se eligen como sustento identificatorio, como por
ejemplo en el nombre de los equipos. Si son aborígenes se debe tener muy
en cuenta que dichas culturas tienen en sí una “cosmovisión”
integradora y totalizadora del mundo, y que según se podrá leer en otro
texto que se encuentra en éste número de la revista titulado
“Pensamiento ancestral y trueque” -escrito por Pablo Mayayo- podríamos
trabajar sobre los paradigmas “ecológicos” que se desprenden de las
mismas. En el caso de ser personalidades, y dado que en ésta edad lo
importante es la conformación de la cosmovisión, también debe hacerse
hincapié en el contexto cultural y en la visión del mundo, ya que es
desde allí que se ofrecen los valores a identificarse. Respecto de la Carta de marcha, ella es heredera de la Ley Scout abstracta –en sí no reemplaza la Ley, sino que busca hacerla operativa a los desafíos que les tocan vivir a los caminantes- y desde la perspectiva que tomamos en éste trabajo, la misma debería construirse a partir de tres grandes preguntas: ¿quiénes somos nosotros en éste lugar particular que nos toca vivir? ¿que se espera de un caminante ante ésta realidad concreta? ¿cuáles son las pautas que podemos construir basándonos en la Ley Scout y en la propuesta de los caminantes?; el resultado que obtendríamos sería la adecuación de los valores propuestos en la Ley Scout a las necesidades de los adolescentes en ese barrio o región particular, marcando la forma de ser-en-el-mundo propia del grupo de chicos y chicas.
En el gesto solidario aparece la oportunidad de vivir los
valores concretamente junto con la comunidad mas amplia. Algunas
apreciaciones respecto del Programa de SdeA:
Juventud
(18-21 años) Ideal
del Yo Científico - ético La
representación grupo correspondiente a ésta etapa (Ideal del yo científico
- ético) implica el considerar a la humanidad en términos fragmentarios,
a partir de las determinaciones sociales y económicas, y a partir del
supuesto de que entre sus sectores se desarrollan permanentes conflictos y
transacciones provisorias.
En ésta etapa, el “idealismo adolescente” se va
diluyendo en función de la construcción de los Proyectos de
Vida de cada uno de los muchachos. La Ley asume quizás el carácter
más concreto en cuanto a lo que significa encarnar los ideales éticos a
los que uno se ha comprometido. Una forma de hacer accesibles los valores
de la Ley es la posibilidad de que dicho grupo de edad elabore una
“Carta de la Comunidad Rover”, en la que los muchachos diseñen el
perfil Rover que tendrá notable diferencias con el perfil de la etapa
anterior. Este permitiría que el joven pueda plantearse y descubrir cuáles
son los desafíos concretos que plantean los distintos ámbitos en los que
se desempeña: laboral, familiar, cultural, social, político, etc.; y a
su vez cuáles serían las acciones que se esperan de un Rover inserto en
ese medio específico.
Los
“iniciadores” señalados en la etapa anterior, van adquiriendo su
forma “final” y lo que se podrá observar es cómo gracias a la
fragmentación que posibilita el Ideal, cada joven puede construir su
proyecto personal con determinado sector de la sociedad; el mismo va desde
la elección de su profesión y trabajo, como así respecto del ámbito
concreto de su compromiso. Algunas
apreciaciones respecto del Programa de SdeA:
Bibliografía
de Referencia:
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