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Monte Alvernia (o La Verna)
La Experiencia Alvernia lleva
este nombre por el Monte Alvernia (La Verna).San
Francisco subió al monte de la Verna por primera vez, probablemente, en la
primera mitad de agosto de 1224. La belleza del lugar y algunos signos que
el Señor le manifestó lo animaron a quedarse allí un mes y medio, del 15 de
agosto (la Asunción) y el 29 de septiembre, ayunando en honor del San Miguel
arcángel. A mitad de septiembre, después de la visión de Jesucristo en forma
de serafín, se le quedaron impresas en su cuerpo los signos de la pasión
(estigmas), viviendo desde entonces, hasta su muerte,
crucificado con Cristo.
La
experiencia Alvernia tiene como objetivo principal el reencontrarnos con
Cristo, con su cruz, con la iglesia con nosotros mismos, con nuestros
hermanos representados en nuestros hijos padres hermanos amigos y la
comunidad. Igual que San Francisco aceptemos la cruz de Cristo y la
cargamos
junto con el.
El
nombre del lugar parece que derive de "herna", que significa piedra o lugar
rocoso. Está en la región del Casentino, en el Apenino toscano, al norte de
la provincia de Arezzo, entre los nacimientos del Tíber y el Arno. El monte
es como una isla de rocas cubierta de bosque, que emerge en medio de un
paisaje morfologicamente distinto.
El 8
de mayo de 1213, fiesta de San Miguel Arcángel, uno de los patronos de la
caballería, Francisco predicó en Montefeltro (San Leo), donde se celebraba
la investidura de caballero de un hijo del conde del castillo. Entre los
invitados estaba el conde Orlando de Chiusi (Arezzo), quien, después de
platicar largo y tendido con el santo acerca de su vida espiritual, le
propuso: "Tengo en Toscana un monte muy a propósito para la oración, que se
llama La Verna. Está muy apartado y poblado de bosque, muy apropósito para
quien quiera retirarse a hacer penitencia o llevar vida solitaria. Si te
agrada, os lo cedo de buena gana, para el bien de mi alma". "Messer
-respondió el santo- cuando estéis de regreso en vuestra casa os enviaré a
algunos de mis compañeros, para que le mostréis el monte. Si ellos los
consideran apropiado, lo acepto desde ahora". La donación fue confirmada en
1274 por los hijos del conde, Cungio, Bandino y Guillermino.
El
Santuario
A La
Verna se puede subir desde Chiusi por carretera o mejor a pie, por el
antiguo camino del santuario, a mitad del cual una capillita recuerda el
episodio de los pájaros que salieron a recibir a Francisco. Lo que
encontramos actualmente es, sobre todo, un típico convento de la
Observancia, crecido en diversas fases, según las exigencias de cada época.
Así, junto al convento y a la primitiva iglesia, construida en el 1260 sobre
el primer oratorio y dedicada a Santa María de los Ángeles, se encuentra la
llamada Basílica, una gran iglesia renacimental edificada entre los años
1348 y 1509. Lo más destacado en esta basílica es la colección de
"terracotas" de Andrea della Robbia (1435-1525), su órgano monumental y las
reliquias de San Francisco: un paño de sangre de los estigmas; un trozo de
cuerda; un cuenco, un mantel y un vaso usados por él en casa del conde
Orlando, una disciplina, un bastón con la punta en forma de T; y un cinturón
dorado del citado conde, a las que se ha añadido recientemente la túnica que
el santo llevaba puesta seguramente cuando recibió los estigmas, que se
conservaba hasta ahora en Florencia.
Delante de la Basílica hay una gran explanada y, de frente, una capilla
levantada en recuerdo de la celda "del haya". De allí mismo baja una
escalera hasta el fondo del impresionante precipio, conocido como "Sasso
Spico". A la derecha de la explanada hay un largo corredor, que corresponde
al trayecto que unía el eremitorio de los frailes con la celda de San
Francisco. Cada tarde, a las tres, los frailes de la comunidad y los
peregrinos lo recorren en procesión, hasta el lugar de los estigmas. A mitad
del corredor, una puerta estrecha comunica con una gruta natural, llamada
"lecho de San Francisco", donde el santo estuvo a punto de precipitarse. La
celda de los estigmas y su entorno es ahora una iglesia, precedida de
algunas capillas. En el centro de la iglesia, delante del altar, se venera
en el suelo el lugar exacto donde Francisco tuvo la visión del Serafín. La
fachada detrás del altar está ocupada por una grande y magnífica crucifixión
en terracota de Andrea della Robbia. Desde allí se accede a un mirador
situado, como la iglesia, sobre un alto acantilado, desde el que se domina
un amplio y espectacular panorama.

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Monte Alvernia |